El fin de un largo viaje

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Crítica

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (2014), de Peter Jackson

Por Pablo Álvarez

El presente año se acaba y junto a él también concluye la trilogía de El Hobbit. Una serie de películas cuyo estreno, al igual que ocurrió con la saga del anillo, se ha convertido en todo un acontecimiento en estas fechas, en las que los aficionados a la fantasía esperábamos ansiosos revisitar la Tierra Media en el cine, en esta ocasión con un inevitable sentimiento de melancolía, al tratarse del último capítulo.

Tras haberse enfrentado al temible dragón Smaug, la compañía formada por Bilbo y los trece enanos permanece en el interior de Erebor para buscar la piedra del arca. Sin embargo, los problemas estarán lejos de terminar cuando la mente de Thorin empiece a nublarse por la codicia y un nuevo peligro se aproxime vaticinando el estallido de una gran batalla.

Llegados a este punto, resulta innecesario exponer las virtudes y defectos que presentan las adaptaciones cinematográficas de la obra literaria de J.R.R. Tolkien llevadas a cabo por Peter Jackson. Muchos han criticado la megalomanía y el gusto por el exceso del director neozelandés, al prolongar de forma aparentemente innecesaria lo que en un principio se trataba de una historia más liviana que El señor de los anillos. No obstante, tras un éxito de crítica y público indiscutible y una larga colección de merecidos galardones, la sombra de la anterior trilogía era lo suficientemente larga como para proyectarse sobre este nuevo trabajo. Algo que sin duda ha influído en su concepción y planificación, al haberse replanteado la idea inicial de realizar un díptico, para producir una película adicional. La obra original de Tolkien resultaba menos exhaustiva en cuanto a la descripción de los acontecimientos comparada con otros de sus trabajos, dando pie a una narración mucho más fluída, dejando espacios en blanco que Jackson se aventuró a rellenar con apéndices y la inclusión de nuevos personajes y situaciones, creados exclusivamente para la ocasión. Estas licencias al final han resultado lo más polémico de este nuevo trabajo, que debe analizarse como si de una gran película se tratara, cuya duración ha obligado a dividirla en tres entregas. Cada una de estas partes representan el incio, nudo y desenlace respectivamente de la historia, por lo que este último capítulo termina resultando un enorme clímax que supera las dos horas de duración. El ritmo resulta trepidante desde el espectacular comienzo, con el ataque del dragón Smaug a Esgaroth, hasta la multitudinaria batalla que anuncia el título. Jackson sigue demostrando un gran sentido de la épica, ofreciendo escenas de una escala mastodóntica que a nivel visual representan lo mejor que puede disfrutarse a día de hoy en una sala de cine.

No obstante, a pesar de que la acción es el aspecto más destacable en esta ocasión, el componente dramático queda reforzado de forma más notable que en los dos films precedentes. De este modo, el director concluye de forma satisfactória los conflictos que ha ido desarrollando a lo largo del relato, que implican a los personajes principales. De entre todos ellos, Thorin es sin duda el que resulta más interesante. Richard Armitage vuelve a ofrecer una excelente interpretación como el rey de los enanos, mostrando su progresivo descenso hacia la locura. Martin Freeman da vida a Bilbo Bolsón, cuyos actos vuelven a constituir el detonante de los acontecimientos primordiales. El actor británico demuestra que su elección como Bilbo fue perfecta, consiguiendo las dósis exactas de valentía, vulnerabilidad y nobleza que caracterizan al personaje. En cuanto al gran Ian McKellen, sigue resultando tan carismático como siempre en la piel de Gandalf. En el resto del reparto encontramos a un convincente Luke Evans como Bardo, a Orlando Bloom que protagoniza alguno de los momentos estelares del film como Légolas, a un imponente Lee Pace en el papel del rey elfo Thranduil y a una eficiente Evangeline Lily como Tauriel, a pesar de que el romance que surge entre ella y el enano Kili sea de lo menos convincente de la saga.

Teniendo en cuenta que los lectores más puristas de la obra original no están faltos de razón en algunos de sus reproches hacia Jackson, no es menos cierto que el director ha sorteado con éxito la dificultad de conservar su característica impronta como autor, a la vez que se ha mantenido fiel al espíritu del relato. Aquellos que disfruten de la visión del director apreciarán la labor que ha llevado a cabo con esta nueva aproximación a la Tierra Media, que resulta tan digna de admiración como la de la anterior trilogía. No hay muchos realizadores que reúnan la valentía y la capacidad de adaptar al cine una obra literaria tan reverenciada. Peter Jackson lo ha hecho en dos ocasiones de forma exitosa y sólo por eso se merece el mayor de los respetos. Por mi parte sólo me queda agradecerle el maravilloso viaje que me ha ofrecido durante estos años y mirar hacia atrás con nostalgia el largo camino recorrido.

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