El hombre contra la naturaleza

Everest
Crítica

Everest (2015), de Baltasar Kormákur

Por Pablo Álvarez

El cine ha servido en incontables ocasiones para trasladar sucesos sobre catástrofes acontecidas en la vida real que, por su trascendencia, han dado pie a películas muy populares. El éxito de cintas como Titanic o Viven, son un claro ejemplo de que el público se siente atraído hacia este tipo de historias, caracterizadas por mostrar la lucha por la supervivencia del ser humano en las condiciones más adversas.

Everest narra los hechos que tuvieron lugar en el año 1996, cuando dos expediciones de alpinistas, sufrieron las inclemencias climatológicas del Himalaya con trágicas consecuencias.

El realizador de origen islandés Baltasar Kormákur, ya había abordado anteriormente en su filmografía un tema similar con Djúpið (The Deep), que contaba la historia de un naufragio. En aquella cinta, el realizador evitaba los aspavientos innecesarios a los que se suelen prestar este tipo de producciones, mostrando una puesta en escena austera y centrándose en la psicología de sus protagonistas. En este caso el director ofrece una aproximación similar, centrándose en el drama que experimentan los escaladores y sus familiares y dejando en un segundo plano la acción. De este modo el argumento plantea temas como la crítica a los riesgos que implica la mercantilización de este tipo de expediciones, haciéndolas accesibles a gente no cualificada y la heroicidad y el sacrificio que surgen en las situaciones límite. No obstante, la espectacularidad se consigue en todo momento gracias a la perfecta recreación de la montaña mediante sets e infografía que potenciada en su versión en tres dimensiones, consigue trasladar al espectador a las gélidas localizaciones donde tiene lugar la trama. Kormákur se sustenta en un reparto plagado de grandes actores como Josh Brolin, Jason Clarke, Jake Gyllenhaal o Keira Knightley, ofreciendo unas magníficas interpretaciones que resultan fundamentales a la hora de dotar de  autenticidad al relato y de mantener el interés ante lo que sucede en pantalla. Sin embargo, el hecho de contar con un plantel tan numeroso supone que las apariciones de muchos de ellos se limiten a meros cameos, por lo que en determinados momentos se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes. Como resultado, el drama resulta efectivo gracias al trabajo actoral que surge a partir de un guión por otra parte descompensado, con dos primeros tercios que avanzan lentamente hasta la llegada de la inevitable tragedia.

El director ha planteado su último trabajo como una dramatización del funesto suceso, mostrándose respetuoso en todo momento con la historia que cuenta, sin ponderar los elementos más superficiales de la aventura y centrándose en el aspecto humano. A pesar de los evidentes problemas de ritmo que presenta el film, acaba resultando emotivo gracias al excelente reparto y al realismo que transmiten tanto las situaciones como las majestuosas imágenes que ofrece, dando pie a una cinta con aspectos tan irregulares como reseñables.