Es cine, señores presidentes

Fernando Rey y Ángela Molina en Bearn o la sala de las muñecas (1983)

Por Joana M. de Roque

Don Poiccard (Editor de LA CRITICA NYC), al que seguramente conté alguna historia de ficción cuando era niño, me pide un artículo sobre cine “de lo que quieras”, en estos tiempos en los que nada es como parecía ni como creíamos que era. Pienso en el recurrente tema de Mallorca y el cine: El secreto de la pedriza (Francesc Aguiló, 1925), El verdugo (Berlanga, 1963), Un invierno en Mallorca (Camino, 1969) Bearn (Chávarri, 1983), El mar (Villaronga, 1999), La caja Kovak (Monzón, 2005) o Yo (Cortés, 2007), por citar sólo algunas. Hay otras en las que las islas eran meramente un escenario/paisaje, como La isla del holandés (Monleón, 2001), rodada en Formentera o El celo (Aloy, 1999), en la que intervino Lauren Bacall.

Recapacito. ¿Alguna describe cómo es Mallorca? No. Ni es necesario. Es cine, es ficción y la ubicación o el paisaje son casi siempre circunstanciales. Lo explica claramente Albert Espinosa -el guionista de la conocida serie de Las pulseras rojas (2011), que, de verdad impresionó a Spielberg- en su libro El Mon Groc. Dice que “el mundo que nos enseñan las películas, el del cine, es un mundo creado por tópicos que no son ciertos, y acabamos pensando que el mundo es así. Te enseñan cómo es el amor y después te enamoras y no es como en las películas. Te enseñan cómo es el sexo, luego practicas sexo y tampoco es como en las películas. Incluso te enseñan cómo son las rupturas de las parejas. Cuántas veces la gente ha quedado con la pareja en un bar y ha emulado una ruptura de cine. Y no funciona porque lo que en el celuloide se despacha en cinco minutos, a ti, después te cuesta seis horas y al final no rompes, sino que te comprometes a casarte y a tener un hijo”.

Todo ello es aplicable a cualquier país, cualquier ciudad, cualquier isla, cualquier circunstancia. Por ello ya no me pregunto si Mallorca está bien o mal representada en el cine. Ni siquiera si lo está en el documental de Michael Douglas sobre la sierra Tramuntana. Se conocen y reconocen ciudades a través de las películas pero no creo que la mejor manera de ayudar al turismo o al cine (a ninguno de los dos) sea promover o forzar escenarios o paisajes que quizá resulten insubstanciales o, simplemente innecesarios.

En Mallorca, como en varias Comunidades Autónomas existe una entidad llamada Film Commission cuya finalidad consiste en promover a los lugares como espacio de rodaje. Woody Allen se apoyó en algo así para rodar con escenarios catalanes, o de Barcelona en concreto, pero desconozco si su película influyó en el aumento del turismo a la comunidad catalana, aunque seguro que nadie o casi nadie espera tropezar con Javier Bardem o Penélope Cruz al acudir a la ciudad.

¿No sería mejor ayudar directamente a los que hacen películas en o desde las comunidades autónomas o en general desde España, tanto si los protagonistas pasan todo el tiempo en una habitación cerrada como si están en la playa? ¿Otra versión de La cena de los idiotas (Veber, 1998) o de ¿Quién teme a Virginia Wolf? (Nichols, 1966) con algunos planos de mar visto o pensado debería suponer subvenciones? ¿A alguien se le ocurre encargar rápidamente pasajes para acudir a Mallorca después de ver La caja Kovak (2006) de Daniel Monzón? ¿Aquellos siniestros guardia civiles que llamaban al verdugo de Berlanga en las cuevas del Drach contribuyeron a atraer al turismo. ¿Alguien irá a Mallorca pensando en encontrar personajes como los de Bearn? Tampoco me acabo de creer que lleguen más turistas a Mallorca por el hecho de que su mar se vea en una película de piratas como la reciente de Tom Hanks y Halle Berry Cloud Atlas (El Atlas de las Nubes). 

El debate sobre cómo y cuánto debe subvencionar la Administración a la industria del cine tiene múltiples derivaciones y afluentes, pero pienso que, en todo caso es una perversión que pueda depender de los paisajes o lugares que se puedan introducir de forma más o menos forzada. Así como está montado es como si se subvencionara a escritores para que vinieran a escribir a la isla e introdujeran párrafos sobre el paisaje isleño.

Que existan estudios y medios técnicos a disposición de los que quieran rodar películas en Mallorca me parece muy positivo, pero no entiendo bien de qué se habla cuando se dice que muchos dineros van a repercutir en la economía local. Si es por los turistas que vendrán, no me lo acabo de creer, si es por la industria auxiliar de producción, quizá. Pero sobre todo me pregunto: ¿no sería mejor pensar en los que tienen algo que decir o rodar que en los paisajes que puedan salir en las películas? Y hecho esto, convendría definir a quién y cómo se reparten las ayudas de la Administración, si es que aún las hay, si quienes nos gobiernan creen que conviene promover la cultura y que el cine es cultura y ficción. Y otra cosa los documentales, también muy distintos a los anuncios.

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