El tercer viaje de Xavier

NuevaVida2

Crítica

Nueva vida en Nueva York (2013), de Cédric Klapisch

Por Claudia Lorenzo

Comentan mis vecinos de butaca en la sala lo muy cercana a la realidad Erasmus que era Una casa de locos. Como internacional en otros países y receptora de estudiantes europeos en el mío, aunque no estudiante de esa beca, siento que sí que se aproximaba a la locura que proporciona la libertad repentina del joven en un país extranjero. La experiencia como guionista de Xavier en Londres, o sus viajes por Rusia, no me son conocidos, aunque tengo que confesar que la primera vez que vi Las muñecas rusas la disfruté más que su predecesora.

Sin embargo Nueva vida en Nueva York es un retrato exacto y descacharrante de lo que supone mudarse a la Gran Manzana con una mano delante y otra detrás y enfrentarse a los pisos imposibles de alquilar, el visado que nadie consigue – ni siquiera con la lotería- o los trayectos en metro que nunca sabes cuándo acabarán – una pena no usar los trenes express neoyorquinos para un gag, pero es cierto que la ciudad tiene demasiadas rarezas que son carne de comedia-. En esta tercera entrega de la trilogía de Xavier y sus amigos, el personaje interpretado por Romain Duris, que en el filme anterior había decidido comenzar una relación seria con Wendy (Kelly Reilly), se encuentra de repente sin mujer y sin hijos, porque ella le ha dejado y se ha mudado a Nueva York con su nuevo novio y sus retoños. Así que Xavier, ni corto ni perezoso, sale corriendo detrás de los niños, siempre con el apoyo de su amiga Isabelle (Cécile de France), que también ha encontrado el amor en América y vive en un loft inmenso de Brooklyn con su novia. La llegada a una ciudad extraña, a un entorno desconocido, y la presentación de situaciones y personajes interesantes y reales hacen que Nueva vida en Nueva York sea probablemente la comedia romántica más cándida de la trilogía, pero también la más redonda.

Xavier, un personaje un tanto indeciso en Una casa de locos, y un Peter Pan imposible en Las muñecas rusas, es aquí un adulto que carece de sus dejes adolescentes del pasado – Xavier actúa constantemente en vez de dejar que las cosas ocurran- pero que tiene que enfrentarse a una realidad diferente a la que conoce y acaba metiéndose en sí mismo para crear una coraza y dar la cara por esa vida que él cree tan complicada y que su amiga Martine (una maravillosa y nada amélieniana Audrey Tatou) ve tan normal. “Se nota que no has vivido en China”, le espeta en un momento, harta de sus quejas. Así Xavier torea las dificultades que conlleva necesitar un visado para dividir la custodia de sus hijos de forma amigable y tener potestad en las decisiones que toma su exmujer, pero también recorre la ciudad en busca de un apartamento decente y relativamente económico y se emplea como mensajero en bicicleta siempre a riesgo de romperse los morros contra el asfalto neoyorquino, renovado por última vez probablemente en los años 30…

Con la trilogía “Erasmus” Cédric Klapisch retrata como nadie a una generación de jóvenes, europeos y mundiales, que se acostumbraron a viajar con las becas estudiantiles y que no han dejado de hacerlo, ya sea por trabajo, por amor o por necesidad familiar. Los treintañeros de hoy en día están hechos a los noviazgos de larga distancia y al Skype como medio de comunicación. Si en Una casa de locos había un teléfono para toda la casa y los móviles eran novedad absoluta, en Nueva vida en Nueva York el ordenador y el smartphone son amigos inseparables. El francés se mezcla con el inglés y el español en un filme que debe apreciarse en versión original para distinguir los cambios de lenguaje y tono.

Kaplisch elabora un alegato a favor de la movilidad, la buena globalización, la interculturalidad y las puertas que se abren con un curso universitario en el extranjero y se cierran con un desfile del Año Nuevo chino por Downtown Nueva York. Una película optimista, alegre y divertida, y una comedia romántica como las que le hacen falta al género.