La poética de la tragedia en el Oeste

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Crítica

En algún lugar sin ley (2013), de David Lowery

Por Claudia Lorenzo

En una entrevista para la página web del festival de cine de Sundance, donde Ain’t Them Bodies Saints se estrenó en 2013, su director, David Lowery, decía “Me gusta que los títulos marquen el tono. El título [de mi película] viene de una frase anterior a su realización. La tenía en la cabeza desde hace algún tiempo, y cuando empecé a escribir este filme simplemente me pareció la correcta. Hay todo tipo de razones de por qué es correcta, pero la más simple es que te sitúa en el estado mental del tipo de experiencia a la que vas a asistir”.

El nombre original (que podría traducirse por “¿Acaso no son esos cuerpos santos?”), mucho más poético que el español En algún lugar sin ley, ciertamente coloca al espectador ante una obra ya comparada con Bonnie & Clyde por su argumento, y con Malas tierras por su estética. El propio Lowery se ha confesado cansado de que siempre se haga referencia a Malick cuando hablan de su película, pero admite que él mismo se lo ha buscado con el argumento de los dos bandidos enamorados que planean, como siempre en las historias trágicas, un último golpe antes de tener una hija. Esta pareja, Bob Muldoon (Casey Affleck) y Ruth Guthrie (Rooney Mara), ve cómo sus planes se van al garete cuando el robo sale mal, la policía les persigue hasta su casa, y todo acaba en un tiroteo en el que Patrick Wheeler (un inmenso Ben Foster) termina herido, detalle que no evita que, con el tiempo, se preocupe e interese por la atracadora en cuestión. Bob va a la cárcel mientras Ruth da a luz y se dedica a criar a su niña. Pasan los años y, cuando él ya no puede más, huye de prisión y viaja de vuelta a casa, ese hogar en el que sus mujeres no saben qué hacer, una porque la reconcome la culpabilidad que siente, otra porque nunca ha visto a su padre y no entiende muy bien qué ocurre. Mientras tanto, Skerritt (Keith Carradine), antiguo forajido y figura paterna de Bob y Ruth, pretende encargarse de que el huido no se acerque a sus chicas y siga arruinándoles la vida.

Si Lowery comenzó su recorrido siendo definido como el nuevo Malick, una vez termina la película está clara la personalidad que le imprime a la historia. El filme sugiere un drama épico, grandioso, una película de Texas, y del oeste, de las que marcan época. Sin embargo las tramas de los robos, las ilegalidades, los tiroteos y las burlas a la ley son secundarias en una narración en la que priman los detalles, los pequeños gestos, las miradas y lo que no se dice, que es mucho. Prima lo que se ve, y lo que se ve está envuelto en una belleza tal, a cargo del director de fotografía Bradford Young, que nada importa. La simbiosis entre el guión, ligero pero con carga profunda, y la cinematografía es completa.

Affleck lleva años, AÑOS, revelándose como un intérprete con talento, oficio y arte. El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford y Adiós pequeña, adiós demostraron el actorazo que puede ser y, sin embargo, sigue sin tener el éxito que se merece, situación que probablemente le beneficia a la hora de enfrentarse a proyectos independientes como éste, en donde dota a Bob de coherencia y de una humanidad tal que el espectador está, en unos segundos, tan enamorado de él como su mujer. Ella, Rooney Mara, mucho más que la chica de Milennium, es una actriz con luz. Interpreta como si no lo hiciese, como si le fuese la vida en que su marido vuelva a casa y, a la vez, como si no desease que eso pasara. A su lado, Ben Foster, aquel adolescente de Liberty Heights que también se está definiendo como un actor de gran talla, hace suyo el personaje del “otro”, el ajeno a la pareja, el que no debe estar ahí pero que derrocha bondad y generosidad y cree, de verdad, que puede conseguir que Ruth y su hija sean felices con él. Igualmente, Keith Carradine, haciendo del Padrino en versión texana, brilla gracias a la autoridad que imprime a cualquiera de sus intervenciones.

Sundance, un festival que hace dos años premió a la muy interesante Bestias del sur salvaje, se retractó de su valentía en 2013 y, en vez de darle el máximo galardón a Ain’t Them Bodies Saints, se lo dio a la opción fácil y muy errónea de Fruitvale Station, aunque premió la belleza de las imágenes retratadas por Young.

Como la cosecha de Utah nos suele llegar con muchos meses de retraso, habrá que esperar ansiosos a ver qué nos deparará Sundance 2014. Si hay propuestas tan interesantes como Ain’t Them Bodies Saints, no hay por qué preocuparse.

Ain’t Them Bodies Saints formó parte de la programación del Atlántida Film Fest de Filmin y se estrena en salas españolas el 9 de mayo.