La oscuridad más absoluta

Crítica

Perfect Sense (2011) de David Mackenzie

Por Claudia Lorenzo

José Saramago nos presentó en su “Ensayo sobre la ceguera” (llevado a la gran pantalla por Fernando Meirelles) la tragedia épica de una humanidad que, de un día para otro, perdía la vista. En “Perfect Sense” no perdemos la vista sino, uno a uno, todos los sentidos: el olfato, el gusto, el tacto, el oído y, tras ellos, alcanzamos la oscuridad más absoluta. La desazón de lo que se cuenta es contrarrestada por la belleza de las imágenes que nos lo presentan, en las que conocemos la historia de una pareja, una epidemióloga y un cocinero, interpretados por Eva Green y Ewan McGregor, que intentan rescatar  su relación a pesar de lo que se les viene encima.

David McKenzie, director de “Young Adam” (en la que también colaboró con McGregor) o “Rock’N’Love”, entre otras, presentó esta película en el Festival de Sundance de 2011, y en Cannes meses después. Perfect Sense, ganadora del premio a mejor película en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo, fue proyectada también en la sección Culinary Zinema en San Sebastián pero, por lo demás, cayó en el olvido nacional, un olvido que el Atlántida Film Festival ha rescatado. Provocativa, intensa, pausada pero inquietante, “Perfect Sense” presenta un futuro desasosegante y una sensación que te acompaña el resto del día, una vez que los títulos de crédito la cierran. Pero también ofrece un salvavidas, la teoría de que acompañados, incluso en la mayor de las tragedias (como también defiende “Seeking a Friend for the End of the World”), todavía queda algo, sino de esperanza, de tranquilidad. Una película que se presenta como historia de amor pero que permanece como tragedia.

Hay que armarse de valor para verla, pero merece la pena.