Hasta el infinito y más allá

ResizedLuxo

Por Claudia Lorenzo

Sala de cine, año 2009. Se apagan las luces. Un ultraligero, un niño que quiere ser explorador y una niña que no se calla aparecen en la pantalla. Surge el amor. La música de Michael Giacchino inunda la sala. Y en siete minutos asistimos a lo que ya es una secuencia histórica, el prólogo de Up, una sucesión de imágenes coloridas, llenas de cariño, de rutinas, de alegrías y tragedias, de sueños rotos y aventuras cumplidas que retratan un matrimonio.

Up no es un caso insólito en el cine de animación. Después de todo, tras sus fotogramas está el estudio con más fama, poder y buenas críticas de las últimas décadas, Pixar. Antes de la historia del jubilado que decidió enganchar miles de globos a su casa e irse volando, tuvimos a la rata Remy, que quería ser cocinera a pesar de su especie animal, al padre preocupado de Nemo, al robot de limpieza enamorado y, sí, a Buzz Lightyear y Woody. Porque aunque todo comenzó con una lamparita, en nuestra memoria todo comenzó con unos juguetes.

Fue en 1995 cuando Toy Story, la primera película de animación completamente digital, se estrenaba en los cines de todo el mundo, batiendo récords que no todos predecían. Acabó siendo un éxito de público, crítica y marketing. Distribuida por Disney, nadie imaginaba que un año después del estreno de la “vaca gorda” del resurgimiento del estudio de animación, El rey león, el testigo se pasaría tan rápido a la compañía de animación digital dirigida por John Lasseter, el señor de las camisas hawaianas. Sin embargo, tras alcanzar el cielo con las aventuras de Simba, Disney inició un suave descenso de popularidad enlazando Pocahontas, El jorobado de Notre Dame, Hércules y Mulán, películas que no llegaron a ser los símbolos que anteriormente habían sido La sirenita, La Bella y la Bestia o Aladdin. Y Toy Story, sin embargo, abrió una puerta que se recuerda menos que su éxito económico pero que indica algo mucho más importante: fue la primera película de animación nominada a un Óscar a mejor guión.

ResizedNemo

En la exposición inaugurada el 21 de marzo en el CaixaFórum de Madrid, que podrá verse en la capital hasta el 22 de junio y que posteriormente viajará a Zaragoza y Barcelona, una frase de Lasseter recibe al visitante: “El arte pone a prueba la tecnología y la tecnología inspira el arte”. El dicho es un extracto de unas declaraciones del director al documental The Pixar Story, que en otras ciudades – como Amsterdam- también se incluía en la muestra. La película explora los orígenes del estudio y recoge declaraciones de los diferentes implicados en el proceso. Es curioso observar en ella cómo la mayoría de los que hablan son hombres, lo cual es una justificación clara – aunque insuficiente- de una de las pocas críticas constantes que Pixar ha recibido a lo largo de sus veinticinco años de historia: los personajes femeninos brillan por su ausencia. Hasta Brave, ninguna chica había sido protagonista de una película. Conscientemente, el estudio está solucionando el problema.

En la presentación de CaixaFórum, dividida en películas – desde la primera aventura de Buzz y Woody hasta Cars 2-, se analizan tres partes fundamentales de cada filme: el personaje, el mundo y la historia. Desde mover una cámara diminuta por el suelo para captar el punto de vista de los insectos antes de crear Bichos hasta averiguar las distintas capas de iluminación que hay bajo el mar en Buscando a Nemo, el trabajo que realiza Pixar antes de sacar a la luz un nuevo proyecto es de un mimo y un rigor incalculable. La animación, la creación de ese mundo esencial para sugerir en el espectador la visita a nuevos y mágicos lugares, se beneficia de investigaciones exhaustivas que no dejan nada por hacer. La brillantez de muchas de sus propuestas no surge por ciencia infusa, pero parece hacerlo. ¿Cómo nadie pensó en usar el miedo de un crío ante la oscuridad para invertir el argumento y convertir a una niña pequeña en el terror de los monstruos? ¿Por qué antes de Brave nadie trató cómicamente las discusiones entre una hija y su madre? ¿De verdad deseamos ahora que alguien más hable de estos temas?

ResizedZootrope

Pixar es la meta de cualquier animador, pero también es el sueño de cualquier guionista. Los carteles de la exposición no dejan de recordar que tres cuartas partes del proceso de desarrollo de una película se dedican a la creación de lo que se va a contar: la historia es la reina. Hasta los técnicos de Los Increíbles mencionan que los momentos más espectaculares del filme tenían presente una máxima de su director, Brad Bird: “Las escenas de acción tienen que estar basadas en los personajes”. Todo parte de alguien con quien nos identificamos, sea animal, humano o material. El corazón no se nos encogería con la marcha a la universidad de Andy si no nos hubiesen presentado a los juguetes que desean ser jugados, o nos daría asco pensar en un puñado de ratas llevando la cocina del mejor restaurante de París si no hubiésemos visto a Remy hacer un pisto de calidad. Y, en un giro atípico en las películas para niños – aunque esa etiqueta es discutible en el caso que nos ocupa-, no aceptaríamos el final reaccionario de Monstruos University si Monstruos S.A. no estuviese esperándonos a la vuelta de la esquina. El viaje de Carl a Sudamérica en casa-con-globos, con un boy scout, un pájaro grande y un perro que habla no tendría ni mucho menos el corazón que tiene si no fuese por la ausencia de Ellie. Por ese prólogo que es en sí mismo una clase de cine.

Cuando la exposición que ahora disfrutamos en Madrid se inauguró en el MOMA de Nueva York, Pixar estaba a punto de cumplir 20 años. Ahora, en 2014, casi roza la treintena – a la que llegará en 2016-. El título de la exhibición, sin embargo, sólo celebra 25 años porque no incluye los últimos trabajos estrenados – Brave y Monstruos University-. Aún así, la muestra es espectacular, un viaje a la verdadera fábrica de sueños. Y, de postre, incluye el zoótropo del estudio, un artilugio que  personifica todo lo maravilloso y mágico que tiene el cine.

Son muchas las ocasiones en las que alguien habla mal de Hollywood, oponiendo el concepto de “séptimo arte” al de “negocio” o comentando que los éxitos de taquilla son para mentes vagas. En esos momentos merece la pena rebatir el argumento con sólo cinco letras: PIXAR. Ahora mismo, el arte, el negocio, los sueños, la imaginación, la creatividad, los grandes diálogos y la poesía visual se aúnan en ese estudio de cine. La exposición – y el documental The Pixar Story– ayudan a entender por qué.