El discreto éxito de las flores

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Por Molly Izaga

“Confirmado, en 2014 la gente volvió al cine”, dice un titular en El diario.es del 2 de diciembre. Más adelante se lee que una de cada cuatro de las películas vistas fue española y que cosa igual no ocurría desde 2009. La noticia va a salir en todos los medios y alegrar mucho a la afición.

Apenas tres meses antes ya apuntaba maneras la programación del Festival de San Sebastián, que anunciaba películas españolas en cada una de sus secciones, cinco en la oficial, tres de ellas a competición. La cosecha de Conchas y premios fue copiosa para Magical Girl y La isla mínima. Loreak fue aplaudida a rabiar por un público entusiasta en su pase en el Kursaal y ha ido recibiendo elogios respetuosos allá donde va, empezando por el festival de Londres a las pocas semanas de ese estreno, luego Zúrich y Tokio. Desde entonces es nominada y solicitada en festivales y eventos de cine cerca y lejos, y ha sido recientemente premiada en el Festival de Palm Springs como Mejor Película Iberoamericana.

Este éxito discreto de Loreak viene precedido por el que obtuvo 80 Egunean (2010), el primer largometraje de sus dos directores José Mari Goenaga y Jon Garaño, un tándem con estrella. De ambas se dice eso de “es una película pequeña”, y bien es cierto que no tienen un ápice de grandilocuencia ni presumen de ninguna otra grandeza. En Loreak no hay millonarios, drogas, amores tórridos ni asesinatos, pero sí pasiones pintadas con tintas tenues, guerras íntimas poco ruidosas plasmadas con esmero meticuloso, y un cadáver que desde una cámara frigorífica es el centro de las flores de la película en su recorrido de cinco años. La cinta respira suspense latente gracias a la estructura de una trama contada con sencillez y sabiduría de cine sin artificio.

La vida de Ane es tristona y lánguida. Cena y desayuna en un silencio soso con su marido Ander, que cada mañana se va al trabajo para volver al final del día y sentarse en el sofá delante de la tele. Ella va a su oficina, en el barracón de las obras de una autopista, al pie de una de esas grúas descomunales donde un vigilante todo lo ve desde la cabina que hay en lo alto.

Según el médico, los sofocos y la melancolía de Ane se deben a su temprana menopausia. Ella se asombra y calla. Ane es menuda, liviana, silenciosa.

Una tarde lluviosa de jueves, suena el timbre de la puerta. Antes de abrir, Ane ve por la mirilla unas flores, y detrás al hombre que viene a entregar el ramo. Sólo flores, sin mensaje ni una tarjeta que diga quién las manda. De Ander no son, ya que cuando llega por la noche y ella le da las gracias, él dice “¿Mandarte flores? ¿Para qué?”.

La tarde del jueves siguiente, y el siguiente y el otro, continúa llegando un ramo de flores para Ane, siempre a la misma hora. A ella la curiosidad le ha encendido la mirada, y ha empezado a fijarse en los rostros de alrededor. A Ander no le hacen ninguna gracia esas flores misteriosas. Insinúa que investiguen, hasta sugiere ir a la policía –aquí se oye la sonrisa del público en el cine–. Poco tardan las flores de la discordia en pasar a la clandestinidad y adornar la oficina en el barracón de las obras.

Un día, en una curva de la carretera vieja muere en un accidente de tráfico Beñat, personaje al que hemos conocido en su ambiente casero, a menudo en medio del fuego cruzado entre su madre ansiosa por hacer favores y su compañera Lourdes, que trabaja como cobradora en una cabina de peaje de la autopista. Las dos mujeres se tambalean tras el fatal accidente, cada una gestionando su propio sentimiento de culpa –ambas con estupenda contención de actriz–. Lejos de dulcificarse la relación entre ellas,  redoblan su acritud mutua y dejan de tratarse.

PHOTOCALL DE LA PELICULA "LOREAK" LOBO ALTUNA SAN SEBASTIAN  23.9.2014

El equipo de ‘Loreak’ reparte flores en su presentación en San Sebastián

Ese jueves no llega el ramo de flores, ni el siguiente ni el otro. Atando cabos llegamos con Ane a la conclusión de que era Beñat el remitente anónimo; el vigilante del que tan poco sabe se ha llevado el secreto consigo, no a la tumba sino a una cámara donde su cuerpo congelado debidamente etiquetado pasará los próximos cinco años ya que ha dejado escrito que disponga de él la ciencia.

La curva del accidente donde perdió la vida Beñat al principio se llena de flores. Con el tiempo, éstas van a menos. A no ser por un misterioso ramo fresco sin mensaje que se renueva cada semana atado a la señal de tráfico, para inquietud de Tere y obsesión de Lourdes, que hacen pesquisas e interrogan a las floristas. ¿Cómo es que no llevan un recuento de quién compra flores?. También esta vez se insinúa ir a la policía. Ahora seguimos el suspense desde fuera, porque estamos con Ane, que ha empezado a corresponder a las flores de aquel hombre del que quisiera saber más…

Los hilos de las tres mujeres, que terminan por encontrarse para seguir desencontrándose, forman  el núcleo central de esta historia mínima rebosante de gestos y detalles sutiles –y algún guiño sorprendente de homenaje al cine–. Los cinco años no han pasado en vano, salvo para el cuerpo de Beñat, que por fin será incinerado. Y aún habrá quien ponga flores en esa vieja curva que un día caerá en el olvido porque el tráfico tomará otros derroteros.

“Le dimos muchas vueltas para conseguir esa estructura de espejo: unos personajes quieren recordar y acaban olvidando,  mientras que a otros les ocurre lo contrario”, explican Goenaga y Garaño, que dirigen la película al alimón y conducen con prodigiosa sensibilidad a unas actrices que están soberbias –son los personajes femeninos los que brillan, impecables ellos en un segundo plano–. Son también autores del guión junto con Aitor Arregi. La remarcable partitura de Pascal Gaigne contribuye al tono minimalista, y otro tanto puede decirse de la precisión con que la fotografía de Javi Agirre pone magia a esta historia de gente corriente y cielo gris perla.

Loreak ha sido reconocida como la primera cinta rodada íntegramente en euskera que participa a concurso en la Sección Oficial de San Sebastián. No sería justo, sin embargo, considerar ése el mayor mérito de esta cautivadora película.