La necesidad de la gravedad

Crítica

Gravity (2013), de Alfonso Cuarón

Por Claudia Lorenzo

He estado muy tentada de añadirle a este artículo la etiqueta para clasificarlo “Películas que juegan en otra liga”. Porque aunque nos empeñemos por activa y por pasiva en minimizar el esfuerzo, tachándolo de “comercial”, “americanada” o producto puramente hollywoodiense, “Gravity” no es (solamente) eso. “Gravity” juega en otra liga.

Alfonso Cuarón es el director que consiguió que aquellos ajenos al fenómeno Harry Potter, incluso aquellos despectivos con él, se enamorasen de la tercera entrega, “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”. Usuario constante de los planos secuencia, “Hijos de los hombres” exploraba el lado más oscuro de la humanidad con una serie de esos movimientos de cámara que nos introducían en el mundo distópico de sus protagonistas.

Ahora Cuarón padre se ha aliado con su hijo Jonás para escribir el guión, clavado, de “Gravity”. En palabras de sus autores, la película es la historia de una mujer “que va a la deriva, que necesita poner los pies en el suelo”. Situada en la Tierra o situada en el espacio, el drama de su protagonista, maravillosamente interpretada por Sandra Bullock, es extrapolable a cada miembro de la audiencia que tal vez no se haya dado un garbeo por la termosfera pero que haya sufrido un golpe vital.

De alegorías e imágenes simbólicas está la película repleta, todas ellas intencionadas, escritas por sus guionistas y llevadas a la práctica por su director. Destriparlas necesitaría, sin embargo, una explicación del argumento más detallada, algo que es mejor no tener en mente cuando uno va a ver la película y se pone las gafas de 3D. Esa técnica es aprovechada al máximo en este filme, hasta el punto que la que les escribe se encontró en mitad de la historia esquivando con el cuerpo la chatarra espacial. Pero no sólo de fuegos artificiales vive el cine, ni de imágenes impresionantes del amanecer sobre el planeta.

Volvemos al guión, a la base sólida de la historia, que toca todos los palos, dando la información necesaria para conocer a los personajes sin machacarnos con detalles. Ya sea la vulnerabilidad de la Bullock, que en ocasiones se transforma en un homenaje a la mejor Ripley de Ridley Scott, o la socarronería de su contrapunto, Matt, interpretado con la clase que le viene dada a George Clooney, los dos personajes están cuidados con esmero y, tras la presentación inicial en, cómo no, plano secuencia (de esos que no se notan si no te fijas, como hacen los maestros), la cámara nos mete en sus trajes y nos convierte en un astronauta más.

Sandra Bullock es una mujer que necesita constantemente defensa en su carrera. Da igual que los dioses de Hollywood le diesen un premio de la Academia o que la comedia salte de alegría cada vez que ella vuelve, porque tiene un tempo y una sensibilidad para la gracia que no todos poseen. Incluso en una película algo fallida como “Extremely Loud & Incredibly Close”, su personaje y su interpretación brillan. Pero nada, ella sigue recogiendo premios y teniendo que justificarse. Alguien mencionó esto en la rueda de prensa, instando a Cuarón padre a justificar la decisión de tenerla como cabeza, casi única, de cartel. ¿Y qué contestó el director? “Yo no tengo por qué vender a Sandra, la gente puede ir a ver la película y verla con sus propios ojos”.

Y yo no tengo por qué vender “Gravity”, se vende sola. Ni tengo que deciros esa frase tan usada de que es la película del año. Sugiero simplemente ir sin prejuicios, esperando ver una buena historia y un gran espectáculo visual. Y, si me permiten, por segunda vez en la vida diré (la primera fue “La invención de Hugo”) que vayan a verla en 3D. Es puro cine.