Land of Mine

El impacto 24 veces por segundo

Por María Solá

Muchos son ya los rumores que prevén el triunfo del director y guionista danés Martin Zandvliet, el cual después de recibir numerosos premios y arrasar en diferentes festivales con su ópera prima Aplausos y su segundo largometraje A funny man, promete (quizá junto con Damien Chazelle) demostrar que a la tercera va la vencida. Land of Mine, cuyo nombre original es “Under Sandet” (Bajo la arena), es el título del film que encabezará la lista de los aspirantes a la categoría de habla no inglesa. La película se estrenará en España el día 17 de este mes y hay que estar muy atentos, ya que probablemente será la ganadora de esta candidatura el próximo domingo 26 de febrero.

El tercer largometraje de Zandvliet es un caballo ganador cogiendo carrerilla.

Ambientada en mayo de 1945, esta película cuenta la historia de cómo un grupo de prisioneros de guerra alemanes fueron llevados a Dinamarca y obligados a desarmar los dos millones de minas terrestres que habían sido esparcidos a lo largo de la costa oeste por las fuerzas de ocupación alemana. A cargo de los debilitados jóvenes que ejecutan la peligrosa tarea está el sargento Rasmussen. Al igual que muchos de sus compatriotas, este guarda un profundo odio hacia los alemanes tras haber sufrido cinco años de adversidad durante la ocupación.

A medida que pasan las décadas se reciclan una y otra vez decenas de películas sobre la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. Sobre los horrores que vivieron los seres humanos y, como resultado, el mal cuerpo que nos dejan. Los espectadores vamos a verlas por diferentes motivos. Unos serán apasionados de la historia, otros buscarán una llorera afín, dos amigas se habrán leído el libro y alguna madre querrá hacer reflexionar a su hijo. Sea lo que sea que albergue la memoria individual, todos compartimos un fundamento en concreto: hay que concienciarse. Hay que concienciarse porque no podemos ser ni muy felices ni todo lo contrario. Cuando somos unos desagradecidos estas cintas sirven para darnos una patada que nos recuerda la cantidad de privilegios que atesoramos, mientras que en los peores momentos se encargan de hacernos sentir a salvo, dando por seguro que lo que vemos en escena no nos tocará a nosotros, no nos pasará, porque es historia… Ya está; se acabó. Saldremos de la sala chasqueando la lengua y soltando suspiros empáticos. Puede que frotándonos la frente o los ojos. Puede que repitiendo “Qué horror” sin cesar, para luego finalizar la velada con una cerveza o unas tortitas del VIPS. Los seres humanos tenemos facilidad de regeneración. Nuestro corazón roto olvida esas imágenes que tanto nos han soliviantado en cinco escasos minutos, justo después de abandonar la sala, o intenta acallarlas con otro tema de conversación, con otro pensamiento. Un pensamiento menos duro, más “del ahora”. Por que al fin y al cabo el horror humano si está una película está encerrado, encapsulado, no puede salir de ahí.

Louis Hofmann en Land of mine (2015)

Pues bueno, Land Of Mine es una patada en la boca a la facilidad de regeneración. Y es que no, de esta película no se sale ileso. Uno no se recupera cinco minutos después de abandonar la oscuridad de la sala. ¿Diferente? bastante diferente, en la medida que logra contagiar de una manera brutal el malestar y la sordidez. La oscuridad de la sala en contraste con el casi blanco de aquella arena daimónica absorbe por completo al espectador. Es una película en la que hay que sentir y concentrarse, saber captar los balances y la composición de personajes, pero no alertarse demasiado, por que corremos el peligro de que haga efecto rebote en el cerebro. Resumiendo en cinco palabras: dejas de sentir los órganos. Tienes sentimientos confundidos; por una parte te acaban de enseñar algo real que desconocías. Por otra parte ya estás acostumbrado a ver imágenes que dañan la sensibilidad. Pero es que esta película no se parece a nada, no recuerda a nada, es algo totalmente nuevo.

Bien, esta es una película a la que uno acude pensando que nada ni nadie conseguirá distraerle de su fantástica labor de empatía y concienciación. No, esta historia no pide eso. Es imposible empatizar o concienciarse. Imposible. Y quien diga lo contrario, miente. Es imposible porque parece ficción, de veras que lo parece, y no lo es en absoluto. No es ficción, es real. Y aún siendo real supera los límites de la realidad, echando mano de una fotografía y unas actuaciones de otro planeta.

No es rápida ni lenta, su objetivo es hacerte hace sentir atemporal e incitarte a olvidar la crudeza de la situación entre esos paisajes claros. Y cuando crees que el director ha decidido darte un descanso, un segundo de tregua, una exhalación satisfactoria, todo se vuelve contra ti y se intensifica. Es una especie de película kamikaze que acumula tensión a cada segundo que pasa para hacerla explotar con cada mina y volver a reanimarnos. Una constante persecución de la esperanza en la que el alivio se consigue por primera vez en el último segundo de película. Son casi dos horas de inmersión e incertidumbre, de sentimientos mezclados entre los que se sobreponen la belleza y el terror.

Esta película es el impacto 24 veces por segundo.

Cruda, muy cruda. Humana, emotiva y traumática. Óscar casi asegurado.

Título original: Under sandet (Land of Mine) -2015-

Duración 100 min.

País: Dinamarca

Director: Martin Zandvliet

Guión: Martin Zandvliet

Fotografía: Camilla Hjelm

Reparto: Roland Møller, Louis Hofmann, Mikkel Boe Følsgaard, Laura Bro, Joel Basman,Oskar Bökelmann, Emil Buschow, Oskar Buschow, Leon Seidel, Karl Alexander Seidel, Maximilian Beck, August Carter

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