Cultura en tiempos de crisis

Paula Cancio | Madrid

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.La crisis es la mayor bendición que puede ocurrirle a personas y países, porque la crisis trae progresos.La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura.Es en la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’.Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones.Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. Albert Einstein

Este verano pasé un mes y medio en Buenos Aires -paraíso para cualquier actor-, y una de las cosas que más me llamó la atención fue el ambiente de creatividad constante que se respiraba. Es de sobra conocida la situación de eterna crisis en la que vive Argentina, pero no por ello dejan de hacerse cada noche, sólo en Buenos Aires  capital, más de 600 espectáculos. Las imágenes turísticas de la gran urbe porteña muestran a la avenida Corrientes, como la calle de los teatros más grandes del mundo y, aunque en ella conviven los espectáculos más comerciales -de gran nivel la mayoría de ellos-, hay una extensísima red de salas barriales de las que se nutre toda la ciudad. Esto sucede porque para los argentinos el teatro no es sólo un artículo de ocio sino un bien cultural de enorme importancia. Lo mismo podemos verlo en su cine. ¿Por qué nos gustan tanto las películas argentinas? ¿Por la cantidad de efectos especiales que tienen? ¿Por sus facturas millonarias?

No, nos gustan porque nos cuentan historias que nos atrapan y por la calidad de sus intérpretes, que saben transmitir emociones como nadie. Esto es una prueba más de que la creatividad, el saber hacer y las iniciativas no tienen que ir inherentemente unidas a grandes presupuestos.

En tiempos de crisis, mientras nos ilusionamos con que lleguen épocas de bonanza, debemos estar más activos que nunca, tratando de encontrar nuevos métodos para crear y levantar proyectos interesantes, que ilusionen a profesionales y público. En España ya empiezan a aparecer algunos representantes de esta nueva forma de hacer, por ejemplo, Paco León con “Carmina o Revienta”, donde introdujo una forma de distribución pionera, al sacarla al mismo tiempo en DVD, cines y por descarga legal, por entender que aunque es importante la parte del negocio que supone una película, también lo es el que llegue al mayor número de personas que deseen verla; o bien, las iniciativas -tras la falta de subvenciones y ayudas públicas-, de un sistema de cooperativa y mecenazgo o crowdfunding , para financiar los largometrajes “Cuento de Verano” de Rubén Ochandiano y Carlos Dorrego y “Alba” de Gonzalo Torres. Aunque los cambios no son fáciles, son posibles y necesarios. Como actriz, siento, que todos los que amamos el arte y nos dedicamos a él, debemos estar muy vivos y sentirnos responsables del desarrollo de nuestra cultura, porque ésta es progreso e identidad de un país. Ya lo dijo Rubén Blades, “un país sin cultura es un país sin alma”.