La fuerza del accidente

Shane Carruth como "Jeff" y Amy Seimetz como "Kris" en UPSTREAM COLOR

Shane Carruth como “Jeff” y Amy Seimetz como “Kris” en UPSTREAM COLOR

Crítica

“Upstream Color” (2013), de Shane Carruth

Por Ana Vidal Egea

“Upstream color” podría ser traducido como “color a contracorriente”; el desconcierto comienza ahí, en el propio título. Hay películas que son como obras de arte, que interpretamos de forma diferente dependiendo del momento vital que atravesemos o simplemente del estado de ánimo. La belleza parte de la indefinición, del caos, de ese enredarse en el principio y en el final, como en un amasijo de palabras que nos conducen por distintos caminos a veces hasta en direcciones opuestas. Es algo que Lynch consigue magistralmente en películas como “Mulholland Drive” y que también vemos en el “Caché” de Haneke; por eso, los espectadores de esta película, que es una oda a la rareza, tienen que estar preparados para dejarse llevar sin sufrir buscando un significado, tratando de entender lo que sucede en cada momento. Si no se es capaz de un estado de relajación uno se verá abocado a la frustración. A esto se suma que “Upstream color“ es tan sólo la segunda película de Shane Carruth (guionista, protagonista, director y productor). Carruth, especializado en largometrajes de ciencia ficción, presentó su primera película  “Primer” (2004) en el Festival de Sundance, consiguiendo el Gran Premio del Jurado. Han pasado nueve años para el estreno de esta segunda obra, llena de poesía visual (tratando de seguir los pasos de Terrence Malick en la equilibrada mezcla de paisajes, colores, personas) con una banda sonora excelente que nos envuelve, nos atrapa, nos sumerge en ese blanco, y que merece el Premio Especial de Sonido en el Festival de Sundance, con el que ha sido galardonada este año. Es un largometraje lento, no-lineal, se salta de una conversación a otra desordenadamente, se entrecruzan los fotogramas, pero de una forma suave, onírica; el espectador tiene un papel activo construyendo como  en un puzzle, pero se le da tiempo.

La película habla de una nueva forma de alienar, robar y someter a personas: los parásitos. A la protagonista (interpretada de forma magistral por Amy Seimetz) un ladrón le suministra una cápsula en cuyo interior hay una larva que la habitará convirtiéndola en una especie de autómata, con el fin de poder desvalijarla. Aunque ella se percata de que hay algo reptando bajo su piel y consigue que la liberen del parásito, nunca volverá a ser la misma persona. Arruinada y sin trabajo, debe de reconstruir su vida, pero ya está ensombrecida para siempre. Es entonces cuando conoce a Jeff (interpretado por Shane Carruth), quién ha sufrido la misma experiencia, aunque no lo descubren hasta mucho después. Se genera entre ellos la complicidad del mismo dolor, del vacío compartido, la mirada perdida, un lenguaje inusual. El mejor diálogo de la película es el silenciado.

La naturaleza tiene en la obra un papel protagonista; las personas que han tenido a la susodicha larva en su cuerpo aumentan su capacidad sensorial, escuchándolo todo con más intensidad, (hasta el correr del agua bajo la tierra), lo que los acerca mucho más al mundo vegetal y animal, y los conecta más al entorno, separándolos más, paradójicamente, de los humanos. En este sentido aparece muchas veces el libro “Walden” (La vida en los bosques) de Thoreau, los portadores de la larva son forzados a estudiarlo; la película habla también de ese momento en la vida en el que el individuo siente la necesidad del cambio, de abandonar el cómodo mundo cotidiano hacia algo nuevo, buscando  significados distintos y convirtiéndose en seres realmente libres y no esclavizados por la sociedad. Pero sobre todo se habla del redescubrimiento de la identidad, de esa parada obligada que experimentan los personajes, y que los conduce a un viaje introspectivo que es el que todos hemos de recorrer al final. “Upstream Color” trata de cómo el accidente transforma a los protagonistas hacia su esencia, forzándolos a la re-elección y a la formulación de preguntas. De cómo los devuelve al punto clave: el principio.