Diversión de la de siempre

"Much Ado about Nothing"

Crítica

“Mucho ruido y pocas nueces” (2012), de Joss Whedon

Por Claudia Lorenzo

Al César lo que es del César y a William lo que es de Shakespeare. Que Joss Whedon nos caiga bien hasta a los no frikis tiene mucho que ver con su defensa del papel de la mujer en el cine, su capacidad narrativa o su voluntad de trabajar en trescientos proyectos a la vez. Pero también tiene mucho que decir al respecto el que, en medio de la postproducción de un monstruo como “Los Vengadores”, decidiese juntar a un puñado de amigos en una casa para rodar una película megaindependiente, en blanco y negro, y con humor del bueno. Aunque, como digo, Joss Whedon nos pueda parecer majísimo a todos, el gran punto de esta nueva adaptación de “Mucho ruido y pocas nueces” sigue siendo el diálogo. Y eso, señores, se debe al Maestro inglés.

La historia de la obra es conocida. A una villa italiana regresan un caballero (Don Pedro), sus dos hombres de confianza (Claudio y Benedicto) y toda su tropa de batalla, incluyendo al hermano bastardo. El dueño de la villa, Leoncio, los recibe con orgullo y les presenta a su familia. Entre ellos, a su hija Hero y a su sobrina Beatriz. Claudio se enamora de Hero en el momento en el que ella se enamora de él, es decir, a primera vista. Benedicto y Beatriz, los dos de lengua afilada y sarcasmo a flor de piel, juran y perjuran que se odian tanto como juran y perjuran que odian la idea de casarse. Mientras el enlace de Claudio y Hero se prepara (aquí el que no corre, vuela), los invitados y familiares, aburridos, idean un plan para que Benedicto y Beatriz se enamoren. Las escenas en las que lo llevan a cabo son descacharrantes en el papel y en cualquier escenario o pantalla que tenga unos actores adecuados para llevarlas a buen puerto.

Hace veinte años fue Kenneth Branagh (curiosamente director de “Thor”, otro personaje de “Los Vengadores” de la Marvel) quien llevó esta obra a la pantalla con él mismo y Emma Thompson interpretando a Benedicto y Beatriz. Espero que recuerden que durante una época Branagh, muy al estilo de Laurence Olivier, se dedicó a adaptar a Shakespeare como quien hace churros. “Mucho ruido y pocas nueces” (1993) la verdad es que le salió bordada, y teniendo en cuenta que la acción se sitúa en una única localización, igual que la pieza teatral o la nueva de Whedon, resulta complicado no tenerla, de alguna forma, en la cabeza al ver la nueva.

En el caso que nos ocupa, sin embargo, no estamos ni en una villa italiana ni tampoco en la época isabelina, pero sí en el hogar californiano de Whedon, literalmente. Aquí, discutiendo sobre si una doncella es virgen o no, nos encontramos en pleno siglo XXI, con sus teléfonos listos y todo. El diálogo, sin embargo, sigue siendo en verso, y suerte tiene el verso que se beneficia del humor y la ironía que se desprenden de cada conversación entre Beatriz y Benedicto con quien sea, incluso con ellos mismos. Porque aunque la historia de amor que parece que da sentido a todo sea la de Claudio y Hero, la jugosa de verdad es la de Beatriz y Benedicto, a quien dan vida respectivamente Amy Acker y Alexis Denisof. Ellos, como el resto, provienen del universo Whedoniano de “Buffy”, “Dollhouse”, “Firefly” y demás. Incluyendo a “Castle” haciendo el payaso como Dogberry.

Si bien es cierto que los mayores méritos de “Mucho ruido…” se deben al bardo, no hay que ignorar la energía de un todopoderoso de la industria hollywoodiense, que con esa ilusión de principiante (y con esa casa) decide rodar en 12 días una adaptación de Shakespeare en blanco y negro y tiempos modernos. También hay que destacar la actuación de Acker y Denisof, especialmente el tempo de éste último. La comedia física a la que recurre en varios momentos de la historia es una obra maestra. Leoncio, interpretado por Clark Gregg, otro clásico de “Los Vengadores”, se lo pasa bomba con su papel, y esa sensación la transmiten la mayoría de los miembros del elenco, lo cual hace que el espectador se divierta aún más.

¿Ha inventado Whedon la rueda con este proyecto? No, ni es el primer todopoderoso que decide hacer cine independiente (ahí está Coppola, aunque con bastante menos suerte) ni ha arriesgado con una historia original, sino que ha utilizado una maravillosa obra existente. Sin embargo, ¿nos ha hecho disfrutar con este nuevo proyecto? No cabe duda. Entre tanta película que suelta petrodólares allá por donde va, “Mucho ruido y pocas nueces” es un respiro de aire, tal vez no nuevo, pero sí fresco.