Harry Dean Stanton

Por Guillermo López García

El rostro de Harry Dean Stanton resulta familiar. Le pasa como a tantos otros intérpretes a los que vemos en papeles secundarios. Están perdidos en un cajón de la memoria y no podemos recordar su nombre. Nos suena de algo, le hemos visto en muchas cosas pero ¿quién es?, ¿cómo se llamaba?

Harry Dean Stanton estaba acostumbrado a ser el eterno secundario. En 1984, cuando tenía 58 años de edad y casi 30 de carrera en cine y televisión, el New York Times le dedicó una página muy elogiosa alabando su trabajo en Paris, Texas. El periódico adornó la pieza con una fotografía de Harry Dean Stanton. Pero la fotografía era de otra persona. Otro actor. Ese no era Harry Dean Stanton. Y es que este hombre especial puede ser cualquiera de nosotros. No tiene ningún rasgo extraordinario, es más bien anodino, un tipo normal. Pero en esa mirada se intuye algo único, algo muy difícil de conseguir en un actor. Hay en él algo real, crudo, sin adornos ni corazas.

Harry nace en 1926 en Kentucky, Estados Unidos. Su padre cultivaba tabaco y su madre era peluquera. Nada más terminar el instituto y antes de ir a la universidad, participa en la Segunda Guerra Mundial. No hay demasiada información sobre su papel en la contienda pero se sabe que fue cocinero en un barco durante la batalla de Okinawa, Japón. Además de cocinar, Harry cantaba. Sin parar. Cantó en varias de las películas en las que participó a lo largo de su vida. En muchas ocasiones dijo que en sus comienzos dudó entre la actuación y la canción. Fueron sus dos grandes pasiones.

Después de la guerra, vuelve a casa, a Kentucky. Es entonces cuando se matricula en la universidad y estudia periodismo. Más tarde se muda a California donde empieza con el teatro. Son los años 50 y no tarda en arrancar su aventura en el cine y la televisión con personajes pequeños en westerns de todo tipo y producciones de televisión tan populares como Los Intocables, Bonanza o El Fugitivo. Sus apariciones son siempre con episódicas, muy puntuales. 

En los 70, con el cambio de modelo de producción de los grandes estudios en Hollywood y la llegada de una nueva ola de directores, es cuando Harry Dean Stanton comienza a acumular créditos en películas como Pat Garret y Billy el niño de Sam Peckinpah, El Padrino II de Coppola o Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott.

Otro de los grandes intérpretes de esa época dorada del cine, Jack Nicholson fue uno de los apoyos fundamentales de Dean Stanton. Compartieron apartamento durante un tiempo y Nicholson fue padrino de su boda cuando se casó con la actriz Sandra Knight a finales de los años 60. Los actores mantendrían la amistad durante toda su vida. Se les pudo ver juntos en los partidos de los Lakers hasta los últimos años de Dean Stanton. Jack era el tío famoso y Harry el amigo del tío famoso. Nunca le importó. 



Fue agente del FBI en El Padrino II (1974), tripulante del Nostromo en Alien, el octavo pasajero (1979) de Ridley Scott, participó en la gran aventura de Kurt Russell en Escape from New York (1981) de Carpenter, fue Travis Henderson, el papel de su vida, en Paris, Texas (1984) de Wenders y se convirtió en Pablo en La última tentación de Cristo de Scorsese. Colaboró hasta el final de sus días en el universo cinematográfico de David Lynch participando en varias de sus películas y hasta tuvo un pequeño papel en la mítica Twin Peaks. Harry Dean Stanton acabó su carrera y su vida con una joya autobiográfica: Lucky. En ella está su versión de Volver Volver de Vicente Fernández.

Pocas veces un actor ha hecho tanto con tan poco como hizo Harry Dean Stanton en Paris,Texas de Wim Wenders. Ese mismo año visitó el plató de David Letterman para la primera entrevista de su vida en un Late Night. Tenía 58 años. Estaba nervioso, nunca fue una estrella convencional. Era gracioso y tierno de forma natural. No tenía nada de impostado. 

Que cada cual escoja su momento favorito de entre sus más de 200 intervenciones en cine y televisión. Hay para todos los gustos. Lo que es seguro es que el rostro de este ser humano excepcional nos acompañará hasta el final de nuestros días. Da igual si te acuerdas de su nombre. Seguro que has sentido su fragilidad, su buen humor, su tristeza infinita. Hay intérpretes que elevan su profesión y establecen nuevas marcas de excelencia. Este hombre flaco y fumador al que le apasionaban las canciones mexicanas estará siempre al otro lado de la pantalla para acompañarnos. Gracias por tanto Harry Dean Stanton.


En FILMIN (España) están disponibles una docena de sus películas y el documental Harry Dean Stanton Partly Fiction (2012) de la directora Sophie Huber. La PBS produjo otro documental sobre su vida en la que intervienen muchos de sus amigos y que lleva por título: Harry Dean Stanton: Crossing Mullholland.



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