La abstracción de lo real

Escena de “Blow-Up”

Blow-Up (1966) de Michelangelo Antonioni

Por Sara Méndez

La primera vez que vi un film de Antonioni yo tenía unos catorce o quince años. Recuerdo que fue un verano durante el cual mi madre me llevó a un cine en el que proyectaban películas antiguas. Yo estaba intrigada por ver el arte de ese gran cineasta italiano al que todos admiraban, pero muy a mi pesar, la experiencia no fue nada grata. Al contrario; el film me provocó tal ansiedad que estuve a punto de salirme de la sala (aunque no lo hice por vergüenza). Ni siquiera recuerdo qué película era, sólo aquel sentimiento de angustia que me produjo una mezcla de claustrofobia y desazón.

Como podréis entender, no volví a ver una película de Antonioni en años. Por suerte, hace un par de veranos, un fotógrafo italiano al que admiro insistió en que debía ver “Blow-Up”.  ¿Cómo podía alguien como yo, que se dedicaba al mundo del cine, no haber visto las películas de Antonioni? Le expliqué la situación pero él, gran orador, me convenció de la grandiosidad del film (aunque he de admitir que lo que me hizo desistir en mi evasiva fue cuando me dijo que “Blow-Up” era su película “más comercial”).

Supongo que si has visto el cine de Antonioni puedes apreciar la “comercialidad” del film, pero si no, es prácticamente imposible. A pesar de todo, la película me enamoró. No supe muy bien por qué pero tras volver a verla (para escribir esta recomendación) pude apreciar el valor de los silencios, la profundidad del personaje, el surrealismo de los hechos… En definitiva, todo aquello que había convertido a Michelangelo Antonioni en el icono que era y es.

Ambientada en el Londres de los años 60, “Blow-Up” relata la historia de un fotógrafo (interpretado por el británico David Hemmings) que, sin darse cuenta, presencia un asesinato mientras saca fotos a una pareja en un parque. Como veis, la trama es simple. Lo que resulta complicado es el trasfondo de la historia. A pesar de la carisma de Hemmings, su personaje resulta en ocasiones cruel a la vez que seductor. La complejidad de su carácter es tan embriagador que resulta difícil odiarle a pesar de la repulsión con la que trata a las modelos que posan para él.

Quizás lo más intrigante del film es la exploración que Antonioni hace del significado de “realidad” a lo largo de la historia. El hecho de que sólo el fotógrafo sea testigo del asesinato convierte la realidad en algo abstracto, pues sólo cuando hay un conocimiento conjunto de la realidad se puede afirmar que existe. Esta premisa queda plasmada de manera alegórica en la escena en la que el fotógrafo lucha contra la muchedumbre durante un concierto de rock por el mástil de la guitarra que lanza uno de los componentes del grupo. Tras conseguir huir con la pieza, ésta pierde su valor. Esta metáfora es una de las escenas más cautivadoras del film y la que resume posiblemente, la esencia de la trama.

Otro aspecto a destacar es la ausencia de música, la cual normalmente nos va marcando cómo debemos sentirnos en cada momento. Antonioni únicamente nos muestra los hechos para luego dejarnos sumergidos en un silencio aterrador, a solas con nuestras impresiones, con nuestra conciencia, lo cual genera cierta ansiedad. Pero es que el cine de Antonioni no es un cine placentero; es un cine íntegro.

“Blow-Up” puede ser su película más comercial, quizás porque es en inglés o porque tiene un protagonista masculino (novedad en el cine de Antonioni), o puede que sea porque muestra sin tapujos la revolución juvenil de la época. Sin embargo, nada de esto comprometió la estética y la calidad artística del cineasta. Al contrario, Antonioni fue capaz de crear una obra maestra, donde la quietud es protagonista (¿no lo es en todos sus films?), con escenas tan espectaculares que han pasado a formar parte de la historia del cine. Y ahora, puede, que al cine de verano.

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