La valentía de cambiar el mensaje

Escena de “Monsters University”

Crítica

Monsters University (2013), de Dan Scanlon

Por Claudia Lorenzo

La comodidad es algo que se gana. Acostumbrados a Disney, pocos se sentían cómodos a la hora de acercarse a esa historia de vaqueros y astronautas que encima lo eran de palo en “Toy Story”. Sin embargo, su tercera parte es, a día de hoy, la película mejor valorada de la factoría Pixar en la web Internet Movie Database y los trabajos del estudio se consideran obras de arte. Eso indica los pasos de gigante que Pixar lleva dando en estas dos últimas décadas, y las barreras que se ha llevado por delante.

Ahora bien, en muchos casos Pixar parece enarbolar el síndrome de Woody Allen. Se define como tal aquel que nos presenta todos los años una película de buena factura, de calidad, que en ocasiones no llega a la altura de obra maestra a la que nos ha acostumbrado. Es decir, tras “Annie Hall”, “Manhattan”, “Hannah y sus hermanas” y otras, tuvimos que esperar a “Match Point” para que los críticos volviesen a aplaudir el talento del judío neoyorquino. Y digo bien, los críticos, porque los espectadores mantuvimos, durante mucho tiempo, la teoría de que una película regulera de Woody era mucho mejor que la media (hasta que llegó Vicky).

Pixar bebe de este fenómeno. Críticas le salen hasta de debajo de los pelos (la mayor y la más sangrante, a excepción de Mérida, es la ausencia de personajes femeninos en sus películas). Ahí lo demuestran Cars 1 y 2 y la misma “Brave”. Por otro lado, han producido verdaderas obras de arte. Así me viene a la cabeza la mencionada “Toy Story 3”, “Wall-E”, “Up!” o “Buscando a Nemo”, entre otras (también le tengo cariño a la rata de “Ratatouille” y al homenaje al “Retorno del Jedi” de “Toy Story 2”). Sin mencionar a Sully y Mike, los protagonistas de “Monstruos S.A.”.

Por eso, con la certeza de que Pixar siempre es una garantía, me encaminé al estreno en el Reino Unido de “Monsters University”, en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo. Un detalle que aprecio es ver películas animadas con niños alrededor, y esta proyección no me falló. Curiosamente, a lo largo del metraje fueron los adultos, sin embargo, los que más carcajadas soltaron ante los guiños de la historia.

Porque todos sabemos que Pixar hace películas para niños pero para adultos. Si no nadie aguantaría semejantes argumentos. Y Monsters University, precuela de Monstruos S.A., que cuenta cómo se conocieron Mike y Sully en la universidad, con su universo de colorines, sus homenajes a “Carrie” y a películas de terror en cabinas perdidas, y su mensaje positivo-pero-no de “a veces da igual cuánto te empeñes en un sueño” podría parecer un cuento bipolar, pero no lo es.

Un crítico decía que nadie necesitaba una película sobre la vida de Mike Wazowski y James P. Sullivan, sobre todo de sus años universitarios. Sin embargo, a la hora de entregar el producto final, Pixar demuestra que sí la necesitábamos. Como un “Toy Story 2” o “3”.

“Monsters University” es divertida, tiene un guión redondo (con doble final marca de la casa incluido) que ha sido criticado como predecible sin tener en cuenta que es una precuela y que más o menos sabemos dónde acaban los protagonistas, sólo más o menos, y demuestra una vez más que con su animación no hacen falta actores de carne y hueso en la pantalla (aunque sí en los altavoces, como nos dejan claro las voces de Billy Cristal y John Goodman).

Durante un tiempo, a la hora de escribir esta crítica, intenté buscar por qué “Monsters University” no llegaba a la genialidad a la que Pixar nos acostumbra de vez en cuando. Por ello me refiero a ese prólogo en “Up!”, a la primera parte (muda y descacharrante) de “Wall-E” o a ese primer final de “Toy Story 3” en el que a todos se nos pusieron los pelos de punta pensando si se atreverían los creadores a semejante tragedia. Incluso hacer una historia sobre una princesa sin centrarla en su relación con un príncipe era valiente.

Esta película, sin embargo, parecía más fácil, más cómoda, hasta el momento de buscarle pegas. Entonces, salvando una vez más la carencia de personajes femeninos de peso (aunque con una rectora de la talla de Helen Mirren, con alas de vampiro y patas de ciempiés), una se da de bruces con la realidad. El mensaje de “Monstruos University” es tan optimista como reaccionario. Disney, y Hollywood, nos han llenado la cabeza de pájaros en cuanto a la dirección de nuestros sueños. Si lo deseas fuertemente y si lo intentas con ganas, llegarás.

Ahí reside la genialidad de la nueva obra de Pixar. Mike Wazowski es la prueba viviente de que lo que hay que hacer, como decía Robin Williams siendo oh capitán, mi capitán, es subirse a la mesa y ver el mundo desde una nueva perspectiva. Arriesgarse. Buscar otra forma de llegar a lo que quieres.

Parece una forma de descorazonar a la infancia, pero desde el punto de vista de esta adulta, que vio la película con los ojos de una niña, “Monsters University” les da alas e imaginación. Por eso Pixar es grande.

Por eso y por sus cortometrajes. Así como nadie debería salir de la sala antes de que los créditos acaben, no vaya a ser que se pierdan una última carcajada, tampoco nadie debería perderse “The Blue Umbrella”, que precede a “Monsters University”. Un ejercicio estilístico de animación brillante. Como siempre.