Conspiración en el instituto

Crítica

“Después de Lucía” (2012), de Michel Franco 

Por Claudia Lorenzo

Hace unos días me contaron la historia de una chica de, aparentemente buena vida, que había sido vejada indefinidas veces. Uno de esos asuntos que te ponen la piel de gallina y que, de horrorosos, parecen mentira. Mi primer pensamiento fue que los culpables de todo lo que le había pasado habían actuado con demasiada semejanza a lo que ocurre en “Después de Lucía”.

Hay historias y directores que te invitan a ir más allá, te torturan emocionalmente y, con tanto desgarro, o te atrapan o te pierden. A mí Lars Von Trier me perdió a los 20 minutos de comenzar “Bailar en la oscuridad” y aún no me ha vuelto a conquistar; sin embargo, quizá por bizarra, quizá por estúpida pero real o quizá porque era un análisis social más que un ejercicio de empatía, “Compliance” me mantuvo pendiente todo su metraje. “Después de Lucía”, una de esas historias de las que también quieres escapar e irte a ver un capítulo de “Friends”, prueba la capacidad del espectador por aguantar insulto tras insulto. Lo horroroso es que todo lo que le ocurre a una niña.

Alejandra y su padre, Roberto, se mudan a una nueva ciudad tras la muerte de la madre de familia, la Lucía del título. En principio, Alejandra se integra perfectamente en su nueva clase mientras soporta el dolor reprimido de su padre. Sin embargo, en una fiesta de adolescentes todo cambia, y Alejandra se convierte en el objeto de las burlas, insultos y cualquier tipo de bullying que sus compañeros decidan ejercer.

Igual que cuando vi el documental “Bully” (2011), tras “Después de Lucía” me preguntaba si estas cosas habría que proyectárselas a los chiquillos, tanto aquellos maltratados como los que maltratan, o a sus padres, que muchas veces no tienen ni idea de toda la dimensión de lo que está pasando. Porque el bullying, desde que yo correteaba por las aulas, parece haberse doctorado en maldad.

Escalofriante, “Después de Lucía” puede perder a parte de su público en su segunda mitad, horrorizados por todo lo que una persona alcanza a sufrir por un grupo de jóvenes. Los que se queden verán una caída a los infiernos, tal vez un tanto exagerada, tal vez proporcionada al dolor infligido. Tessa Ia, la joven actriz que interpreta a Alejandra, hace un gran papel, contenido pero constantemente presente, y sujeta la película entera en sus hombros. Verla sufrir nos rompe el corazón, y verla aguantar, zombie, para evitarle más problemas a su padre nos dan ganas de acogerla en casa.

A pesar de que no dé tregua, tal vez necesitemos historias que nos abran los ojos a todo lo que ocurre de vez en cuando. “Después de Lucía”, ganadora del premio Un Certain Regard en el último Cannes, y presente en el Atlántida Film Fest de Filmin, es de esas.