Dilema moral

Crítica

Miel (2014), de Valeria Golino

Por Rau García

Para introducirnos en el tema que plantea la película, un tabú social como lo ha sido hasta hace unos años el del aborto, que también se trata del derecho a decidir libremente sobre nuestro cuerpo, es mejor que primero conozcamos de qué trata. Irene (papel que encarna Jasmine Trinca) se dedica a suministrar a enfermos terminales un liquido venenoso que acabará con sus vidas de forma rápida e indolora, tal y cómo han solicitado previamente por voluntad propia (suicidio asistido). No es médico, ni voluntaria en una asociación a favor de la eutanasia y la muerte digna. Lo hace como un trabajo por el que recibe un dinero a cambio. Su modus operandi es frío, estrictamente “profesional”, quizá para tomar distancia y no conocer demasiados detalles íntimos de sus clientes que le hagan sentir cierto afecto por ellos, lo que haría aún más difícil su función. De hecho, emplea un nombre falso para que su implicación sea impersonal, un seudónimo dulce, “Miel”, el sabor contrario al del liquido que suministra. Simplemente les explica cuidadosamente el procedimiento y les prepara la dosis (que tendrán que ingerir ellos solos, sin ayuda, aunque no siempre es posible), les pregunta en varias ocasiones si están seguros de la decisión que han tomado y les recuerda que están a tiempo de cambiar de idea, y les pide (va incluido en el precio) un deseo que ella pueda materializar, como una última cena o poner una canción especial para despedirse de este mundo escuchándola.

La historia transcurre en Italia, país muy influenciado por el Vaticano y la impronta católica, como afirma la directora, donde es ilegal esta práctica, igual que en otros tantos países de valores conservadores como aún los hay en España, por poner un ejemplo cercano (sólo es legal en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Australia y algunos estados de EE.UU). Por eso lo hace de forma clandestina en casa de los propios enfermos. Es un empleado de un hospital el que pone a Irene y a su novio, que es quien organiza este negocio, en contacto con sus clientes, pues aunque no se pueda reconocer por el peso de las leyes vigentes y las consecuencias penales que supondría incumplirlas, hay médicos solidarizados con sus pacientes que les ayudan cuando, efectivamente, su vida no es vivida como tal, sino como un sufrimiento físico y mental insoportable, que no siempre es aparentemente visible a ojos ajenos.

El dilema viene cuando se le presenta a Irene un caso especial, el de un ingeniero, el señor Grimaldi (interpretado por Carlo Cecchi), que a sus 70 años está en estupenda forma física, pero sumido en una profunda depresión, aunque no se le note, que le hace estar desencantado de la vida y desear morir, por motivos que desconocemos. Cuando Irene lo descubre se niega a seguir adelante, porque no entra dentro de sus principios éticos. El señor Grimaldi argumenta que tiene el mismo derecho a morir que un enfermo terminal, lo que ocurre es que su enfermedad es invisible: la enfermedad del alma. El espectador, igual que Irene, intentará comprender al ingeniero, pero su sonrisa, su sentido del humor y su aparente paz interior, caparazón que esconde lo que verdaderamente siente, nos desorientará en el dilema que nos plantea este personaje con el que es fácil sentir empatía (por eso, como Irene, queremos aliviar su dolor, salvándole). En este sentido, la película hace una puntualización necesaria, pues Irene está de acuerdo en ayudar a morir a enfermos terminales, pero no acepta ser cómplice de cualquier persona que se vea abocada al suicidio en un momento complicado de su vida.

Libero de Rienzo como "Rocco" y Jasmine Trinca como "Irene/Miel"

Libero de Rienzo como “Rocco” y Jasmine Trinca como “Irene/Miel”

El eficaz veneno que Irene suministra a sus clientes, que compra en una farmacia de México, es en realidad una especie de anestesia para calmar a perros, pero es letal para los humanos si se consume en grandes cantidades. Este detalle me hizo reflexionar sobre lo siguiente: cuando un animal sufre y es muy difícil (muy caro) o imposible hacer que se recupere, se le sacrifica (como el animal no puede decidir sobre su porvenir, hay que basarse en el diagnóstico de su salud física), lo que está aceptado por la sociedad en general y contemplado por la ley, pero cuando un ser humano está en la misma situación o parecida entonces es distinto. El valor de la vida es diferente según qué seres vivos. Este valor es asignado por el ser humano.

“Vaya trabajo de mierda que tienes”, le dice un familiar de un enfermo a Irene, que no da importancia a estas palabras, pues parece preparada y comprende que pasen estas cosas en este difícil contexto, no solamente para los enfermos, también para sus seres queridos. Pero Irene, una mujer joven, independiente y de carácter (como la directora de la película), tiene la necesidad de evadirse de su trabajo, que le hace daño trastocándole emocionalmente, aunque ella es fuerte, así que hace deporte, sale de fiesta, cocina, tiene relaciones sexuales… vive.

Valeria Golino

Miel, un guión basado en la novela “A nome tuo” de Mauro Covacich, es el debut cinematográfico en la dirección de la napolitana Valeria Golino. Cómo actriz tiene una extensa carrera habiendo trabajado en películas tan dispares como Rain man (1988), de Barry Levinson, Hot Shots! (1991), de Jim Abrahams, Leaving Las Vegas (1995), de Mike Figgis, o Frida (2002), de Julie Taymor.

Algunos de los directores que ya abordaron este tema, desde diferentes perspectivas y dándole mayor o menor protagonismo, fueron Wolfang Liebeneier en Yo acuso (1941), Cecil B. DeMille en El mayor espectáculo del mundo (1952), Dalton Trumbo en Johnny cogió su fusil (1971), John Badman en Mi vida es mía (1981), Paul Wendkos en la TV movie Derecho a morir (1987), Anthony Minghella en El paciente inglés (1996), Carl Franklin en Cosas que importan (1998), Al límite (1999), Clint Eastwood en Million Dollar Baby, Alejandro Amenábar en Mar adentro (2004) o Michael Haneke en Amor (2012). Anochece en la India, de Chema Rodriguez, cuyo estreno coincide con ésta, también lo hace. Una película de tono, ritmo y atmósfera parecidas a las recientes La herida, de Fernando Franco, o a Oslo, 31 de agosto, de Joachim Trier. Miel es una película sobre la vida, pero también es una historia de amistad. Agridulce.

Os invito a leer esta entrevista del periodista Emilio de Benito, de El País, sobre la lucha contra el sistema español que llevó a cabo José Luis Sagüés por conseguir una sedación terminal. En ella transmite su visión sobre la vida y su actitud ante la muerte. Toda una lección.

Para más información sobre el tema: www.eutanasia.ws