El plano también se enamora

Almost2

Crítica

Almost in Love (2013), de Sam Neave

Por Claudia Lorenzo

Personalmente, tengo un cuelgue especial por los planos secuencia, sobre todo por los que no se perciben, los que se descubren a posteriori. Soy de las que cree que la cámara debe actuar en simbiosis con el resto de la película, sin colocarnos la cara del director en primer término. Lo logrado sin cortes, sin embargo, despierta tal admiración (véase la que se montó no hace mucho con el capítulo cuarto de True Detective) que a veces ensombrece el resto de la narración y, en ocasiones, ofrece un prodigio técnico que no beneficia para nada a lo que se está contando. Planos secuencia hay muchos y muy variados. El de Antes del anochecer, por ejemplo, destaca, por encima de movimientos de cámara, una labor interpretativa brutal de Ethan Hawke y Julie Delpy. El de Expiación, en cambio, asombra por su milimétrica composición y el gran trabajo de organización y dirección.

El riesgo del plano secuencia, como siempre, es supeditar la historia a la filigrana, y empeñarse en ella sobre cualquier otro detalle. Realizar algo así impide los cortes o los dificulta bastante. Hay casos en los que algo guionizado se enriquece con la forma en la que se traslada a la pantalla (véase el ejemplo anterior de Expiación, de Joe Wright) y otros en los que la historia sufre por intentar evitar los cortes a costa de quitar ritmo.

Almost in Love es probablemente una película escrita con la técnica en mente. Dos planos ininterrumpidos de cuarenta y pico minutos cada uno, el primero durante una barbacoa en una puesta de sol, el segundo durante el amanecer posterior a una boda, nos presentan a una serie de personajes que se mueven alrededor del triángulo amoroso formado por Sasha (Alex Karpovsky, visto en la serie Girls), Mia (Marjan Neshat) y Kyle (Gary Wilmes). Alan Cumming se incorpora a la segunda mitad del filme para hacer de Alan Cumming, cosa que siempre se agradece.

Es una película pausada que, sin embargo, no resulta tediosa. La realización del plano secuencia es fluida e impecable, pero lo más llamativo, y probablemente acertado, es el uso del sonido, a veces paralelo a lo que el espectador ve, a veces disociado. La cámara, como si fuese la mirada de un invitado más, observa a los diferentes grupos que conforman las fiestas y escucha retazos de conversaciones, unas palabras aquí, unas allá, que incitan la curiosidad del espectador. La labor de coordinación está perfectamente sincronizada con los actores, que resultan espontáneos en todo momento. Desconozco hasta qué punto la interpretación obedece a un guión sólido o a improvisación, supongo que se acercará más a lo primero que a lo segundo debido a las necesidades de la filmación, pero sea como sea desemboca en un naturalismo tal que hace que el espectador se acabe sintiendo parte del grupo.

Aunque imperfecta, Almost in Love es una película que nos sigue mostrando la curiosidad y la vitalidad del cine americano más independiente, y es de agradecer que los directores como Sam Neave (un tipo que curiosamente se gana el pan siendo editor) arriesguen con proyectos así.

Almost in Love puede verse hasta el 27 de abril en el Atlántida Film Fest de Filmin.