El motín carcelario

Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), de Milos Forman

Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), de Milos Forman

El motín carcelario

en la cinematografía norteamericana

Por Raúl C. Cancio Fernández

1. Orígenes y estigmatización

En los veinte años que discurren entre 1939 y 1959, Hollywood produce tan sólo cuatro largometrajes que tienen como cuestión central el motín carcelario y, todos ellos, compartiendo las cualidades típicas de una producción B: bajo presupuesto, guión predecible, actores de segundo nivel y dirección artesanal. La pregunta que debiera hacerse es si esta magra producción se debió al escaso interés del público por esta materia o, por el contrario, la baja calidad del producto estigmatizó un subgénero que, sin embargo, tratado con mejor materia prima, resultaría tan atractivo como el que más.

Girls in Prison (1956), de Edward L. Cahn.

En 1939, el prolífico William Nigh -119 films en treinta y cuatro años de carrera- dirigió Mutiny in the Big House para la legendaria Monogram Pictures –el paradigma de estudio especializado en productos de considerable tirón popular y escasa calidad: Charlie Chan, The Cisco Kid, o Joe Palooka-, basada en el texto de Martin Mooney, en el que se narraba la historia real del Pater Patrick O’Neil, quien tuvo una participación decisiva en el motín acaecido en la prisión de Canon City, Colorado, en octubre de 1929, y en el que resultaron muertos cinco internos y ochos funcionarios, todo ello en un indisimulado panegírico de la función de los capellanes penitenciarios.

Cuatro años más tarde, en 1944, otra vez Monogram y de nuevo un director todo terreno – Phil Rosen rodó 142 films entre 1915 y 1949-, y del mismo perfil artístico que Nigh, nos presenta la producción You can´t beat the law, en la que también se repiten los estereotipos ya referidos. En este caso, Johnny Gray (Edward Norris), cuando volvía a su casa en automóvil, es atracado por una banda de ladrones de bancos, llevándose su coche, con el que precisamente perpetran un golpe. Tres de los cuatro ladrones acaban siendo detenidos, logrando escapar con el dinero Rico (Charles Jordan), el líder de la banda. La policía sigue el rastro del vehículo, deteniendo a su propietario, Johnny, que se convierte en doble víctima del suceso, al ingresar en prisión con el resto de los detenidos. Lo frustrante de su injusta situación le convierte en un interno rebelde e inadaptado, profundamente resentido con un sistema legal y judicial que le ha enviado indebidamente a prisión. Su conflictividad se acrecienta al compartir celda con Cain (Jack La Rue) peligroso interno que planea un motín para escapar.  De la misma manera que en la cinta de Nigh, la redención se vehiculaba de la mano del bondadoso sacerdote, aquí la palanca reinsertativa la protagoniza un funcionario de buen corazón, Frank Sanders (Milburn Stone), que le cambia de celda y le facilita un trabajo como jardinero, apartándole de las malas influencias de Cain.

Esta trilogía del amotinamiento carcelario de serie B alcanza su paroxismo con otro director singular y que adquirió cierta especialización en este ámbito. Nos referimos a Edward L. Cahn, un fijo en la nómina de la productora American International Pictures, que en los años cincuenta y sesenta dirigió su producción de bajo presupuesto fundamentalmente al público teenager norteamericano surgido tras la II Guerra Mundial.  De este modo, en 1959, Cahn culmina con Riot in Juvenile Prison el tríptico carcelario que había empezado en 1956 con Betrayed  Woman y Girls in Prison.

2. Don Siegel nos devuelve, por fin, a la realidad

Nuestra entrañable Monogram crea en 1946, una nueva marca, Allied Artist Production, con el objeto de producir films que sin alejarse de la temática y el catálogo de su matriz, sí gozaran de un presupuesto mayor, que les permitiera ofrecer un producto más cuidado, mejor terminado y con un equipo artístico y técnico de mayor calidad. Es lo que vino a conocerse como películas “B-plus”. Un ejemplo ilustrativo de esta categoría fue Riot in cell block 11 (1954, Siegel).

