Las Analfabetas

Moisés Sepúlveda, director de Las Analfabetas.

Moisés Sepúlveda, director de Las Analfabetas.

Por Genoveva Santiago| Bruselas

El café donde conversamos Moisés Sepúlveda y yo esta tarde de viernes está repleto, y ese ambiente bullicioso no nos molesta; es más, el contexto convierte nuestra charla en una interesante algarabía con saltos de un tema a otro. “Para mí hacer una película es emitir una opinión en una mesa enorme con gente desconocida. ¿Por qué alguien querría escuchar esta conversación?”. A mí se me ocurren varios motivos.

Moisés ha venido Bruselas para presentar en el marco del Festival Peliculatina su ópera prima, Las Analfabetas, cuyo guión adaptó, junto a Pablo Paredes, a partir de la exitosa obra de teatro homónima.

Este joven director chileno también es mago, y sabe sacar partido de ello: “Me desarrollé diez años como mago profesional, magia close-up, de tú a tú, sin escenarios. La magia se parece bastante a la estructura dramática del cine. Cuando haces magia también cuentas una historia”. Sin embargo, se siente mucho más a gusto tras la cámara: “La gente da por hecho que está muy bien ser el mago de la fiesta, pero yo he aprendido que se observa mejor a la gente cuando no eres el centro de atención. No hay nada más emocionante que tener una buena idea y trabajar con gente interesante. Los aplausos están muy bien, pero yo en realidad lo que quiero es hacer…

Las Analfabetas cuenta la historia de Ximena (Paulina García), una mujer de unos 50 años que vive escondida para que la gente no sepa que es analfabeta. El escondite que supone este secreto lo rompe la hija de una antigua amiga suya, Jackeline (Valentina Muhr), que cada día le lee el periódico pero en realidad tiene el objetivo personal de enseñar a Ximena a leer, para que al fin pueda leer una carta que le dejó su padre antes de abandonarla cuando era una niña y que escondió toda su vida. Sin embargo, los roles profesora-alumna se invierten constantemente. Como afirma el director: “Hay muchas formas de ser analfabeto, y no saber leer es sólo una más”. Y la relación entre ellas se va transformando en algo más allá de lo pedagógico…

Cuando vi la obra de teatro salí emocionado y pensé: yo quiero hacer películas que hablen de estos temas. Las Analfabetas es una metáfora de lo que está pasando en Chile hoy: mi país está aprendiendo a leer su pasado para poder escribir su futuro”, cuenta Moisés. 

Pero más allá del escenario chileno, esta película nos habla de soledad, de individualismo, de incomunicación. En el mundo globalizado del siglo XXI, no sólo son analfabetos los que no saben leer. También los que cada vez están más solos, menos integrados en una sociedad que salvajemente abandona a los más débiles a su suerte. 

Paulina García

Paulina García

Esta película de poco más de una hora de duración, directa, sencilla, llena de humor, de diálogos ágiles y de grandes interpretaciones, demuestra que no hace falta disponer de mucho dinero para hacer buenas películas. Le pregunto a Moisés: ¿se puede vivir del cine? “Se debe. Es parte de lo que mueve la industria: el cine debe ser hecho por personas que sean profesionales de esto. Es difícil, puedes tener suerte o no.”

En cualquier caso, es una suerte que esta película haya llegado a Bruselas, donde fue espléndidamente acogida por un público emocionado y entusiasmado. Es una película que ejemplifica el mérito de la economía de medios y evidencia una gran puntería narrativa. Centrándose en el trabajo de dos actrices y una historia interesante, Moisés se deshace de cualquier floritura que distraiga de lo que está pasando. El lenguaje cinematográfico está trabajado minuciosamente, la fotografía retrata a la perfección el ambiente privado, cerrado, íntimo, como el conflicto de la protagonista. Curiosamente, las escenas en exteriores son las que resultan más opacas, más veladas y oscuras, porque es en la relación con el resto de personas donde se nos revela cruelmente la inseguridad de Ximena y las razones de su enclaustramiento.

¿Es el analfabetismo emocional más preocupante aún que el intelectual? A Moisés Sepúlveda la gusta que la gente se cuestione lo que ve, y también que se emocione en la intimidad que sugiere el patio de butacas. Confía en su historia. Se considera un cineasta escultor, “de los que tienen la roca y van quitando lo que sobra”. De hecho, su película tuvo un proceso de producción complicado: “Rodé la película completa y luego quité del montaje escenas enteras. Quité también mucho texto que funcionaba en teatro pero no en cine. El proceso es éste: el público no especializado te hace preguntas útiles, y tú tienes que encontrar las respuestas. Poco a poco tienes que ver las virtudes del formato: qué funcionaba en teatro y no funciona en cine”.

Le gusta trabajar con gente de teatro porque es un medio colaborativo en el que prima la improvisación: los actores resuelven obstáculos y van ofreciendo ideas. “Pero tiene que haber una cabeza que lo una y conecte todo. Ese trabajo dramatúrgico colaborativo es lo ideal. Me interesa mucho más que la idea del guionista solitario”.

En cualquier caso, Las Analfabetas es una buena historia que tras una aparente simpleza consigue emocionar, inducir la risa por momentos, desnudar tabús y sacarnos de nuestro narcisismo y nuestra certidumbre cotidianos para enfrentarnos, finalmente, con nuestra moderna ignorancia.

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