La madre del artista

Paco León por Chesco López

A Paco León se le nota que viene de casta circense. Sus tíos fueron payasos y él conserva en los rasgos de la cara la expresividad de quien acepta bien la máscara teatral. Está cachas. Se lo digo, “Paco, estás cachas, o más hombre, yo qué sé”. Y él me dice que es que está yendo al gimnasio, aunque al momento desmonta su propia afirmación añadiendo que en realidad al gimnasio acude de figurante, que de lo que de verdad disfruta es del spa.

Así es Paco León, se expresa de manera contundente, pero cuando se encuentra a sí mismo demasiado serio hace una cabriola verbal y la rubrica con una risotada. Habla alto pero sin forzar la voz, habla alto porque todo él emana mucha energía. Podría, ahora mismo, subirse a la barra de la Cervecería Santa Bárbara y hacer un número musical parecido al que Christopher Walken interpretó en “Pennies from Heaven”. Paco tiene algo de Christopher Walken. Es un guapo raro, un delgado que no lo es tanto, un atleta, un bailarín, un pillo y tiene un fondo algo inquietante en los ojos que de momento el cine no le ha sabido fotografiar.

Cuando estoy en presencia del talento de un cómico español siempre temo que España no esté a la altura de lo que podría dar ese cómico de sí. Y tengo mis razones. No hay la suficiente valentía como para colocar a los actores en papeles inesperados. Se les acepta sólo de una manera: unos van a la comedia y otros al drama. Y son pocos los que pueden hacer un quiebro o cambiarse de equipo.

Este chico inquieto, al que de pronto y por primera vez en esta mañana asfixiante de agosto he visto cara de hombre, tiene en la cabeza muchas historias. Con algunas de ellas el año pasado construyó una película, “Carmina o Revienta”, y en vez de mostrarla por los cauces tradicionales, las salas, decidió estrenarla en Internet para acercarla, cuanto antes y de manera barata, al mayor número de espectadores posibles. La decisión le ha granjeado elogios y, como era de esperar, algunas críticas. Las críticas han venido porque en España la producción cultural es demasiado rígida, se entiende que las cosas sólo pueden hacerse de una manera, pero también se le reprochó el que, en los primeros días de la promoción, defendiera su manera de actuar como la salvadora de eso que se llama el cine pequeño. En realidad, ni una cosa ni la otra: en el presente que vivimos estamos empezando a aceptar que cada cual ha de buscarse la vida como puede.

A Paco hay que alabarle que haya arriesgado dinero, tiempo e incluso algo de su intimidad para provocar risas  y emoción en los espectadores. “Carmina o Revienta”. Un título que juega con el título de aquella biografía de El Lute, “Camina o Revienta”. Ay, Carmina. Carmina es la madre de los León, una mujer excesiva a la que hace ya tiempo yo conocía por haber escuchado en boca de Paco algunas de las anécdotas que aparecen en la película. Me ha sorprendido la rudeza con la que el hijo presenta a su madre. Me parece valiente esa manera de afrontar el reto de convertir a la madre de uno en personaje de ficción. El hijo-director se reunió con la madre-actriz y le leyó el guión. La madre le corrigió algunas frases, porque es difícil escribir diálogos hasta cuando están imitando el habla de la mujer que te trajo al mundo. Paco me cuenta que no quiso hacer un homenaje a su madre, que quería mostrarla como es, excesiva, arbitraria, intensa y que sus comentarios rozaran lo borde, lo ilegal, lo escatológico. Su intención de hacer una película indie no respondía a una escasez de presupuesto sino a la voluntad de retratar de manera barata un mundo barato, tosco. Cuidó en cada detalle, en cada toma, no ponerse pretencioso, no hacer bonito lo que era (y es) más exótico que preciosista. Huyó del mensaje social porque él siempre tuvo la sensación de ser un alienígena en el barrio y el entorno familiar en el que le tocó crecer,  y lo que ha retratado es la extrañeza que provoca ese mundo que está al margen de las normas. Su madre no tuvo ni tiene veleidades artísticas y él quería captar la esencia de una mujer que carecía de la sensibilidad necesaria para intuir y acercarse al mundo por el que siempre se sintió su hijo atraído. De cualquier manera, su naturaleza empecinada y terrenal le concede el descaro y la fuerza de los grandes personajes populares.

¿Que cómo se ha visto doña Carmina en pantalla? Doña Carmina se ha visto fea y gorda. Pero aún así acepta con orgullo y naturalidad el convertirse momentáneamente en estrella de cine, aunque Paco la retirara de las entrevistas de promoción para que no se lanzara al abismo arrastrándolo de paso a él. En fin, nadie sabe hasta dónde puede llegar un padre o una madre cuando se les deja un micrófono.

Del rodaje, la tremenda Carmina se lleva unos cuantos buenos recuerdos: el lujazo de que todos los días alguien de producción la fuera a recoger a su casa en coche y el compartir escenas con vecinas y con su hija María. Eso sí, no hubo quien la disuadiera de que no tenía que llevar comida al rodaje, así que la madre, tozuda, mandona y asfixiante como suelen ser las madres del sur, aparecía cargada cada mañana con su tupper.

Con los años, el cómico Paco, el sobrino de payasos, se ha reconciliado con el universo en el que creció. Ahora entiende que el único empeño pedagógico de su madre fuera repartir besos y comida, comida y besos. El resto no importaba. Y así nacen los milagros, de la falta de previsión.

A la madre Carmina le nacieron dos artistas que por poco que se empeñen guionistas y directores nos darán algunos momentos memorables. Dice Paco que su madre le acompañó al estreno en Tarragona. Estaban todos en un bar, tomándose un cafelito antes del pase de la película. La gran Carmina se levantó y estirándose el jersey le preguntó a la camarera:

“¿Dónde está el baño, chochete?” 

Y la camarera la miró y la reconoció al momento:

“!Es la madre de Paco León!”

Eso demuestra que este cuando el espectador escucha en boca de la protagonista una frase memorable…

“quiero que me entierren sentá” 

…imagina que más que inventar los diálogos en un momento de inspiración el hijo artista se ha pasado la vida tomando nota. ¡Con esa madre qué otra cosa se podía hacer!

Madrid, agosto 2012. Texto Elvira Lindo ® | Foto Chesco López ®