La guerre est déclarée

Un desafío vital

Por Rau García

“Para mí, el cine es eso. Parto de mi ombligo y hago un zoom hacia atrás para contar algo más universal.” Valérie Donzelli.

Hay diferentes maneras de enfocar los problemas de la vida, por graves que sean. Una enfermedad como un cáncer es uno de esos graves problemas, se mire por donde se mire, pero no todas las perspectivas son iguales de pesimistas. Cuando lo vemos todo negro, hay que frotarse los ojos y reaccionar positivamente ante la adversidad, y más si quien padece ese cáncer es nuestro propio hijo. Declaración de guerra es una película didáctica, porque nos da una lección de cómo enfrentarnos a una situación así, sin hacer una tragedia de ello, con los ojos brillantes; no de lágrimas, sino de esperanza.

El título de la película no puede estar mejor elegido. La guerra es un acto injusto y despiadado en el que los civiles inocentes intentan sobrevivir. Los protagonistas de esta película, que estaban felices y en paz, se preguntan por qué les ha tocado a ellos y a su hijo, pero no se estancan en la autocompasión de su destino o de su mala suerte. Al revés, rápidamente se ponen manos a la obra para salvar/rescatar a su hijo. Esto implica una lucha para la que siempre es difícil estar preparado, pero el amor, a su hijo y entre ellos, todo lo puede. Valérie Donzelli dirige esta película, su segundo largometraje, que también protagoniza junto a Jérémie Elkaïm, ambos coautores de esta historia, quienes pasaron por una situación muy parecida en la vida real con su propio hijo, cuando eran pareja. De hecho, la historia nace de un diario que Valérie Donzelli escribió mientras atravesaba esta experiencia y que guardó durante años en un cajón hasta que decidió contársela al mundo.

Roméo y Juliette, así se llaman en la ficción los protagonistas de esta película con mucha verdad, son una pareja de enamorados. Su epopeya comienza cuando detectan un tumor cerebral a Adán, su hijo de apenas dos años. Una vez superado el primer golpe de dolor que les produce conocer esta dura noticia, emprenden, con optimismo, una lucha sin descanso para que su hijo se recupere lo antes posible y de la mejor manera. Incluso cuando los diagnósticos de los médicos no son muy esperanzadores, ellos le plantan cara a la muerte y hacen todo lo que está en sus manos, con una sonrisa y hasta con sentido del humor, sin derrumbarse, rendirse ni separarse nunca. Por supuesto, hay momentos de debilidad, pero no hay tiempo para sentimentalismos. La esperanza y el amor son más poderosos que el miedo.

Como en Romeo y Julieta en Declaración de guerra existen dos fuerzas enfrentadas (el cáncer versus la vida) que ponen a prueba a los enamorados y, en este caso, además, se oponen a lo que ellos quieren por encima de todo: la salud de su hijo, que es el fruto de su amor hecho persona. Hay otros paralelismos, pero es más divertido descubrirlos a que un servidor os los destripe. Es inevitable, seamos padres o no, sentirse identificados con los protagonistas, pues igual que ellos se lo preguntan cuando ya les ha ocurrido, nosotros, desde la cómoda butaca, también: ¿y si me pasara a mí?, ¿a mi hijo? (¿o a mi pareja, a mis padres, a mi amigo?). Nadie sabe cómo va a reaccionar ante este tipo de situaciones, pero, por lo menos, los que hemos visto esta película tenemos una referencia más (si no conocemos, de cerca o de lejos, alguno de los millones de casos que hay en el mundo real), para saber por dónde tirar cuando la vida nos desoriente y de dónde sacar las fuerzas cuando creamos que no nos queden. Declaración de guerra no es otro producto al estilo de las series americanas de género hospitalario. John Q, de Nick Cassavetes, podría ser una prima lejana de esta película, pero al contrario que el personaje de Denzel Washington, Romeo y Julieta no apuntan con una pistola a los especialistas que atienden a su hijo y a todo el mundo que se les cruza por delante para conseguir su propósito. La denuncia al deficiente sistema sanitario de Estados Unidos queda manifestada en John Q, sin embargo, Declaración de Guerra, está dedicada a la sanidad pública, tal y como se puede leer al final. Tampoco hay ninguna estrella de taquilla en esta pequeña gran película, rodada con una cámara fotográfica, con un equipo técnico en set de menos de 10 personas y en la que muchos de los personajes secundarios no son actores, sino que se interpretaron a sí mismos en sus tareas cotidianas y en sus espacios de trabajo habituales. La música, junto a la dirección y el montaje, es otro de los puntos fuertes que refuerzan la intensidad de esta historia, convirtiéndola en una película moderna, romántica y cercana.

Hay que seguirle la pista a esta artista, Valérie Donzelli, cuya película fue la candidata a representar a Francia en los Oscar 2012 en la categoría de Mejor película de habla no inglesa (aunque finalmente no pasó el filtro), también fue proyectada fuera de concurso en la apertura de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2011 con un éxito rotundo, estuvo nominada a 6 premios César 2012 y obtuvo los siguientes galardones: Grand Prix del Festival de Cabourg 2011 – Premio del Jurado y del Público en el Festival Paris Cinéma 2011 – Mejor película, Mejor Actriz y Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Gijón 2011.

A pesar de su título, esta no es una película bélica, aunque cuando sus autores terminaron el guión tuvieron la sensación de haber escrito una historia de acción. No hay soldados, tanques, explosivos, sangre, ni ningún tipo de efecto especial espectacular que pueda verse con gafas 3D. La sinopsis de esta película tiene todos los ingredientes para producir un bostezo al adolescente de hoy o al consumidor de cine estrictamente americano. La palabra cáncer puede producir rechazo a un público que busca simplemente entretenerse, pasar un buen rato. Pero no se deje engañar. Con esta película usted reflexionará, reirá y llorará. Saldrá fortalecido del cine. Vaya a verla y me comprenderá, dele una oportunidad. Declaración de guerra es una declaración de amor, y eso le interesa al público de todas las edades. Desgraciadamente, yo la vi en una sala de cine prácticamente para mí solo (únicamente con tres personas más). Hay cine más allá del que nos ofrecen las salas comerciales. La gente no sabe lo que se está perdiendo, ¿a que no?.

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