La llamada equivocada

Footnote

Crítica

Footnote (2012), de Joseph Cedar

Por Genoveva Santiago

Desde una sala atestada de aplausos asistimos al discurso de aceptación de un premio prestigioso en el seno de la universidad de Jerusalén. No vemos, sin embargo, al emisor de dichas palabras sino a su padre, empequeñecido, incómodo, contrariado revolviéndose en su asiento mientras escucha a su hijo hablar. De pronto hay muchas cosas pasándole que deseamos descubrir. Así arranca esta inusual película, con un argumento que a priori resulta novedoso e interesante: padre e hijo son ambos académicos estudiosos del Talmud, y dedican su vida por completo a ello aunque desde perspectivas muy distintas. De pronto a uno de ellos le es concedido el prestigioso Premio Israel, el máximo reconocimiento al trabajo de una vida en aquel país. El gran conflicto surge cuando la persona que ha de llamar al galardonado comete un pequeño error.

Dentro de un ambiente tan esforzado donde la ambición y el arduo trabajo intelectual guían por completo la vida de los académicos, el énfasis se pone de pronto en un dilema mucho más básico: ¿renunciarías para siempre a tu sueño, al mayor reconocimiento posible a tu carrera, por no quitarle tal ilusión a tu padre? Desde esta óptica llena de malentendidos y confusiones, conocemos a una familia que representa la actual problemática generacional.

Por un lado, conocemos al padre: una persona tremendamente asocial, aislada, con una larga carrera a sus espaldas que jamás ha sido recompensada y que de alguna forma menosprecia a su hijo, estudioso como él. Un personaje que se nos hace silencioso, decepcionado, amargado.

Su hijo representa todo lo contrario: las ideas modernas. Él sí tiene éxito social y reconocimiento. Sin embargo, algo en su familia no va bien. Su hijo, adolescente, se encuentra totalmente perdido. No hace ni quiere hacer absolutamente nada. Sólo representa al futuro de toda una generación. Carente de ambición, de camino, de posibilidades.

Esta compleja y delicada relación entre padres e hijos se mezcla hábilmente con las luchas de poder de los intelectuales, y es remarcable que se comuniquen sobre todo mediante la imagen y no tanto mediante el discurso. Para ello Joseph Cedar cuenta con unos actores que consiguen interpretaciones muy logradas, de gran talento, sobre todo Schlomo Bar-Aba en el papel del solitario padre.

Las mujeres también tienen un espacio en esta película, aunque bastante limitado: son aquellos seres secundarios y silenciosos que median y tratan de apaciguar el ambiente.

Destaca el retrato de esta familia atípica, rara, disfuncional; el dilema moral que se plantea en el momento en que aparece el gran conflicto: la llamada equivocada. Lo más reseñable de esta película es la manera de presentar los conflictos, que resulta teatral y acertada. Sobresale ese comienzo en que el hijo está recibiendo un premio, pero sólo vemos la cara del padre, queriendo que se lo trague la tierra cuando escucha las palabras de su hijo. Más interesante si cabe porque al final de la película asistiremos al momento inverso…

Y sin duda lo más sobresaliente de la película es el conflicto central, que se presenta en una oficina minúscula donde se reúnen hacinadas las importantísimas personas que conforman el jurado del prestigioso Premio Israel. Grandes personas encerradas en espacios exiguos y minúsculos… Es cierto que el estudio del Talmud es un contenido que no resulta muy atrayente para un espectador Occidental. Aún así, hay momentos reseñables de humor, y es ágil e interesante de ver por la reflexión que propicia acerca de los lazos familiares, la ambición y el narcisismo.

La película resulta algo hermética, sobre todo al principio. Pero la sutil interpretación de los actores y el dilema que se genera entre ellos la salvan. Parece que en algún momento los personajes van a estallar de la presión que provoca la desmesurada ambición y la frustración.