La génesis del film es fruto, como en la mayoría de las películas sobre motines carcelarios, de experiencias reales. En 1951, Walter Wanger es ya un reputado productor, con experiencia acumulada tanto con la majors de Hollywood –Paramount, Columbia o Metro-Goldwyn-Mayer- como en la producción independiente. Desde 1940, Wanger estaba casado con la actriz Joan Bennett, cuyo representante desde 1950 era el agente de la MCA Jennings Lang. El 13 de diciembre de 1951,  Bennett y Lang se encontraban en el parking las oficinas de la MCA, en Santa Monica Boulevard con Rexford Drive, cuando apareció Wanger armado con un revolver, disparando sobre Lang, al que hirió en la ingle. Una vez detenido, declaró a la policía de Beverly Hills que le disparó para evitar que rompiera su matrimonio. Durante el juicio alegó trastorno mental transitorio, resultando condenado a cuatro meses de servicios sociales que prestó en el County Honor Farm de Castaic. Como habrán adivinado ya, la traumática experiencia sufrida por Wanger, le inspiró para producir en 1954 Riot in Cell Block 11.

Riot in Cell Block 11 (1954), de Don Siegel

Riot in Cell Block 11 (1954), de Don Siegel

Como hemos referido anteriormente, una serie de elementos en la elaboración del film, permiten extraer la cinta del circuito B en el que se instalaron las otras tres producciones antes vistas. Para empezar, el incremento en el presupuesto permitió rodar en exteriores, y particularmente, en la propia prisión estatal de Folsom, interviniendo en el rodaje internos y funcionarios de prisiones reales, impregnado al blanco y negro de la cinta un tono documentalista muy apropiado para su trama. En este sentido, el inicial rechazo de las autoridades penitenciarias para autorizar la filmación en el interior de la cárcel, fue superado merced a la intervención del tercer asistente de dirección: un jovencísimo Sam Peckinpah,  hijo de Denver Peckinpah, un respetado juez del norte de California, cuyo nombre fue el mejor salvoconducto para rodar en la penitenciaria de Fresno. La verosimilitud del film se refuerza con la crudeza de alguna de sus escenas, lo cual, por cierto, resultaba novedoso en una década en la que el cine norteamericano se caracterizaba por una temática confortable y alejada de la marginalidad, en cualquiera de sus manifestaciones. Además de todas estas cuestiones, la película se aleja de ese buenismo que caracterizaba la estructura de los otros films sobre motines, subrayándose aquí la etiología de los mismos. Por vez primera, una película nos descubre las penosas condiciones de hacinamiento, malnutrición y brutalidad que sufren los internos, y que provoca el amotinamiento de éstos y el secuestro de funcionarios en protesta por las referidas condiciones.

El buen trabajo de Siegel no tuvo sin embargo continuidad en este subgénero. El propio Siegel  recuperó el genero carcelario en 1979, en su versión de fugas, con Fuga de Alcatraz (Escape From Alcatraz), pero los motines continuaron en el ostracismo durante la década de los sesenta, en la que únicamente se produjeron dos cintas  sobre la temática, la primera en 1961, Motín de mujeres (House of Women, Doniger, Wilbur) y, la segunda, en 1969,  Motín (Riot, Kulik), un largometraje en el que  ni la presencia del grandísimo Gene Hackman o del también inigualable runningback de la NFL Jim Brown, pudieron salvar el subproducto firmado por Buzz Kulik, un gran director para la televisión, cuyo legado en el cine fue sin embargo insignificante.

