La repulsión frente al espejo

Un momento de la representación de Adolf

Un momento de la representación de Adolf

Por Claudia Lorenzo

Y si lo repito muchas, muchas veces, cada vez más y más alto, ¿serás tú el que me deje entrar?

Irreverente, valiente, crítico hasta la médula, Pip Utton interpreta en el escenario de Assembly Rooms “Adolf”, el tristemente famoso Hitler, en un texto escrito por sí mismo que lleva visitando el Fringe desde 1997.

Cerca, en “Tejas Verdes”, adaptación al inglés de la obra del dramaturgo español Fermín Cabal, interpretada por Madeleine Potter, asistimos a los testimonios de una desaparecida tras el golpe de estado en Chile y las personas con las que mantuvo contacto durante su captura. La descripción de las torturas no se diferencia en nada a lo infligido a los presos del régimen nazi. Las vejaciones podrían ser distintas, el objetivo de las mismas, diferente. Pero la maldad existente en ambas, en Ruanda, en Srebrenica, en Irak, en Guantánamo, en tantos y tantos lugares, esa maldad es la misma.

Cuando alcanzas un determinado nivel de crueldad, ¿se puede seguir contando a partir de ahí? ¿Y cómo se contabiliza ese nivel? ¿Cuando matas? ¿Cuando ordenas matar? ¿Cuando lo deseas? ¿Qué hace a Hitler diferente de todos y cada uno de los ciudadanos que siguieron sus órdenes a pies juntillas, sin dudas? ¿Qué le diferencia de tantos otros tiranos, el mero hecho de haber tenido más “éxito” que ellos en sus empresas? ¿Por qué es Hitler diferente al guardia de Auschwitz que ordenaba a los presos ir a la ducha para posteriormente gasearlos? ¿Por qué es Hitler diferente de Pinochet? “Tejas verdes” trata de hacernos recordar el pasado. “Adolf” nos muestra que no lo hemos dejado atrás.

“Tejas verdes” apela a nuestra humanidad, nos emocionamos con la torturada, nos indignamos con sus torturadores y nos identificamos con su delatora cuando dice: “Mi confesión pesará siempre en mi conciencia, júzguenme si quieren. No tengo nada de lo que avergonzarme, simplemente fui torturada hasta el extremo y cedí.” Quienes la escuchamos somos conscientes de que tenemos que sumergirnos en una parte oscura de nuestro interior y confesarnos que no sabemos qué haríamos en su situación. Muchos, la mayoría, no hemos pasado por ello y queremos creer que resistiríamos el dolor antes de delatar a nadie. Pero no lo sabemos. ¿Lo haríamos? ¿Seríamos capaces?

“Adolf” juega de otra forma. En vez de llegar arrasando, de pronto, como en un golpe de estado, “Adolf” se nos mete dentro sutilmente. Vemos la esvástica sobre el fondo rojo en el escenario, y ahí, al líder de lo más horroroso, de aquella imagen que la humanidad prefiere no recordar. Ni fue el primer genocidio en la Tierra ni fue el último. Sin embargo, la determinación, la organización, la sistematización y, sobre todo, la duración del hecho nos seguirán poniendo los pelos de punta. ¿Cómo pudo un solo hombre llevar a cabo esta campaña sin que nadie le hiciese parar antes? Todo esto nos alerta. Ya tomamos una posición sobre el asunto, ya sabemos qué sentimos frente a la figura de Adolf Hitler. Repulsión.

Sin embargo, al final de la obra, en una vuelta de tuerca impresionante, Pip Utton nos mira a los ojos y nos pregunta si Hitler ha muerto, si la repulsión es real, o si somos conscientes de que vive en nuestro barrio, en el trabajo, a veces en casa, colándose poco a poco, con permiso, en nuestras vidas. Escalofriante pero sincera, la última parte de “Adolf” nos lleva de la mano, poco a poco, hasta un precipicio. Al final no existe el vacío, sino un espejo en el que mirarnos.

¿Cuánta determinación es necesaria para que al final alguien deje que el mal entre, para hacer como que no vemos, como que no oímos, como que no sabemos? ¿A cuántos pasos estamos de que, tras llevarse a todos los demás, nos encontremos solos y nadie nos defienda cuando vengan por nosotros?

El mejor arte, el mejor teatro, cine o literatura, es aquel que nos eleva emocionalmente pero también intelectualmente. Cuando nos llenamos de sensaciones pero somos incapaces de definir por qué, aparte de decir que ha sido la perfección creativa a la que nos hemos visto expuestos, estamos delante del arte. Cuando preguntamos, curioseamos, reflexionamos y no paramos de darle vueltas a diferentes asuntos, entonces sabemos que hemos visto algo extraordinario.

“Tejas Verdes” es emocionante. “Adolf” es una obra maestra.