El terror interior

babadook1

Crítica

The Babadook (2014), de Jennifer Kent

Por Pablo Álvarez

“Cuando la imaginación excitada se fija en una quimera, tarde o temprano esta acaba por materializarse”  Alfred Kubin.

Tras su exitoso paso por distintos festivales y avalada por comentarios favorables de gente tan ilustre como William Friedkin o Guillermo del Toro, por fin llega a nuestras pantallas The Babadook, la ópera prima de Jennifer Kent que ha sorprendido a propios y extraños, convirtiéndose en una de las propuestas del género de terror más interesantes estrenadas en los últimos años.

La cinta cuenta la historia de Amelia, una madre soltera que todavía no ha afrontado la muerte de su marido sucedida seis años atrás y que tiene que asumir sola la educación de su problemático hijo Samuel. Cuando un extraño cuento titulado El Babadook aparezca repentinamente en su casa, Samuel empezará a tener visiones del siniestro personaje que lo protagoniza. A medida que pase el tiempo, la propia Amelia comenzará a creer que lo que ve su hijo podría llegar a ser algo más que una simple invención.

Jennifer Kent aborda su primer largometraje, ampliando y profundizando en los temas que sirvieron como base a su cortometraje Monster.  Al igual que en ese trabajo, la directora traslada a la pantalla la idiosincrasia de los cuentos infantiles como el que da título al film, sirviéndose del poder alegórico de este tipo de obras y las múltiples lecturas que ofrecen. El resultado es una película de terror, que explora los monstruos que toman forma a partir de los propios traumas y el modo en el que se introducen en nuestras vidas alimentándose de nuestros temores más ocultos. Para remarcar la naturaleza psicológica del relato, Kent sitúa a su protagonista principal en un estado de vigilia constante, en el que se confunden lo onírico y lo real. A su vez, tanto la puesta en escena como los decorados, denotan en determinados instantes una clara influencia de los films silentes del expresionismo alemán, algo que también queda patente en la apariencia del monstruo, cuya silueta remite al Caligari del film de Robert Wiene. La labor tras las cámaras resulta elegante y acertada tanto al explorar el drama que arrastran sus personajes, como a la hora de mostrar el horror. Las apariciones de la criatura siempre suceden en la oscuridad, estableciendo un juego entre la ambigüedad de su forma y la imaginación del espectador. Estas se plasman sin un acompañamiento musical que las potencie, demostrando que a veces el uso de menos elementos resulta más efectivo, al prescindir de los golpes de efecto a base de sonidos estridentes tan habituales en el género. Pero al margen de estos aspectos, la cinta resulta efectiva por la acertada construcción de sus personajes, potenciada por las excelentes interpretaciones de sus actores principales. La australiana Essie Davis ofrece una gran actuación plagada de matices, siendo capaz de pasar de la extenuación a la demencia más desatada en un instante. Por su parte, el pequeño Noah Wiseman consigue lo propio, resultando irritante en unas escenas, para mostrar vulnerabilidad en otras, haciendo gala de un envidiable manejo del cambio de registro a pesar de su corta edad.

The Babadook supone, en definitiva, un cuento oscuro, con moraleja incluida, que ofrece una lectura menos amable de lo habitual sobre la maternidad, a la vez que muestra instantes verdaderamente sobrecogedores. Con este film  Jennifer Kent se presenta como una interesante cineasta, cuya carrera habrá que seguir de cerca.