El bicho que no se ríe

Godzilla2

Crítica

Godzilla (2014), de Gareth Edwards

Por Claudia Lorenzo

La Godzilla de Roland Emmerich tiene el honor de ser la primera película que vi en el cine en la que me dormí. Así que el listón que tenía que superar Gareth Edwards era bastante bajo. No obstante, en la segunda mitad de la entrega más reciente me encontré cerrando los ojos – evité la tentación- y, a la vez, preguntándome cómo era posible que me entrase algo de sopor viendo uno de los blockbusters del año, uno lleno de acción y ruidos.

En verdad el problema de Godzilla fueron las críticas norteamericanas, esas que nos comieron la cabeza una vez levantado el embargo en Estados Unidos, esas que decían que era la película del verano, que era una atracción digna de la mejor feria, que Gareth Edwards, aquel que se había sacado con éxito de la manga la indie Monsters, había demostrado que sabía tratar con monstruos de verdad. Ay, qué daño hacen las expectativas.

Tras unos maravillosos títulos de crédito en los que vemos material de archivo de varios científicos intentando aniquilar a un gigantesco ser que vive en el océano – básicamente el bicho del título- estamos en Filipinas, 1999, en donde el doctor Serizawa (Ken Watanabe) y su ayudante Vivienne Graham (Sally Hawkins) descubren los restos fósiles de una criatura desconocida. A la vez, en una central nuclear en la que trabajan Joe (Bryan Cranston) y Sandra Brody (Juliette Binoche) comienzan a sentirse temblores terrestres que siguen un patrón ordenado y que no se sabe en qué desembocarán. Accidente nuclear y tragedia familiar al canto. Quince años después nos encontramos a Ford Brody (Aaron Taylor-Johnson), hijo de la pareja y soldado que vuelve a casa a reunirse con su mujer Elle Brody (Elizabeth Olsen). La tranquilidad dura poco porque Ford tiene que volar inmediatamente a Japón y sacar a su padre de la cárcel, porque ha sido detenido intentando colarse en la zona de contaminación nuclear que solía ser su barrio. Obviamente, Joe cree que lo que el gobierno denominó accidente por desastre natural no era tal, sino algo mucho peor y secreto. El resto es de imaginar: no hay terremotos sino bichos feos que intentan acabar con la humanidad – a pesar del egocentrismo de un “America under attack” que da risa-, una bestia más grande y fea que se supone que va a ayudarnos pero que no sabemos cómo controlar, militares que parece que no han visto una peli en su vida porque siguen empeñados en solucionarlo todo a golpe de bombas y tiros – y sabemos perfectamente que eso nunca funciona- y cero bromas.

Lo de las bromas lo menciono porque no sé si la Marvel y Joss Whedon nos han malacostumbrado, pero en un filme en el que todo, absolutamente todo, se rompe debido a bichos grandes y feos, de vez en cuando conviene que alguien se haga cargo de lo absurdo de la situación y suelte alguna gracia. Quiero decir, Aliens era muy seria pero Bill Paxton siempre estará en nuestra memoria por algo…

Godzilla, lo que viene siendo el monstruo, hace una aparición bastante tardía y mientras tanto la película intenta convencernos de que la historia a lo grande nace de una historia pequeña, que importa, la de un padre y un hijo que se enfrentaron a la tragedia en el pasado y que aún no la han superado. También tenemos la trama del científico que no quiere destruir, sino proteger. Y la del general que tiene dudas sobre cómo actuar ante algo tan imprevisible. Personalmente, toda esta gente me da un poco igual. Bryan Cranston es un actorazo que logra hacer sentir el dolor que le atraviesa, pero en el momento en el que la película decide seguir a Taylor-Johnson el interés decae ostensiblemente. Aunque un actor solvente en algunos casos, Taylor-Johnson carece de la presencia necesaria para echarse este filme a la espalda. Le falta carisma, convicción y, sobre todo, le falta algo de humor.

Quien suele tener carisma, convicción, y capacidad para echarse una película entera a la espalda es Elizabeth Olsen, una actriz maravillosa descubierta en Martha Marcy May Marlene (2011) que aquí tiene el mismo problema que tuvo en la Luces rojas de Rodrigo Cortés, un personaje plano, que no hace nada más que llorar y pedirle a su marido que vuelva a rescatarla, y que desaprovecha descaradamente a la actriz.

Y ésa es otra gran pega que ponerle a este Godzilla. Los personajes femeninos, que son tres, no sirven para nada, no hacen nada, y el único impacto que tienen en la narración es con el cameo de Juliette Binoche – y luego hablan de Judi Dench en Shakespeare enamorado-. Elizabeth Olsen es una gran actriz. La Binoche es una diosa. Y Sally Hawkins es maravillosa con personajes a los que les pueda sacar jugo. ¿Hubiese sido demasiado arriesgado encargarle a alguna de ellas hacer algo? Porque la asistente del científico podría perfectamente no existir y la historia no cambiaría. Incluso la mujer de Brody podría no existir, porque tampoco es que sirva para mucho (que el protagonista militar se llame Brody es tremendamente confuso para los seriéfilos) ni que él en verdad le haga algún caso. Tras los éxitos de Los juegos del hambre, Divergente o incluso Capitán América: el Soldado de Invierno, en donde la Viuda Negra se revela como un grandísimo personaje, Godzilla nos devuelve a la edad de piedra, pre-Parque Jurásico y pre-James Cameron, en la que las mujeres en el género de acción no servían para nada más que para ser rescatadas. Incluso la enfermera interpretada por Kate Beckinsale en el churro de Pearl Harbor tenía más capacidad de decisión.

Godzilla es una oportunidad perdida que empieza mucho mejor de lo que acaba y que podía haber resultado más interesante y, sobre todo, divertida. Para eso Dios y Spielberg crearon los blockbusters del verano. De momento, esperaremos el reencuentro de Olsen y Taylor-Johnson en Los Vengadores 2 el año que viene. Porque siempre nos quedará Whedon.