El camino hacia el infierno

Crítica

There Will Be Blood (Pozos de ambición) de Paul Thomas Anderson (2007)

Por Guillermo López García

Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) encarna el prototipo del magnate americano del siglo XX. La película sitúa la acción entre 1898 y 1927. Plainview es por lo tanto el iniciador de una clase en la que podemos encontrar a John D. Rockefeller (1839-1937), fundador de la Standard Oil, la compañía petrolera más grande de la época, Henry Ford (1863-1947), fundador de la compañía Ford Motor Company y padre de las cadenas de producción modernas o William Randolph Hearst (1863-1951), el amo y señor de la prensa sensacionalista estadounidense. Tres personajes fundamentales para entender la historia de los EEUU en el siglo XX y que comparten con Plainview la experiencia de haber construido sus imperios desde la nada a base de una ambición sin límites que en el caso del personaje de Anderson se caracteriza por la renuncia a su propia humanidad. Convirtiéndose poco a poco en una criatura violenta, paranoica y desconectada del mundo.

A Plainview le acompañan durante su vida dos figuras que de formas muy diferentes atentan con desestabilizar su carácter. Su hijo adoptivo, H.W. (Dillon Freasier) y Eli Sunday (Paul Dano) líder espiritual y profeta de la pequeña comunidad en la que Plainview planea perforar. Además, aparece un tercer personaje, Henry (Kevin J. O’Connor) que confirmará las sospechas de Plainview sobre su lucha constante frente a un mundo que quiere perjudicarle a través de la mentira y la avaricia. Estamos dentro de la mente de un enfermo altamente peligroso. Un hombre cuya mirada está cargada de odio y violencia. La soledad como último refugio del antihéroe. Un personaje que solo puede ocuparse de sí mismo y tiene la capacidad para utilizar los ataques del enemigo en su favor. Paul Dano y Day-Lewis protagonizan durante gran parte de la película una batalla tan real que provocó que el actor inicialmente elegido para el papel de Eli Sunday tuviera que ser remplazado por Dano (que en principio solo interpretaba el papel de Paul Sunday) debido al temor que provocaba en él que Day-Lewis nunca abandonara el personaje durante el rodaje de la película. El combate entre dos actores maravillosos, dos personajes sedientos de sangre, dinero y poder, dos tipos ególatras y manipuladores, astutos y vengativos alcanza un climax que permanecerá entre las escenas más recordadas del cine contemporáneo.

Además de por las excelentes interpretaciones,There Will Be Blood puede ser considerada como una obra maestra por poseer una atmósfera indescriptible que solo pueden recrear los más grandes. La banda sonora de Jonny Greenwood (miembro de Radiohead y colaborador habitual de P.T. Anderson) es simplemente una parte inherente de la película. Un sonido triste y por momentos terrorífico que hacen de la colaboración entre el músico y el cineasta un ejemplo de armonía perfecta. La fotografía (reconocida con un Oscar) de Robert Elswit captura la amplitud de los paisajes americanos y su desolación. Todos estos elementos ayudan a construir un escenario de polvo, sangre, ruinas y petróleo. Una película inquietante y perturbadora. La historia de un hombre que se hizo a sí mismo, se enriqueció y cumpliendo todos sus objetivos se retiró a vivir en las sombras para toda la eternidad después de devorarse a sí mismo.