Forastero en Nueva York

Cowboy de medianoche (1969), de John Schlesinger

Por Rau García

Recuerdo perfectamente el lugar, el momento y con quien vi esta película que tenía pendiente desde hace tiempo, pero no acaba de decidirme a ver nunca. Fue con uno de mis mejores amigos, lo que luego tomaría sentido pues Midnight Cowboy trata, ante todo, sobre la amistad. Cuando acabó me pregunté cómo había podido pasar tanto tiempo sin ver esta joya del cine, pues previamente había tenido varias oportunidades, pero no lo hice hasta entonces, por pereza. Sin embargo, supe que ese día fue el momento vital idóneo, pues si la hubiera visto unos años antes quizá me hubiera quedado en la superficie y no la hubiera comprendido en toda su dimensión. Tanto mi amigo como yo quedamos impresionados ante semejante obra maestra, creo que ninguno nos la esperábamos así. Hubo un momento de trance (con lágrimas incluidas), ese que sólo pasa en contadas ocasiones, cuando ves, lees o escuchas algo que te emociona y que conecta contigo, y que te hace tardar unos segundos en salir de un placentero ensimismamiento. Además de una sorpresa, Midnight Cowboy fue un descubrimiento, pues a partir del momento en que la vi cambió mi percepción o me abrió los ojos ante diferentes aspectos de la vida, pero no de un día para otro. Es una película que llevo en la mente desde el primer flechazo cinematográfico y que he ido asimilando y saboreando lentamente con el paso de los años, que reafirmó además mi pasión por este arte.

El escritor James Leo Herlihy

Años después encontré la novela en la que está basada la película en una librería de segunda mano del barrio madrileño de Malasaña, en la que de vez en cuando me sumerjo en busca de tesoros descatalogados. Y efectivamente, encontré uno, el cual no sabía ni que existía. Me la llevé a pesar de que estuviera un poco deteriorada (era difícil no pasar de página sin arrancarlas, pero el precio era prácticamente un regalo, además, la prefería en ese estado a comprármela nueva, parecía estar allí para mí). Su autor, James Leo Herlihy, la publicó en 1965, pero esta edición era posterior a la película, pues en la portada salían los actores de la película caracterizados como los personajes de la novela. En sus páginas comprobé que era un material potentísimo para hacer una adaptación cinematográfica. A pesar de su calidad independientemente de la película, no pude separar a Jon Voight como “Joe Buck” y a Dustin Hoffman como “Ratso”, “Enrico (Salvatore) Rizzo” o “Rico” como el personaje quiere que se le llame, tal y cómo los guardo en la memoria, pero fue gracias al germen literario por el que nació esta obra maestra, bastante fiel al texto original, pero con algunos cambios y síntesis, claro, muchos de ellos surgidos a raíz de la improvisación y ensayos previos al rodaje de los actores y de las grandes aportaciones de todo el equipo que el director escuchaba e incorporaba. Recomiendo especialmente esta novela para completar los recovecos que no se pueden abarcar en una película, aunque a veces ésta va más allá; para conocer mejor a los personajes a nivel interior (psicológico), y para apreciar la hermosa labor de un guionista adaptador. Por tanto, Midnight Cowboy es la suma de la lectura + el visionado, sin importar el orden, pues la novela completa a la película y viceversa.

Joe Buck tiene veintantos años pero por su experiencia en la vida parece tener 18. Dejó el colegio a los 14 años, donde no tuvo ningún amigo y de más mayor no disfrutó nunca de una vida social. Debido a la ausencia de cariño de una madre, de un padre o de otra figura que le criara en condiciones (su abuela no le prestó la atención que se merecía), siempre buscó el afecto de Dios, pero al fallecer todos sus familiares más allegados pierde la fe y substituye este vacío por la televisión, que utiliza inconscientemente para no pensar en sus problemas, creándole una preocupante adicción que le afectará a su forma de relacionarse en la vida real. También somos testigos literarios de cómo experimenta la pubertad o el origen de su decisión por vestir y comportarse como un vaquero. Esto es solamente un ejemplo de los antecedentes que podemos encontrar en la novela. La película capta a la perfección la esencia y la atmósfera del libro, que también leyeron los actores para construir y dar vida a sus papeles. Está llena de metáforas y sutiles descripciones de lugares, personajes y sentimientos, todas ellas con una inteligencia, un estilo y una sensibilidad realmente conmovedoras.

