Las penurias del folk

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Crítica

A propósito de Llewyn Davis (2013) de Joel y Ethan Coen

Por Sara Méndez

Las películas de Ethan y Joel Coen son, cuanto menos, curiosas. Supongo que no es de extrañar, teniendo en cuenta el talento de este dúo que no sólo dirige, sino que también escribe y edita cada uno de sus films. A lo largo de los años sus estrafalarias historias se han convertido en obras de culto. Tras grandes éxitos como Fargo (1996), El gran Lebowski (1998) y No es país para viejos (2007), ganadora de cuatro Oscars nada menos, los hermanos Coen nos presentan A propósito de Llewyn Davis, una historia sobre un cantante de folk ambientada en el barrio neoyorkino de Greenwich Village en 1961.

Inspirada en el cantante Dave Van Ronk, A propósito de Llewyn Davis nos descubre la inestable situación de un músico que intenta triunfar como cantante de folk tocando en bares de mala muerte. Una vez más, los Coen retratan a un perdedor, a un hombre agriado por la vida que vive en los sofás de otros y que lucha, sin éxito, por ganarse el pan cada día tocando la guitarra y cantando canciones melancólicas. Con su guitarra y el gato de unos conocidos a cuestas, Llewyn Davis nos muestra las penurias de una vida que parece estar predestinada al fracaso.

Oscar Isaac es el alma del film. El actor de origen guatemalteco, a quien hemos visto en papeles secundarios en Ágora (2009) o Drive (2011), hace un trabajo excepcional dando vida a este personaje errante al que seguimos de Nueva York a Chicago en busca de una oportunidad. Interesados más en el antihéroe que en el héroe, los Coen siempre nos muestran la parte oscura de la vida a través de personajes un tanto extraños, pero con un deje de burla que consigue arrancar alguna que otra carcajada.

La música, bella y nostálgica, se convierte en una parte inseparable del film, ya que se funde con la historia para completarla y definir al protagonista. La actuación de Isaac es impecable y sus dotes musicales, hasta ahora desconocidas, aportan lirismo a la narración y humanizan a su personaje, quien resulta desagradable y egoísta en un mundo donde la simpatía escasea.

La forma en que la historia comienza y finaliza resulta casi idéntica convirtiendo el relato en una metáfora cuyo significado ha generado más de un quebradero de cabeza. Aunque puede que los cineastas sólo traten de bufonearse de nosotros o de su protagonista, cuya vida parece ir irremediablemente en círculo.

Aparte de las excelentes actuaciones, entre las que merece ser mencionada Carey Mulligan, y del talento indiscutible de los hermanos Coen, cabe destacar la dirección de arte de Deborah Jensen y la fotografía (nominada hace unos días a los Óscar), realizada por Bruno Delbonnel. Entre ambos, el film consigue captar la esencia de una época pasada llena de añoranza y el romanticismo de la vida bohemia de los artistas.