Concha Velasco, merecido elogio

Por Diego Galán

Suele decirse en España de un buen actor o actriz que si hubiese vivido en otro país su carrera hubiera sido mejor reconocida, su nombre sería siempre admirado y no estaría sujeto, como les pasa aquí, a vaivenes de modas o envidias. Se ha dicho de muchos. Y quizá en todos los casos con razón, ya que nuestro país es rácano en elogios y agradecimientos. Recuerdo haber visto en un teatro de Broadway a gente muy joven llorando de emoción porque en el escenario aún aparecía a sus noventa y pico años la legendaria Carol Channing interpretando, una vez más, su clásico Hello Dolly, y nos preguntábamos los españoles que allí nos encontrábamos qué figura equivalente, o mejor dicho, qué entusiasmo similar se produciría en España ante una actriz de esa edad, que obviamente cantaba ya poco y bailaba aún menos. Aquí, como mucho, sería motivo de risa, dijo alguien.

Poco a poco parece que las cosas van cambiando en algo, ya que ahora se aplaude con entusiasmo la aparición de Asunción Balaguer en el escenario, cantando y medio bailando con 87 años llenos de ilusión y energía, un número del musical Follies. Pero es la excepción. Lo habitual es que quienes fueron estrellas en el cine o el teatro pasen en vida al olvido, o incluso mueran en condiciones económicas miserables si no han podido mantenerse en activo por su estado físico o han sido relegadas al anonimato por los directores o empresarios de turno.

Habrá otras excepciones, no lo dudo, pero si hay una estrella incombustible, capaz de interpretar todos los géneros y en todos los medios, que no se ha bajado del candelero ni un segundo desde que comenzara su carrera teatral con menos de veinte años, con Manolo Caracol y luego con Celia Gámez, y la cinematográfica en pequeñísimos papeles incluso sin frase, como en La reina mora, allá por 1954, esa es Concha Velasco. Ha interpretado con enorme talento personajes de toda índole, ha presentado en televisión todo tipo de programas, ha grabado discos, compuesto recitales, interpretado musicales (Hello Dolly, como la Channing), ha sido icono de cierta juventud en los años sesenta –La chica yé yé–,  y también de movimientos sindicales como la huelga de actores de los setenta. Enérgica, rebelde y brava, Concha Velasco ha sorteado en su vida privada numerosos inconvenientes, cuando no auténticas tragedias, y se ha enfrentado a riesgos inconcebibles saliendo fortalecida de todos ellos con una sonrisa que en su rostro es ya seña de identidad.

No podemos sabemos qué hubiera sido de Concha Velasco de haber hecho su carrera en otro país donde sea más frecuente la admiración y el reconocimiento. Batalladora e infatigable, la Velasco sigue siendo un placer para nosotros, en vodeviles, clásicos dramáticos, musicales, anuncios, recitales… Siempre es sincera y apasionada, generosa y vital… De ahí que recibamos con un aplauso la decisión de la Unión de Actores de entregarle el premio «Toda una vida», que otras figuras de su talla han recibido en ocasiones anteriores (Asunción Balaguer, por ejemplo, en el 2011), aunque también eventualmente haya recaído en figuras de menor valía. Bravo por el gremio de actores en reconocer el talento inconmensurable de este genio del espectáculo llamado Concha Velasco, al que ella viene dedicando, efectivamente, toda su vida, algo por lo que le debemos estar siempre agradecidos. Aúpa, Concha.

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