El blockbuster con alma

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Crítica

El amanecer del planeta de los simios (2014), de Matt Reeves

Por Pablo Álvarez

Habitualmente el blockbuster veraniego ha sido mirado con desdén por parte de la crítica y el público más elitista y prejuicioso, considerándolo como un producto vacío de contenido. No obstante, de vez en cuando llegan a la cartelera muestras claras de que este tipo de cintas son capaces de conjugar un  gran espectáculo con el discurso profundo y la reflexión socio-política. El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011), supuso un buen ejemplo de esto y ahora nos llega su continuación, repitiendo un esquema similar pero mucho más ambicioso en todos los aspectos.

Tras el vírus que asoló el planeta dejando a la población humana diezmada, los simios liderados por César se han organizado en una comunidad, en la que conviven en armonía. Sin embargo, el encuentro con un grupo de humanos supervivientes pronto desembocará en una inevitable guerra entre ambas especies.

Matt Reeves (Monstruoso) es el encargado de tomar las riendas del proyecto, manteniendo la continuidad de la historia, a la vez que consigue dotarlo de una entidad propia que queda marcada desde su comienzo, tan arriesgado como valiente, y que remite a En busca del fuego de Annaud. Esto supone toda una declaración de intenciones, que establece desde el principio a los simios como verdaderos protagonistas del film, relegando a los humanos a un segundo plano. No obstante, el director evita caer en el parcialismo sin llegar a establecer una distinción entre buenos y malos, optando por mostrar a una serie de personajes con ideas y metas distintas, cuya falta de comprensión y afán por sobrevivir les conduce al enfrentamiento. Con esta base construye una trama antibelicista, en la que se explora el germen del odio que surge previamente a cualquier conflicto y la búsqueda de la paz como única esperanza. El  film ofrece toda la épica y la espectacularidad que podría esperarse de una producción de este tipo, incluyendo una gran carga dramática tanto en las escenas más reposadas como en las secuencias de acción. Reeves no escatima a la hora de mostrar la crudeza de la guerra y resulta imposible contemplar determinadas imágenes sin establecer un paralelismo con las de otros conflictos reales recientes.

La indiscutible calidad visual que presenta el film podría haberse quedado en una simple demostración técnica en manos de otro director, pero afortunadamente Reeves utiliza estos recursos al servicio de la historia. La admirable labor llevada a cabo por los técnicos de Weta Digital consigue que la interpretación de los personajes creados mediante motion capture resulte tan convincente como la de aquellos de carne y hueso. El actor Andy Serkis, adalid de la técnica por méritos propios, vuelve a mostrarse como una suerte de Lon Chaney de la era digital y presta sus movimientos y su voz a un César capaz de transmitir todo un cúmulo de emociones con una simple mirada. Del mismo modo, Toby Kebbell resulta memorable en su papel de Koba, dotándolo de igual carisma y profundidad. La parte humana está representada por un correcto Jason Clarke, que comparte junto a Serkis algunas de las mejores escenas del film, una Keri Russell eficiente pero sin mucho que hacer y el siempre excelente Gary Oldman, que consigue sacar oro de cada una de sus apariciones, por breves que estas sean.

El amanecer del planeta de los simios resulta una muestra magistral de cine de aventuras con mensaje.  Una secuela que potencia las virtudes de su predecesora, del mismo modo que lo hicieron otros títulos tan emblemáticos como Terminator 2 o El caballero oscuro. Pero lo más importante, aunque no deje de resultar irónico, es que, de los filmes que se han estrenado últimamente, sea uno protagonizado por simios el que mejor refleje la condición humana .