Ciclo “25 años sin muro” en Café Kino

En noviembre, Café Kino ha preparado un ciclo que coincide, a propósito, con el último número de La Crítica, cuyo tema es el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín, que se cumple, y se celebra, el 9 de noviembre. De esta forma, el ciclo complementa a la revista, y viceversa. Una buena manera de ampliar información, no solo sobre las películas programadas, sino sobre el contexto histórico que abordan. Porque el cine, en este caso, es un excelente medio para conocer e imaginarnos cómo fue una etapa histórica, a veces mucho mejor que una clase normal de historia. Y si tuvimos la suerte o la desgracia de estar presentes en esa época, las películas nos permiten incluso revivirla.

El 13 de agosto de 1961 la capital alemana se despertaba dividida en dos, literalmente, de la noche a la mañana, por kilómetros de valla con alambre de espino, barricadas de pesados neumáticos y sacos de arena; una peligrosa línea vigilada por miles de militares armados, con el apoyo de tanques, perros policía y con diversas trampas en la conocida como “franja de la muerte”, para que a partir de ese momento nadie de la zona oriental pudiera cruzar al otro lado sin un permiso especial (muchos de los que lo intentaron sin él perdieron la vida o fueron gravemente heridos, o detenidos y enviados a prisión), lo que provocó, no solo la división física de la mitad de una ciudad que quedó atrapada, sino también de la división de muchas familias y vidas partidas en general (por el otro lado, el que daba a la Alemania oriental, tampoco se podía salir). Algo que afectó, no solo a sus habitantes, en primer lugar, y a Europa, sino al mundo entero, pues las superpotencias que se repartieron el mapa berlinés después de la Segunda Guerra Mundial (por un lado Estados Unidos, Inglaterra y Francia, por el otro la URSS) eran unos países antagónicos en lo político, social y económico, a lo que hay que sumarle las tensiones durante la Guerra Fría, palpable con el llamado “telón de acero” o “cortina de hierro”. Poco después levantaron el muro de hormigón, cada vez más alto y grueso y con partes electrificadas, se construyeron torres de vigilancia, trincheras, búnkers y fosas antivehículos, se instalaron alarmas, detectores subterráneos, etc. Oficialmente la República Democrática Alemana (RDA), situada en el lado este, bloque soviético/comunista, lo denominó, para justificarlo de algún modo: “Muro de Protección Antifascista”, que le separaba de la República Federal Alemana (RFA), el lado oeste/capitalista, el Berlín occidental. Y entre medias, la “tierra de nadie”.

Todavía tienen que caer muchos muros, algunos invisibles, para que el mundo viva en armonía, y aunque suene imposible, nos oponemos a que esto sea una utopía. En Café Kino y en La Crítica damos algunas claves para luchar contra ello. ¡Damas y caballeros, pasen y acomódense para entretenerse con este trocito de la historia contemporánea! Como trozo a trozo, a golpe de pica y de martillo, el 9 de noviembre de 1989 se derribó “el muro de la vergüenza” (que estuvo en pie durante 28 años) en una gran fiesta de reencuentros y reconciliaciones, con las que llegó la unificación de las dos Alemanias, entre otros avances, y con ella la libertad para sus habitantes.

Café Kino se asoma al muro de Berlín a través de diferentes formas: ficción, documental, drama, musical, aventura, espías, de manera crítica o con sentido del humor, por tierra, por aire, en color, en blanco y negro… Una buena oportunidad para hacerse una idea del panorama que se respiraba en este periodo y para entender mejor nuestro presente.

Además, al margen del ciclo, se podrá disfrutar de dos películas españolas: Paradiso (2013), de Omar A. Razzak, y Costa da Morte (2013), de Lois Patiño. Y del documental, también español, El mundo conmigo, de Rodolphe Hamel, ganador del premio al mejor cortometraje nacional en el Festival DocumentaMadrid 2012. Pincha en los carteles de abajo para ver el trailer.

Raúl, un hombre de 49 años que vive con su anciano padre, no puede tener una vida como los demás. Padece una enfermedad que interfiere en muchos aspectos de su vida diaria, pero tiene una pasión: el cine. El cine como vía de escape, pero también como medio para superar poco a poco su handicap, y como esperanza de poder alcanzar una vida lo más normal posible.

El director es educador social del Equipo de Apoyo Sociocomunitario del servicio de Salud Mental de un hospital madrileño. Este equipo tiene como objetivo la atención integral de los pacientes con enfermedades mentales y el seguimiento de las mismas. Por supuesto, cuenta con la plena autorización del paciente para su filmación y difusión. Recoge también parte del trabajo de ayuda que realizan con él los profesionales del Programa de Continuidad de Cuidados y Atención al Paciente Crónico. Con la ayuda de Rodolphe, se va a enfrentar a una etapa dramática de su vida, de cambios y retos.

“En un entrar del hombre en el paisaje y del paisaje en el hombre se creó la vida eterna de Galicia” – Castelao

La Costa da Morte es una región de Galicia que fue considerada el fin del mundo durante el Imperio Romano. Su dramático nombre proviene de los numerosos naufragios que han sucedido a lo largo de historia en esta zona de rocas, nieblas y temporales. Atravesamos esta tierra observando a las personas que la habitan: pescadores, mariscadores, madereros…

Somos testigos del trabajo que realizan, que les lleva a mantener, a la vez, una relación íntima y una batalla con la inmensidad del territorio. El viento, la piedra, el mar, el fuego, son personajes en este filme, y a través de ellos nos acercamos al misterio que supone el paisaje, entendido como una unidad junto al hombre, la historia y el mito.

El cine Duque de Alba es la última sala “X” que queda a día de hoy en Madrid. Rafael, el proyeccionista, trabaja a diario para hacer del local un sitio diferente.

Deja un comentario