La familia y el Kino, pese a quien pese

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El Café Kino cierra sus puertas, dejándonos un poquito huérfanos. Tal vez su último ciclo, “La familia, pese a quien pese” sea una perfecta despedida. Porque si algo se muere en el alma cuando un amigo se va, cuando quien se despide es la familia, el dolor es aún más grande.

Por Claudia Lorenzo

Tengo una profunda tendencia a meterme en la Plaza Mayor, si es en Navidad mejor, y susurrar con voz cascada: “Chenchoooo, Chenchooo”. Hace unos meses se lo comenté a alguien y me miró como si estuviese loca, sin entender qué ocurría. Me sentí tan mayor que la impresión sólo se me curó volviendo a la Plaza a mediados de diciembre, haciendo la misma imitación de Pepe Isbert de siempre y escuchando, encantada de la vida, que unos minutos más tarde alguien desconocido hacía lo mismo a mi lado.

La gran familia española es tan caótica, divertida y amplia como aquella de Isbert. Por eso, muchas veces, al acercarnos a retratos familiares de hogares más allá del Atlántico nos quedamos sorprendidos ante sus rarezas, su costumbre de llevarse fatal, verse mucho menos que nosotros y ser, sin embargo, tan parecidos a lo que nos espera en casa. Friends nos enseñó que los amigos eran la nueva familia en una época en la que aquí muchos aún creíamos, y creemos, que la familia era familia, los amigos también y, si le echamos algo de tiempo, hasta la tendera de la esquina. Si algo es “familiar” no significa exactamente que le invitemos a la cena de Nochevieja (aunque en mi casa cada vez somos menos, así que estamos abiertos a opciones) pero sí que sentimos una extraña comodidad a su lado. La comodidad para ser nosotros mismos, compartir cocina y baño y adaptarnos al ritmo de cada uno sólo se consigue gracias al cariño y al amor, aunque suene cursi. Como bien aclara el dicho “la confianza da asco”, es esa confianza la que delimita dónde acaba una familia y empieza una relación de amistad en la era de Facebook (aguantarle a alguien los selfis no es lo mismo que aguantarle el carácter).

Decía Tolstoi “todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”, como dándole una pátina de individualidad a la desgracia. Sin embargo, la felicidad no es exclusiva de un parecido, o una serie de circunstancias que tienen que tener lugar para que ocurra. Las familias felices pueden ser incluso más complejas que las que no lo son y, sin embargo, sobreponerse a esas diferencias.

El Café Kino ha preparado una serie de películas que ejemplifican lo complicado que es, simplemente, ser pariente de alguien. Es su ciclo de despedida, ya que en quince días cierra el Kino as we know it y da paso a un Kino itinerante, dispuesto a estar en todas partes a la vez –y qué delicia de idea-.

Comolugar de encuentro, de trabajo, de tes y cafés, de gin tonics, de todo, pero sobre todo, como sala de cine, el Café Kino ha formado parte de la familia de Lavapiés y, sin duda ninguna, de la familia de La Crítica. En una época en la que se emprendedor da miedo, Tere, Juan y Álex, con ayuda de Luisa, crearon un huequillo de magia, de cine del bueno y de acogida a diferentes ideas, desde una revista hasta coloquios y proyecciones de películas que no tenían acceso a las salas comerciales. Pantalla grande, sofás de andar por casa y un plan de mañana o tarde más que económico.

Allí entrevistamos a Juan Barrero, a propósito de La jungla interior, vimos Ciutat Morta, acompañamos a Rocío Mesa y su maravillosa Orensanz. Allí presentamos el ciclo sobre el Muro de Berlín que le hacía ojitos a nuestro monográfico sobre el tema y allí estaremos para despedir la primera parte del camino el 30 de enero. Porque los riesgos hay que celebrarlos y los momentazos que el Kino nos ha dado bien merecen un brindis. Pero antes queda resguardarse en su sala y echarle un ojillo al ciclo.

Fish Tank, Antes de que el diablo sepa que has muerto, Nebraska, En el estanque dorado, Los Tenenbaums y muchas otras forman un ciclo en el que cada uno puede encontrar una historia que le recuerde que, a pesar de que vivir solo tampoco está tan mal, nunca está de más el caos que proporcionan muchas personas bajo un mismo techo. Si no, a ver por qué iba a aparecer Chencho en vez de quedarse pasándolo bien con los gorritos del mercadillo de la Plaza Mayor.

Ciclo La familia, pese a quien pese (puedes consultar el horario en la web del Café Kino)

Gente corriente (1980), de Robert Redford

En el estanque dorado (1981), de Mark Rydell

Annie (1982), de John Huston

Rain Man (1988), de Barry Levinson

Una historia verdadera (1999), de David Lynch

Los Tenenbaums (2001), de Wes Anderson

Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), de Sidney Lumet

El padre de mis hijos (2009), de Mia Hansen-Love

Fish Tank (2009), de Andrea Arnold

Un lugar donde quedarse (2011), de Paolo Sorrentino

Los descendientes (2011), de Alexander Payne

El niño de la bicicleta (2011), de Jean-Pierre y Luc Dardenne

Diamond Flash (2011), de Carlos Vermut

Nebraska (2013), de Alexander Payne

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