El precio de la sal

Patricia Highsmith

La perturbadora historia de amor

de Patricia Highsmith

Por Rosa Mora

A finales de 1948 Patricia Highsmith (EEUU, 1921 – Suiza, 1995) vivía en Nueva York y andaba escasa de dinero. Para ganar algo, aceptó un trabajo eventual de vendedora en unos grandes almacenes de Manhattan durante las Navidades. Le asignaron el mostrador de muñecas. Una mañana apareció una mujer rubia, con un abrigo de visón, elegante y sofisticada. Parecía irradiar luz. Le causó un gran impacto. “[…] me sentí rara y mareada, a punto de desmayarme, pero al mismo tiempo sentí una elevación del espíritu, como si hubiera tenido una visión”, cuenta en el prólogo. Esa misma noche, escribió ocho páginas en uno de sus cuadernos. El encuentro con la seductora dama fue el germen de Carol, la perturbadora novela de amor lésbico de Highsmith.

En Carol no hay asesinatos ni violencia física, pero sí la sensación permanente de que algo terrible va a pasar. Quien mejor ha descrito esa magia exclusiva de Highsmith, maestra en convertir lo cotidiano en algo inquietante y angustioso, fue Graham Greene, en el prólogo que hizo para Once, su primer libro de relatos, dijo: “Ha creado su propio mundo, un mundo claustrofóbico e irracional, en el cual entramos cada vez con un sentimiento de peligro personal, con la cabeza inclinada para mirar por encima del hombro, incluso con cierta renuencia, pues vamos a experimentar placeres crueles, hasta que, en algún punto, allá por el capítulo tercero, se cierra la frontera detrás de nosotros, y ya no podemos retirarnos”.

Therese Belivet (Rooney Mara en la película Carol, de Todd Haynes, que se estrena en España el próximo febrero) es una aprendiza de escenógrafa que, como Highsmith, se ve obligada a trabajar por Navidad en unos grandes almacenes. Carol Aird (Cate Blanchett) le compra una muñeca y entre ambas saltará una chispa que cambiará sus vidas. Carol está en medio de un divorcio difícil en el que se juega la custodia de su hija. Therese se siente culpable, triste y avergonzada ante su novio Richard al que es incapaz de querer y vive como una ensoñación su amor con Carol. Hay sexo en la novela, pero lo más importante es la angustia con que Highsmith nos hace vivir esta historia: Carol y Therese emprenden un viaje hacia el Oeste (Chicago, Colorado Springs, Omaha, Desmoines…), Carol lleva una pistola, las sigue un detective contratado por el marido. El viaje se convierte en huida, Carol regresa para intentar arreglar sus asuntos. Parece que el hechizo se ha roto. Therese se da cuenta “de que acaba de ver es lo que antes sólo intuía, que el mundo entero estaba dispuesto a convertirse en su enemigo, y que de pronto lo que ella y Carol habían encontrado juntas ya no parecía amor ni una cosa feliz, sino un monstruo que se situaba entre las dos y las cerraba en un puño”, escribe Highsmith en la novela.

Hay mucho de la escritora en Therese. La joven protagonista creció en un orfanato. La madre de Patricia Highsmith estuvo a punto de abortar antes de tenerla y la niña pasó buena parte de su infancia con su abuela. Comparte con su personaje un sentimiento de abandono y odio.

Sabemos mucho de Highsmith gracias a los 38 cuadernos y 18 diarios que, entre otra documentación, legó a su editorial suiza Diogenes, material que, entre otros expertos, han transmitido su biógrafa Joan Shenkar y el escritor y periodista alemán Paul Ingendaay.

El personaje de Carol se inspira en la apasionada relación que mantuvo con Virginia Kent, una divorciada a la que le arrebataron la custodia de su hija. También habla en sus diarios de su homosexualidad. Escribió que a los 12 años sentía que era un chico en un cuerpo de chica. Cuando el escritor Marc Brandel le pidió que se casaran se lo tomó tan en serio que acudió a un psicoanalista para ver si podía “normalizarse sexualmente”. La trató como un caso patológico. Fue un fracaso.

Para la escritora el amor era una mezcla estimulante de placer y dolor. Carol fue la novela que más ansiedad le produjo pues reflejaba buena parte de su propia historia. Fue uno de sus libros que más se vendió en Estados Unidos, aunque empezó con mal pie.

Cuando la escribió acababa de publicar Extraños en un tren (a finales de 1949) y cuando Hitchcock compró los derechos para llevarla al cine (se estrenó en 1951),  su editorial, Harper & Bros, le pidió otra novela “Harper de suspense” y rechazó publicar The Price of Salt, título original de Carol. Decidió publicarla en 1952 en otra editorial con el seudónimo de Claire Morgan. Tuvo, como cuenta ella, críticas “serias y respetables”, pero el verdadero éxito le llegó un año después cuando apareció la edición de bolsillo: cerca de un millón de ejemplares. La edición revisada, con su verdadero nombre, apareció en 1989.

Autora de novelas tan excelentes como la pentalogía de Ripley, El grito de la lechuza, Mar de fondo,  El temblor de la falsificación o El diario de Edith, Highsmith explora la amoralidad, el triunfo del mal sobre el bien, la doble identidad, la culpa, la mentira, el crimen. Por eso destaca en su obra Carol, una historia de amor de final feliz. Si alguien no ha leído aún a Patricia Highsmith podrá descubrirla con Carol, ahora que se estrena la película, pero vayan con cuidado: entran en territorio peligroso y además crea adicción.

Deja un comentario