Trata sobre un muchacho que trabaja de lavaplatos en Houston (Texas), de donde se intuye que ha salido poco y no muy lejos, o nunca, que se cansa de su monótona vida y decide abrirse horizonte, con un nuevo look de vaquero, viajando a Nueva York, donde ha escuchado que hay mujeres con dinero que pagan por mantener relaciones sexuales, lo que convertirá en su nueva forma de ganarse la vida. En la jungla de la gran ciudad que es Manhatan, aún desconocida y peligrosa para él, se topa con un carterista de poca monta, conocido en el barrio por su fama de trapichero, que se ofrece a ser su representante. Allí caerá en una desagradable telaraña de la que será difícil salir, de modo que tendrá que espabilar si quiere comer caliente y dormir bajo techo, y aprender a distinguir en quien puede confiar para que no se aprovechen de él, a ser un poco más listo, “pícaro” es la palabra, porque este ingenuo personaje no puede ser malo de corazón, aunque se esfuerce. Una dura historia sobre el paso de la inocencia a la madurez, sobre el descubrimiento de la masculinidad, sobre la búsqueda y formación de la personalidad, sobre la responsabilidad, sobre el rechazo por naturaleza a la soledad impuesta y, por encima de todo, sobre la humana necesidad o dependencia de la amistad, de una sincera que sobreviva a todo tipo de adversidades. Es también una radiografía de Manhatan, con sus luces y sus sombras, de los personajes (y sus sueños) que la habitan, marginales, invisibles a los ojos de la mayoría, excepto a los del forastero.

John Schlesinger entre John Voight y Dustin Hoffman

Rodada en 1968 en Texas, Nueva York, Florida y Nueva Jersey, dirigida por el londinense John Shlesinger (Marathon Man, Como plaga de langosta, El juego del halcón, De repente, un extraño, Los creyentes) y adaptada por Waldo Salt (guionista de Serpico o El regreso), fue una producción de Jerome Hellman arriesgada por su temática y estructura. Pero llegó, no sólo a estar nominada, sino a ganar el Oscar a Mejor película, a Mejor director y a Mejor guión adaptado, a pesar de su calificación de película “X”, algo inaudito hasta la fecha, que solamente conseguiría una película con la misma distinción: La naranja mecánica, de Stanley Kubrick, dos años más tarde.

Una entrañable película con escenas, personajes, interpretaciones y frases míticas de las historia del cine que se han homenajeado en decenas de films posteriores, y montones de anécdotas como que la escena de la fiesta a la que invitan a Joe Buck es un estudio inspirado en The Factory, de Andy Warhol (que era amigo del director), quien aportó obras suyas para el atrezzo de la localización y mandó a algunos de sus amigos para que participaran en el rodaje. O que Dustin Hoffman, que siendo un actor desconocido y habiendo ya firmado el contrato para hacer Midnight Cowboy, rodó El graduado (1967), de Mike Nichols, que se estrenó antes, convirtiéndole en una estrella, lo que benefició aún más a la película de John Schlesinger. Y con la inolvidable banda sonora instrumental de John Barry, con la melancólica armónica que toca el gran Toots Thielemans, y la canción compuesta con anterioridad a la película por Fred Neil que interpreta Harry Nilsson “Everybody´s talkin´”, que a veces resuena en mi cabeza cuando camino Gran Vía abajo mezclado entre el bullicio de la gente como si fuera la 5ª Avenida de Nueva York, donde vive mi amigo con quien vi por primera vez esta película tan especial.

A continuación, el tema original cantado por su autor y el trailer: