El resurgir de Cage

Tye Sheridan y Nicolas Cage

Tye Sheridan y Nicolas Cage

Crítica

Joe (2013), de David Gordon Green

Por Pablo Álvarez

La región sur de E.E.U.U se ha establecido desde siempre como un entorno idóneo donde ubicar un determinado tipo de historias distanciadas en cuanto a temática de la visión más idílica del país. En los últimos años han llegado cintas como Bestias del sur Salvaje, Mud o la exitosa serie de televisión True Detective, que mostraban la importancia de este escenario a la hora de transmitir la sensación de melancolía y desesperación que experimentaban sus personajes, generalmente parias de la sociedad envueltos en un ambiente de miseria. “Joe” se encuentra enmarcada en este tipo de obras.

La película sigue los pasos de Joe, un hombre atormentado por las malas decisiones que ha tomado en el pasado y de Gary, un adolescente atrapado en una triste realidad de la que no puede escapar. Cuando se conozcan, establecerán una relación de amistad entre ambos que podrá suponer la redención para uno y la ansiada libertad para el otro.

Después de una etapa marcada por comedias como Superfumados o Caballeros, princesas y otras bestias, el realizador David Gordon Green permanece en el cine independiente tras su anterior película, Prince Avalanche, la cual ya supuso una vuelta estilística a los orígenes de su carrera. En su nuevo trabajo, Green construye un drama sórdido y cruel partiendo de la novela escrita en 1991 por Larry Brown, cuya principal característica es el realismo que desprenden sus imágenes. La concepción visual del film oscila entre el lirismo de Terrence Malick y el cine documental, ofreciendo determinadas escenas cuya explicitud en lo que a crudeza se refiere, no ofrecen ninguna concesión. El director también introduce a lo largo del metraje distintas alegorías, como la del trabajo de Joe como capataz de un grupo que se dedica a envenenar árboles viejos con el fin de que sean sustituidos por otros nuevos, del mismo modo que una generación da paso a otra que todavía está a tiempo de evitar cometer los mismos errores. Igualmente se establece un elocuente paralelismo entre el protagonista y su perro. Ambos viven constantemente encadenados, uno de manera literal y otro figurada, para evitar dar rienda suelta a su incontrolable instinto salvaje. Pero sin duda es la relación que establece Joe entre Gary y el padre de este, la que mejor refleja su dicotomía, ya que ambos simbolizan lo mejor y lo peor respectivamente de su propia naturaleza. Todos los elementos de la película están dispuestos para plasmar con la mayor veracidad posible, la cara menos amable de la América profunda. Únicamente las escenas que comparten Joe y Gary sirven de alivio ante la permanente hostilidad que desprende el conjunto, marcado por la amoralidad de sus personajes y la imprevisibilidad de sus actos.

Nicolas Cage ofrece una interpretación solemne y contenida como Joe, alejándose del histrionismo y la autoparodia mostrada en otros papeles recientes, consiguiendo una de las mejores actuaciones de su carrera. El veterano actor resulta convincente como un personaje que combate constantemente contra sus demonios internos, a la vez que intenta encontrar la redención sirviendo como figura paterna para el joven Gary. Este último está interpretado por el excelente Tye Sheridan, en un registro que recuerda bastante al que mostró en la ya mencionada Mud, film con el que Joe guarda más de un parecido. Pero sin duda el descubrimiento del film es el de Gary Poulter como el padre abusivo y alcohólico del muchacho. Poulter, fallecido poco después del fin del rodaje, era uno de los actores no profesionales que aparecen en la película y el resultado de su actuación resulta de una naturalidad tal, que uno no es capaz de discernir dónde empieza la persona y acaba el personaje. Su presencia en pantalla resulta tan fascinante como perturbadora y nos hace lamentar el hecho de no poder volver a disfrutar de más trabajos suyos en el futuro.

Joe es un film que vapulea al espectador con su inclemente visión sobre el lado más oscuro de la condición humana y la brutalidad de su violencia que, no obstante, también supone un canto a la amistad como elemento liberador. Aquellos que sean capaces de ver más allá de la crudeza que presenta, disfrutarán de un excelente film que además demuestra el gran actor que puede ser Nicolas Cage. Tan sólo tiene que escoger mejor los proyectos en los que se involucra.

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