El thriller que no pudo ser

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Crítica

Lasa y Zabala (2014), de Pablo Malo

Por Claudia Lorenzo

Había una gran película en Lasa y Zabala, porque había una buena historia que contar con todos los rasgos del thriller político. Había una gran película porque existía un ambiente cargado, lleno de tensión y de miedo, de donde se salió por peteneras para detener la sangría de muertos que estaba provocando ETA a principios de los 80. Había una gran película porque, aunque se diesen esas condiciones ambientales, sigue siendo incomprensible el secuestro, la tortura y el asesinato de dos jóvenes a manos de un grupo organizado por los más altos poderes para intentar dar solución a un asunto que se nos iba de las manos. Había una gran película en Lasa y Zabala como puede haberla en muchísimos atentados, secuestros o violaciones de la ley que ocurren en nuestro país desde que llegó la democracia.

Lamentablemente, Lasa y Zabala no es esa gran película que podía haber sido. No es el thriller político que prometía porque carece de demasiados elementos para ganarse la empatía del espectador, sobre todo contexto.

En 1983, los veinteañeros José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, miembros de un comando de ETA huidos a Francia, son secuestrados, torturados y asesinados por un grupo del Gobierno encargado de emplear mano dura contra el terrorismo. Sería la primera intervención de los GAL. Tras su muerte y posterior enterramiento en cal viva, sus cuerpos no se identifican hasta 1995, en donde un policía ata cabos y une la desaparición de los dos chavales a unos huesos encontrados en Alicante. Una vez confirmada esa sospecha, las familias de ambos, representadas por el abogado Iñigo Iruin (Unax Ugalde), inician una investigación para conseguir juzgar y encarcelar a los máximos culpables.

Lasa y Zabala ocurrió en un momento determinado, en una crispación concreta. Igual que en La isla mínima se palpa, aunque no se mencione constantemente, la tensión que había en el ambiente, aquí el espectador necesita ver o saber cuál era la situación de ETA en aquel momento, cuántas víctimas se habían cobrado, quiénes eran los muertos y secuestrados más recientes… También necesitamos saber qué han hecho estos chicos para estar en Francia exiliados -acababan de tomar parte en un atraco pero en el momento de su captura no se habían visto involucrados en delitos de sangre-, por qué tienen dificultad con los permisos de residencia, qué hacen dos guardias civiles apostados delante de su casa y por qué los GAL creían que era primordial detenerles a ellos en concreto. Necesitamos saber por quién preguntan en las fotos que les hacen identificar y cuál es la razón última que les lleva a matarlos.

También, si a quien vamos a seguir durante todo el proceso es al abogado Iñigo Iruin, el personaje con más peso de la historia, necesitamos saber quién es, de dónde viene, a quién defiende, si es bueno en su trabajo, si recibe este caso por algo. Necesitamos entender, aunque sea secundario, qué pasa con Jesús García desde que investiga los cuerpos en cal viva hasta que le da un infarto en el estrado declarando en los juicios de los asesinatos años después.

Lasa y Zabala podía haber sido, como alguien me dijo hace poco, nuestro En el nombre del padre, una historia de horror y barbarie contextualizada en una época en la que la única salida que encontró el Gobierno fue el ojo por ojo y diente por diente, incluso llevándose a gente inocente por el camino. El thriller político español, que tiene en el terrorismo de ETA y los conflictos derivados una mina para analizarse y hacerlo bien, necesita reescribir sus guiones. La película ha recibido muchas críticas que la consideran partidista, pero no es ésa la palabra. Lasa y Zabala es vaga en su narración, intenta cargar las tintas en las brutalidades sufridas por los chavales pero miente por omisión y por confusión. Porque no hay nada, nada que hacer, sin un buen contexto y una explicación de todo lo que ocurría. Porque las cosas, las ideas aberrantes como el GAL, salen de algún lado, aunque sean disparatadas.

Si hemos podido reírnos con Ocho apellidos vascos, estamos preparados para ver el tema con seriedad y rigor.

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