Entrevista con Cédric Klapisch

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Audrey Tatou y Romain Duris en el rodaje de Nueva vida en Nueva York

“La movilidad es una de las pocas armas que tenemos contra el racismo y las guerras”

Por Claudia Lorenzo

Cédric Klapisch es un tipo tan majo como sus películas. Director de Como en las mejores familias (1996), Ni a favor ni en contra (sino todo lo contrario) (2003) o Ma part du gâteau (2011), es sobre todo conocido por su “trilogía Erasmus”, que conforman Una casa de locos, Las muñecas rusas y el actual estreno Nueva vida en Nueva York. En ellas seguimos a Xavier (Romain Duris) a través de ciudades, países y amores, entre los que madura y afronta retos inesperados en su vida.

Ha pasado mucho tiempo entre Las muñecas rusas y esta película.

Quería esperar diez años para hacerla. De hecho, acorté la espera un poco porque pasaron sólo ocho, pero era consciente de que sería interesante solo si transcurría tiempo. Ahora sentía las expectativas del espectador, cuando hice la primera nadie esperaba nada y era todo más sencillo. La segunda se hizo también de forma bastante espontánea e inconsciente. Esta tercera no tiene nada de espontánea ni inconsciente, reflexioné mucho, pasé tiempo escribiendo el guión.

Las tres películas están muy vinculadas a un lugar y un momento. ¿Por qué ahora y por qué Nueva York?

La elección de Nueva York tiene que ver con lo que ocurre con respecto al lugar en los tres filmes. La primera estaba situada en Barcelona, en el 2000, cuando Barcelona era una imagen de la Europa en construcción. De hecho, cuando rodé todavía existían las pesetas y los francos y cuando estrenamos ya había euros. En la segunda, pensé que no podía hablar otra vez de Europa y decidí ir a Rusia, a la frontera. En esta película tenía que saltar a escala mundial, y Nueva York es la imagen perfecta de la ciudad global, con gente de todo el mundo, hablando todos los idiomas. Las tres películas cuentan la historia de la generación que ha asistido a la globalización. Las personas que han hecho Erasmus, las personas de la generación de Xavier, son personas que han nacido con la movilidad. Ya tenían teléfonos móviles en Una casa de locos, pero era algo totalmente nuevo, como Internet. Ahora se nos ha olvidado que hubo un tiempo en el que no existía. Nuestro mundo está relacionado con esta movilidad, también en sentido amoroso.

¿Qué detalles pueden pasar desapercibidos al espectador en este filme que destacaría?

Por ponerte un ejemplo, cuando veo el suelo de Nueva York veo que los americanos no quieren pagar impuestos (risas). Cuando vas en bicicleta por Nueva York te puedes caer y partir la cara, arriesgas tu vida con ese suelo que tienen. Un neoyorquino no puede contar nada sobre su suelo porque es lo que conoce; sin embargo yo, que soy extranjero y en mi país no veo un suelo así, hago una escena sobre ello que resulte divertida.

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Cédric Klapisch en el rodaje de Nueva vida en Nueva York

Estuvo en Nueva York estudiando cuando era joven. ¿Se encontró con el mismo Nueva York rodando la película?

Efectivamente, estudié cine desde 1983 a 1985 en NYU (Universidad de Nueva York). La ciudad ha cambiado muchísimo, era una ciudad bastante sucia y agresiva en los 80 que resultaba divertida porque era la época punk, de discotecas locas, del principio del rap. Era alegre pero también dura. Ahora es una ciudad mucho más burguesa, prácticamente solo hay zonas chic. Times Square es un centro comercial, el Soho también, y todos los barrios que tenían prostitutas y sin techo ya no los tienen. Hay más seguridad, más cortesía, porque los neoyorquinos se han convertido en personas extremadamente amables. Dicen que desde el 11S son mucho más colectivos y se nota mucho, hay algo bastante agradable en el Nueva York de hoy, pero ha cambiado muchísimo y es importante ver la diferencia.

Esta película tiene un tono más amargo, menos loco que las dos anteriores. ¿Es más triste?

Creo que no te ríes de las mismas cosas en la tercera que en la primera, son historias de edad. Al principio uno piensa que al tener hijos la vida va a ser menos divertida, pero pierdes cosas y ganas cosas. La película cuenta eso, efectivamente no están las discotecas de Barcelona, pero hay más profundidad en lo que vive con sus hijos, con sus amigos. Hay cosas que pierden en ligereza, pero eso no quiere decir que no sean alegres. Eso es lo que cuenta en todo caso. Todos los padres jóvenes saben que con un bebé se van a reír un poco menos pero no quiere decir que haya menos felicidad, y eso es lo que cuenta la película.

Romain Duris es ya una presencia fija en sus filmes.

Hemos hecho siete películas juntos, nos conocemos desde hace veinte años, y veo hasta que punto es increíble lo que ha ocurrido en esas dos décadas, porque no tengo esta relación con otros actores. Me gusta esa fidelidad entre un actor y un director, como De Niro y Scorsese o DiCaprio y Scorsese, Johnny Depp y Tim Burton, Mastroianni y Fellini… Me encantan las parejas así, porque hay algo que supera a las dos personas y va más allá, cuenta algo sobre la amistad.

Sus películas son alegatos a favor de la movilidad. Ahora que se acercan las elecciones al Parlamento Europeo, ¿cree que es posible que la generación Erasmus cambie el rumbo de Europa?

Aquellos que fabrican la Europa de hoy saben que el Erasmus fue criticado durante mucho tiempo pero ha acabado siendo una de las mejores iniciativas. La crisis provoca miedo a la movilidad, y no hay que olvidar que la movilidad es una de las pocas armas que tenemos contra el racismo, contra las guerras. Cuanto más viaja la gente, más se resuelven los conflictos. Por lo tanto claro que hago publicidad de la movilidad. Ahora que va a haber elecciones, es importante participar en ellas porque en todos los países europeos hay un incremento de los nacionalismos. Los nacionalismos son un virus. El orgullo nacional es necesario, pero cuando hay demasiado es una fuente de conflicto.

¿Cuál cree que es el futuro de Xavier de ahora en adelante?

¿Me estás preguntando si haré otra película? (Risas.) Al principio no quería que hubiera una cuarta pero todo el mundo me lo pregunta. Voy a ver qué pasa dentro de diez años.