Flirteando con el indie americano

Nadia Santiago en “Ali”

Crítica

“Ali” (2012) de Paco R. Baños

Por Claudia Lorenzo

A la hora de definir “Ali” como “Juno” a la española, la definición encaja como un sinónimo. En vez de Ellen Page, nosotros tenemos a Nadia Santiago, que abraza el papel de una chica-niña reacia a conducir y enamorarse tras ver la ajetreada y trágica vida amorosa de su madre, interpretada por Verónica Forqué. La historia de amor entre la joven irónica y el friki produce una gran sensación de déjà vu que creo que los responsables de la película no tratan de ocultar en ningún momento. El esfuerzo por salirse de los cánones e intentar homenajear al último cine independiente americano, del que “Ali” bebe descaradamente, se ve mermado por un guión deficiente y unos personajes no necesariamente interesantes.

Ali, trabajadora en un supermercado, no tiene mayor objetivo en la vida que, parece, boicotear la vida amorosa de su madre. Después de todo, a ella le ha tocado sufrirla en buena parte. Enrollarse con su compañero de trabajo y evitarle forma parte de su educación emocional, pero donde Juno era ágil y divertida, Ali resulta cruel y maleducada. A la vez, donde el personaje de Michael Cera se nos aparecía tridimensional con todas sus rarezas, el de Julio cojea en lo más importante: su personalidad. Antes que presentárnoslo como un chico por el que Ali normalmente perdería la cabeza, se nos presenta como una suerte de mezcla de todo lo necesario para reaccionar a lo que la protagonista haga. ¿Por qué se gustan? Es un misterio.

Por otro lado, la que parece la relación más importante de la película, entre Ali y su madre, está mucho más definida y es más fácil empatizar con ella. A esto ayuda enormemente Verónica Forqué haciendo de señora loca pero llena de esa candidez que la actriz lleva destilando décadas en la gran pantalla. Lo mejor de Ali se nos muestra reflejado en ella ya que, como dice el dicho, “madre no hay más que una”, y no importa cuántos anti-depresivos se haya tomado o cómo de rebelde sea la hija.

La dirección de Paco R. Baños, ejemplo de cómo el cine joven español bebe de fuentes cada vez más internacionales, da con un muro cuando se encuentra con un guión, co-escrito por el director y por Rafael Cobos, al que le hacía falta una última pasada para hacer que, como se suele decir, los personajes salten de la página y se conviertan en personas. Aún así, y siendo ésta su ópera prima, la curiosidad por explorar otro tipo de cine convierte a Paco R. Baños en una cara a seguir en el panorama nacional.