House of Women (1962), de Walter Doniger

House of Women (1962), de Walter Doniger

3. La rebelión en la cárcel de Attica

Hemos reiterado la extraordinaria incidencia que los acontecimientos reales ejercen sobre el cine penitenciario y, muy particularmente, sobre el subgénero de motines. Lo sucedido en la prisión estatal de Attica en 1971 es, junto con Alcatraz,  la mejor prueba de ello. Sobre las 8:20 a.m. del jueves 9 de septiembre de 1971, los internos de la compañía nº 5 de la Prisión Estatal de Áttica, en el Estado de Nueva York, estaban formados para el control diario. Se rumoreaba que uno de los internos se hallaba encerrado en su celda después de haber sido maltratado por funcionarios de la prisión. En protesta, un pequeño grupo de compañeros de sección volvieron a sus respectivas celdas y no acudieron al desayuno. Una vez terminado aquel, los internos advirtieron que sin previo aviso se había modificado la rutina habitual y, en vez de salir al patio tras la primera comida, se les devolvía a las celdas. Las explicaciones del representante de la dirección del centro, más que aplacar, enardecieron aun más el ánimo de los internos, que le agredieron, iniciándose el motín inmediatamente después. Los presos se hicieron rápidamente con el control de las secciones, dos túneles y el control central conocido como «Times Square», tomando como rehenes a 42 oficiales y civiles, haciendo pública una lista de reivindicaciones cuyo cumplimiento era condición previa para deponer su amotinamiento: reducción de la población interna –la prisión estaba diseñada para 1.200 internos y la ocupaban 2.225-; cese de la discriminación racial;  proscripción de la arbitrariedad en la concesión de permisos o mejora en las condiciones higiénicas, que contemplaban una ducha semanal o un solo rollo de papel higiénico por persona y mes.

Las negociaciones con el responsable de asuntos penitenciarios del estado, Russell G. Oswald y un grupo de observadores que fueron designados al efecto fue un completo fracaso, toda vez que los internos querían discutir directamente con Nelson Rockefeller, a la sazón gobernador del Estado. La negativa de éste a acudir a Attica no dejó margen a los internos, que no depusieron su actitud. El siguiente paso fue la orden de asalto a la prisión por parte de la policía estatal.

El ambiente se enrareció alarmantemente y los internos se atrincheraron sólidamente en el interior de la prisión. La tensión llegó al límite cuando varios condenados trasladaron a cuatro funcionarios al tejado de la instalación y, ante la estupefacción de los telespectadores que atendían en directo al motín, amenazaron con degollarles. A las 9:46 a.m. del lunes 13, es decir, tras cuatro días de motín, ocurrió lo inevitable y tras una preparación a base de gases lacrimógenos, las fuerzas de seguridad asaltaron la prisión con un balance final de veintinueve internos y diez rehenes muertos. Desde la Guerra de Secesión no habían muerto tantos norteamericanos en su suelo. Informes de escasa credibilidad señalaron que muchos de los rehenes fueron degollados por sus captores, lo que después fue refutado por los análisis forenses, que demostraron que la mayoría de ello fueron victimas de los disparos de los asaltantes. A pesar de ello, la represión en Attica se recrudeció exponencialmente, registrándose episodios de  maltrato y de lesiones muchas semanas después de los sucesos originales.

Against the Wall (1994), de John Frankenheimer

Against the Wall (1994), de John Frankenheimer

Attica es al cine de motines lo que Alcatraz al género de fugas o San Quintín al de la pena de muerte: su tratamiento ha sido numeroso, tanto en forma de largo, como telefilm, documentales y empleado como referencia en multitud de producciones.

La primera aproximación a la tragedia de Attica vino en forma de documental, a cargo de la joven escritora Cinda Firestone, quien en 1974 elaboró un trabajo de referencia por su iconoclastia y la independencia de su contenido. Para ver la primera ficción hubo que esperar hasta 1980, cuando el prolífico director de telefilms Marvin J. Chomsky –Roots, Holocaust, My Body, my Child-, adaptó el libro de Tom Wicker, el redactor del NYT que fue designado como uno de los observadores en el motín. Por tanto, la película nos ofrece una perspectiva desde el punto de vista de la frustración de los intermediarios que fueron incapaces de desatar el nudo de incomunicación entre internos y administración. La película, que fue rodada en el Hospital Estatal de Lima (Ohio), nos ofrece una muy estimable y honesta visión de los sucesos al tratar de manera ecuánime los puntos de vista de amotinados y guardianes, sin soslayar el ineludible problema racial que subyacía en el conflicto. Entre los internos de raza negra, destaca la participación de un joven Morgan Freeman, al que replica el siempre fiable y sólido Charles Durning como comisionado de asuntos penitenciarios del Estado de Nueva York, trabajo por el que estuvo nominado al Emmy al mejor actor. La dirección de Chomsky fue galardonada con el Emmy de su categoría ese año.

