Ella, o ella, o ella… y él

Isabelle Huppert

Crítica

“In another country” (2012) de Sang-soo Hong

Por Genoveva Santiago

¿Cómo sería tu vida ahora si aquel día en vez de tomar el camino de la izquierda hubieses tomado el de la derecha, o hubieras regresado sobre tus pasos? Tres posibilidades, una búsqueda. El director surcoreano Hong Sang-Soo rueda una pieza sencilla, que resulta curiosa de ver, en la que investiga acerca del tema de la comunicación… o la incomunicación, según quiera verse. Y todo esto en el inamovible marco del azar.

Es interesante la multiplicidad de puntos de vista: nunca sabremos cuál es la verdadera importancia (o lo que pudo ser y ya no será) de las pequeñas cosas que nos ocurren todos los días. “In Another Country” nos propone asistir a tres posibles vidas de una sola mujer: Anne. Anne independiente, Anne casada, Anne abandonada. La repetición en un mismo entorno es lo más atractivo de la película, puesto que lo cotidiano adquiere una importancia desacostumbrada: una botella en la playa, un faro, un paraguas, un paseo para ir a la compra, una bifurcación en el camino, o incluso el amor. La vida está hecha de decisiones.

La gran pregunta que plantea la película es: ¿acaso existen dos personas que hablen el mismo idioma?

Se trata de una película sencilla, un experimento de metacine, con pocos medios pero unos actores excelentes (es remarcable el trabajo de un divertidísimo Yu Junsang y de la siempre encantadora Isabelle Huppert); una obra con una firma bien definida y sólida, aunque no termina de cuajar. Hong Sang-Soo abusa del zoom o de los desplazamientos bruscos de la cámara, con lo que sólo logra romper el encanto. Porque si hay algo que sí está conseguido es la frescura: el director iba escribiendo el guión durante el propio rodaje, por las noches, y por la mañana deslizaba las páginas bajo la puerta de la habitación de los actores para que se aprendiesen el papel muy rápido, en un idioma además (el inglés) que no era el de ninguno de ellos.

El idioma es otro de los puntos fuertes de la película: hay una desestructuración del lenguaje que no hace sino desvelar sus debilidades. Los personajes no se entienden, así que terminan gesticulando para intentar comprenderse. El lenguaje es motivo de acción en sí mismo: dificulta las relaciones interpersonales, ya que los diálogos son rotos, sordos, e hilarantes también.

Nunca sabremos cómo habría sido la relación entre Anne y el socorrista si él hubiese podido descifrar la carta que ella le escribe. O si simplemente pudiesen hablarse en el mismo idioma. Y esa es la gran pregunta que plantea esta película: ¿acaso existen dos personas que hablen el mismo idioma?