El sufrimiento en verso (catalán)

Crítica

“Otel.lo” (2012), de Hammudi Al-Rahmoun Font

Por Claudia Lorenzo

Cuando estudiaba guión en Nueva York, alguna mente con cero pericia psicológica decidió juntar en el mismo edificio a los escritores y a los actores. No podía haber dos grupos más diferentes y más extraños los unos a los otros. Mientras ellos gritaban por los pasillos, se abrazaban constantemente y se sumían en un melodrama tras otro –o eso creíamos-, nosotros, discretos, ratas de Courier, hundíamos nuestra cabeza en los portátiles y hablábamos de cosas como el punto de giro, la cuarta secuencia y el Final Draft. A pesar de tamaño choque de talentos, el trabajo de los actores y su resistencia siempre me ha impresionado. Chillidos y exageraciones aparte, los actores son un gremio inundado de prejuicios que trabajan con algo tan delicado y vulnerable como sí mismos. Yo, personalmente, creo que hay que ser un poco extraterrestre para no sentir nada cuando Cary Grant de dice que te ama, igual que cuando los nazis te maltratan hasta la saciedad. Y no creo que esos de la pantalla sean marcianos. Nuestra personalidad, la de todos los seres humanos, porosa como es, lo absorbe todo, lo bueno y lo malo, y trabajar con eso expuesto es de una valentía impresionante.

Por eso comencé a sonreír a los diez minutos de “Otel.lo”, la película española dirigida por Hammudi Al-Rahmoun Font, presente en el Atlántida Film Fest. Soy poco amiga de destripar los argumentos de películas que emocionan cuando no se sabe nada de ellas, pero es complicado e ininteligible seguir hablando de “Otel.lo” sin mencionar lo que te vas oliendo según pasan los “actos” de la obra, que tiene lugar durante los ensayos filmados y el rodaje de esta libre adaptación cinematográfica, pero todavía muy teatral, del clásico de Shakespeare. Cine dentro del cine. El papel de director lo encarna el propio Hammudi Al-Rahmoun Font, un bicho de mucho cuidado que no duda en liarse la manta a la cabeza y jugar con la realidad de sus actores para extraer interpretaciones acordes con lo que el gran bardo escribió hace siglos. Así tenemos al protagonista de la obra, que se ve introducido en una espiral de celos de la que es incapaz de salir, tenemos a Desdémona, víctima o traidora, tenemos a Casio, inocente pero culpable de pensamiento (¿o no?) y, sin duda, al personaje más jugoso de todo el asunto, Yago, encarnado por la mente maestra de este juego tortuoso. Para que luego hablen del Método.

Me incomoda especialmente ver cómo la chica, para variar, es la vejada, la maltratada, la abusada. Sin embargo, tras este exabrupto hay que destacar la valentía del grupo de jóvenes, auspiciados por la ESCAC que últimamente trae lo más fresco del panorama nacional, para sacar adelante una película alejada de los prototipos de cine español. Y no, no hablo de desnudos, de humor grueso o de Guerra Civil, esos no son generalidades justificables. Hablo de nuestra costumbre de hacer cine sobre seguro. “Otel.lo” demuestra que hay gente interesada en explorar otros tipos de cine y de arriesgarse. No es la primera cinta que lo hace, pero su presencia confirma una tendencia joven que da muchas esperanzas a la renovación generacional del séptimo arte en nuestro país.