Hubo que esperar catorce años para que Attica volviera a ser objeto de atención filmográfica. Y la espera mereció le pena, puesto que por vez primera, desde 1939, el motín carcelario tuvo a un gran director al frente. En efecto, en 1994, John Frankenheimer, cuyo segundo film, recuérdese, fue la sublime Un hombre de Alcatraz (Birdman of Alcatraz, 1962), al que siguieron los no peores El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 1962) y Siete días de mayo (Seven Days in May, 1964), revisa los acontecimientos de Attica en Contra la pared (Against The Wall), pero esta vez desde el prisma de uno de los guardias del recinto, el novato Michael Smith (Kyle MacLachlan), sobre el que se vertebran las tendencias y actitudes que concurrieron en esos días: la brutalidad del alcaide y algunos de los guardias; la perseverancia en la negociación del comisionado; la radicalidad de los Panteras Negras internos, todo ello sostenido en un reparto formidable: Samuel L. Jackson, Harry Dean Stanton, Frederic Forrest, Philip Bosco, Tom Bower o una casi inédita Anne Heche. Sin olvidar  que se trata de un telefilm, no obstante, el trabajo de Frankenheimer está lejos de sus mejores tiempos en plena eclosión de la TV generation, pero aun así, la película atesora un dinamismo y una tensión marca de la casa, y que nos recuerda en muchas secuencias la vibración de French Connection II (1975) o Domingo negro (Black Sunday, 1977).

Otra vez un telefilm, esta vez  de 2001, aborda los sucesos de Attica, pero esta ocasión desde una óptica original. En este caso, The Killing Yard es el título de la cinta dirigida por Euzhan Palcy, que en puridad es una película procesal, donde se narra el encausamiento y proceso de Bernard Stroble, alias Shango, encartado por su participación en el motín. El film desarrolla la complicada relación entre el orgulloso y carismático líder negro y el abogado “wasp” interpretado por Alan Alda, que sin embargo comparte con su defendido la firme creencia en la protección de los derechos civiles y en las garantías constitucionales de los presos y condenados. El desarrollo de juicio se ve trufado de constantes flashbacks de los sucesos de 1971, lo que enriquece el resultado final de la cinta, que no es sólo un convencional telefilm de tribunales.

Ese mismo año, el documentalista Brad Lichtenstein filma Ghost of Attica, documental que de la mano –a mejor decir, de la voz- de Susan Sarandon, hace un completo y exhaustivo recorrido por los testimonios de guardias, internos, observadores y victimas, adentrándose incluso sobre los ulterior procesos judiciales que se sustanciaron para depurar las responsabilidades de aquel suceso. Como complemento a la atención audiovisual sobre Attica, debemos hacer referencia a la serie producida por National Geographic, The Final Report, cuyo  capítulo quinto de la tercera temporada fue dedicado al motín de la ciudad neoyorquina.

Ahora bien, la onda expansiva de aquellos hechos fue tan poderosa, que el sintagma Attica ha sido empleado y citado en multitud de series y espacios televisivos, que van desde el capítulo 25  la serie Teenage Mutant Ninja Turtles, hasta el mismísimo Bob Esponja, pasando por el tratamiento de series como CSI NYC, en la más reciente Prision Break  o, desde luego,  el inolvidable Sonny -Al Pacino- de Tarde de perros (Dog Day Afternoon, Lumet, 1975), el desdichado ladrón de bancos que, al convertirse también en secuestrador y tener a medio Departamento de Policía de Nueva York rodeándolo, les grita en la memorable secuencia: “Attica, Attica, Attica!” en clara  referencia a la desproporcionada intervención  policial durante el motín, lo que es por cierto vitoreado por el publico curioso que se agolpa alrededor de la sucursal bancaria.

