Entrevista a Jesús Parrado, director del Festival Peor Imposible

“El cine tiene un grado de frivolidad muy grande”

Por Claudia Lorenzo| Gijón

 

Dice Chus Parrado que tiene el recuerdo de estar, a los tres años, en el Certamen de Cine Infantil y Juvenil de Gijón (lo que luego sería el Festival Internacional de Cine) viendo El Maravilloso mundo de los Hermanos Grimm. Porque Chus ama el cine desde siempre, y sabe de ello como nadie. Mezclando la formación oral y rural que recibió de pequeño con el cine de género que descubrió con los años, se ha pasado la vida dedicado a esto. De chaval, en 1980, se fue a San Fernando de Cádiz a dirigir el Cineclub Fénix. Tras cambiar de ciudad unas cuantas veces, lleva programando ciclos en los centros municipales de Gijón desde hace más de diez años, además de colaborar con el Festival de Cine de la ciudad desde principios de los 80 y, por supuesto, de crear y organizar el caso que nos ocupa, el ciclo Peor… ¡Imposible!, que cumplió este verano catorce ediciones de cine de clase B, bizarro, de género, muchas veces malo, y bastante divertido de contemplar.

¿Cómo nació Peor … ¡imposible!?

Peor … ¡imposible! no nació, no se pensó en ella como lo que luego fue, una cita anual con el cine a través de sus vástagos más innobles. Cuando hicimos la primera edición, en septiembre de 1999, queríamos alargar el verano gijonés, que parecía terminar a mediados de agosto y decidimos hacer un ciclo de cine malo. Lo que pasó fue que descubrimos que había un público receptivo que hizo que Peor … ¡imposible! llegase a lo que después fue. La idea ya surgió a principios de 1998. Estaba impartiendo un ciclo sobre cine clásico y otro sobre el cine americano de los 90. En la escuela vimos unos videos muy malos, unos cortos que, curiosamente, estaban presentados por sus directores y que parecían que, al hablar de ellos, hablaban de Kurosawa o Visconti. Resultaba bizarro ver lo que iban a proyectar después. Se nos encendió la bombilla del cine malo, y empezamos a barajar opciones. No sé me olvidará en la vida, estábamos Paco Vega y yo, y nos preguntamos ¿cómo se verían hoy en día las películas europeas de género de nuestra infancia, las peores? Ahí empezó todo.

Y todos los años hay una temática.

Sí, todos los años gira en torno a partes del cine popular. Este año fue la ciencia ficción, el año pasado el terror, otros años los seres venidos de otros planetas, o las heroínas de películas de serie B… Año tras año intentamos que las películas reflejen el cine de género realizado en Europa y, por otra parte, dar una visión del cine de género en sí mismo.

¿Y qué piensan los invitados cuando les pedís que vengan a un ciclo de cine “malo”?

La suerte que tuvimos con Peor … ¡imposible! es que tiene una parte contracultural, de “Mira vente a ver esto, que el cine también tiene su parte de frivolidad”. Yo es que creo que el cine es frívolo. Imagínate a Antonioni intentando hablar de la incomunicación a través del físico exuberante de Monica Vitti…  Es frívolo. Lo cual no quiere decir que, a través del cine, tú no puedas articular una serie de discursos para aquel que los quiera ver o que los sepa apreciar. Pero el cine en general tiene un grado de frivolidad muy grande. No es como encerrarse en casa a pensar dos años y escribir un libro, el cine es otra cosa, es festivo. Además está pensado para que las películas las disfruten millones. Peor … ¡imposible! tiene esa parte contracultural, aunque las películas sean muy disfrutables. Por otro lado, sí que es cultural, sí reflexiona sobre las películas aunque sean productos malos. Al menos, malos a ojos de espectadores de hoy, porque cuando se estrenaron nadie decía “Vamos a ver esta película mala”, sino que simplemente se veían como películas de género. La gente por aquella época, antes de bueno o malo, buscaba que la película fuese entretenida. Hemos tenido la suerte de tener una repercusión fuerte fuera de Asturias con el ciclo y, gracias a ello, la posibilidad de traer a algunos de los mejores críticos y teóricos del país o a grandes profesionales del cine. Una cosa son las películas y otra la parte teórica, las mesas redondas y las presentaciones, en las cuales también reflexionamos.

Y la asistencia de público no deja de crecer.

Este año llegamos como a 3.800 personas, una media de 500-600 personas al día. Curiosamente, cuantas más actividades organizamos, más público tenemos. El propio ciclo, al igual que el propio cine, es alegre y pizpireto. (Risas) El ciclo recoge el espíritu que había de ir al cine en los años 70, esos cines de barrio con programa doble, esas sesiones golfas. La gente de mi generación y alguna posterior ha quedado marcada por el cine que vimos de chavales. No quiere decir que no aprecie obras de autores posteriores, pero el cine que me quedó es ése. Hablamos del cine desde la consciencia de que usamos un singular para referirnos a un plural. El cine no es una cosa monolítica, varía a lo largo de las décadas. Y en esa variación se incluye la forma de disfrutar del cine.

Desaparecieron los cines de barrio, aparecieron el VHS y las multisalas. Hablamos de una percepción radicalmente opuesta a como yo conocí el cine, y eso precisamente se recoge en el espíritu de Peor…¡imposible! Los cines de barrio eran una verbena, comentaban con los personajes anécdotas del pueblo, aconsejaban “No vayas por ahí, mocín”… Era un cine interactivo y lo rescatamos en el ciclo.

Mi padre, que es de Gijón, me dijo una vez, cuando yo le dije que me sorprendía que en agosto hubiese lleno total para un concierto de Kusturica en la ciudad, que los gijoneses acuden a todo lo que haya. ¿Cómo ha influido la ciudad en el ciclo?

Tenemos la gran suerte de estar en una ciudad muy participativa, eso es cierto, la gente en Gijón se apunta a un bombardeo. Tú pones a caer paracaidistas en la playa y el paseo se llena de gente. La participación del público fue lo que impulsó que los mejores críticos y teóricos del país viniesen aquí, porque presentábamos un libro y el público acudía en masa y participaba, preguntaba. Incluso entre sesiones la gente va a hablar con los invitados. Y eso llama mucho la atención fuera.

Hay mucha generación joven.

Es curioso, el público fue variando a los largo de los años. Al principio había sobre todo público adulto, gente mayor que conocía estas películas o similares y quería volver a verlas. Pero a medida que fueron pasando los años, el público se rejuveneció. Yo creo que en la presente edición aún más.

¿Y el año que viene?

Más, ya estoy preparando la temática.

¿Ya?

Claro, si en marzo me tengo que poner a buscar películas, que éstas son muy difíciles de encontrar.