Parece que con Attica el cupo de ficciones de motines ha llegado al límite, pues sólo de manera incidental concurre una revuelta en Animal 2 (Combs, 2008), film menor de temática carcelaria que nos devuelve al B con mensaje de los años cuarenta y cincuenta.

4. Subgéneros de amotinamiento en cine y  televisión

Un aspecto interesante de la traducción cinematográfica de los motines penitenciarios es que éstos, al ser susceptibles de generarse en cualquier entorno carcelario, ofrece un abanico de posibilidades a la hora de ubicar la trama. Así, hemos analizado ya el amotinamiento en centros de reclusión para jóvenes, como fue la cinta de Cahn de 1959, permitiendo introducir variantes propias del subgénero juvenil carcelario a la temática de motines. La trama recogida en la mediocre Riot in Juvenile Prision tuvo sin embargo una continuación de mucha mayor enjundia con Scum (1977), el polémico telefilm de Alan Clarke, cuya explicitud en sus contenidos hizo que la BBC la prohibiera, sin perjuicio de que el director realizara en 1979 un film idéntico que sí pudo ser distribuido…con escenas aun más explícitas de violencia juvenil en el seno de un insano reformatorio británico. Ira extrema y furia desbordada son también cualidades de la cinta de Oliver Stone Asesinos natos (Natural Born Killers, 1994), donde la secuencia del motín en el que escapa Mickey Knox (Woody Harrelson), es puramente pornográfica en este sentido. El referido motín fue filmado en la Stateville Correctional Center de Joliet, Illinois, instalación que aloja un  80% de presos por delitos violentos. Durante los primeros dos de las cuatro semanas de rodaje allí, los figurantes fueron presos reales con armas de goma. Para las siguientes dos semanas de trabajo, tuvieron que contratarse a doscientos extras, toda vez que los inquietos internos Stateville fueron reprogramados en situación de  confinamiento.

Scum (1979), de Alan Clarke

Scum (1979), de Alan Clarke

Del mismo modo, el vasto catálogo relativo a la mujer en prisión nos ha ofrecido alguna pieza dedicada al motín. House of Women (Doninger, Wilbur, 1962), es un buen ejemplo de ello, en donde se combinan elementos estructurales de la presencia de mujeres en prisión, como es la tragedia de los hijos que conviven con ellas en el interior de los centros, con la cuestión del amotinamiento.

Motines, terror zombie made in Spain, Elsa Pataky, Santiago Segura, Castelao Porducciones…¿que demonios es todo esto? Pues además de constituir la tercera entrega del cult movie Re-animator (Gordon, 1985), es la demostración palpable de que el subgénero de los motines carcelarios puede adaptarse también al cine de terror, de manera que delirante doctor West (Jeffrey Combs) pueda aprovechase del que estalla en la prisión donde esta recluido para huir y continuar con sus sicalípticos experimentos de reanimación.

He dejado para el final el ejemplo arquetípico de amotinamiento tangencial y que aparece en una de las tres únicas películas en la historia que han ganado los Five Fabs, es decir, los premios de la Academia a la mejor película, director, actor, actriz y guión. Michael Douglas y Saul Zaentz, Milos Forman, Jack Nicholson, Louis Fletcher y  Laurence Hauben y Bo Goldman, se amotinaron en la 48ª ceremonia de entrega de los Oscars presentando Alguien voló sobre el nido del cuco, una tragicomedia que si bien incapaz de ocultar ciertos maniqueísmos innecesarios, supuso un hito en el tratamiento cinematográfico de la psiquiatría criminal.

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