Casino. Una de las nuestras

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Crítica

Casino (1995), de Martin Scorsese

Por Raúl C. Cancio Fernández 

Ace Rothstein (Robert de Niro): [voz en off] In the casino, the cardinal rule is to keep them playing and to keep them coming back. The longer they play, the more they lose, and in the end, we get it all.

El problema de Casino fue Godfellas. Y el problema de Scorsese se llama  Marty Scorsese.

Desde su estreno en 1995, Casino tuvo que enfrentarse a la insoportable sombra  de un film que cambió para siempre el modo de narrar y de ver cine de gánsteres. Godfellas fue a las mob movies lo que The Sopranos a la televisión; comparación que el propio Scorsese se encargó de estimular al proyectar sobre Las Vegas una suerte de secuela moral de lo narrado en las calles de Queens cinco años antes. Nicholas Pileggi como autor de los libros sobre los que se basaron ambos films;  Robert de Niro y Joe Pesci interpretando a perfiles simétricos en una y otra cinta; modelos narrativos sostenidos en análogas voces en off; insuperada empastación de cine y banda sonora original o, finalmente, profesionales vertebradores de la tensión de ambos largos, como Thelma Schoonmaker en la edición, Barbara de Fina en la producción o Ellen Lewis en la selección de roles. Y Saul Bass. Y Martin Scorsese, claro. A finales de los setenta, y tras filmar Mean Streets, Taxi Driver o Ringing Bull, se dijo, tras The King of Comedy, After Hours, o incluso The Color of the Money, que los mejores años de Scorsese habían pasado. Luego vino Godfellas, The Age of the Inocent, y Casino, y se reescribió la esquela cinematográfica de Marty. Nueva resurrección en 2002 con Gangs of New York, el canto del cisne del italoamericano profetizaron. Pues no, The Departed, Shutter Island, Boardwalk Empire le acreditan como el verdadero genio de los movie brats –Lucas, Spielberg, Coppola y de Palma- y ya, cuando parece plácidamente retirado y disfrutando del mundo digital… zas! nos explota en la cara The Wolf of Wall Street.

Por tanto, resultaba inevitable que el espectador y el crítico, a la hora de valorar Casino, lo hiciera de manera vicaria con respecto a la obra maestra de 1990. Y en esa comparación, la historia de Ace Rothstein, salió –incomprensiblemente- perdiendo. Y digo incomprensiblemente porque todo lo sublime de Godfellas no hace sino desarrollarse en Casino de manera exponencial, en una orgiástica explosión de talento, virtuosismo,  ritmo, capacidades técnicas, y potencias visuales que no se han vuelto a ver en una sala de cine hasta… The Wolf of Wall Street.

A la estructura tradicional del cine mafioso desde los años 30, el clásico Rise and Fall de ambos films, Casino añade además, en un contexto radicalmente incongruente – muy en la línea de los montajes operísticos de un Bieitio o de un Mortier – el drama clásico shakesperiano merced a ese triángulo superlativamente creado por Pesci, Stone y de Niro – para mi gusto su última película como actor, desde entonces no ha dejado de autoparodiarse -, que describe de manera sublime lo que en verdad importa en esta vida: amor, sexo, dinero, familia, lealtad, degradación, violencia y muerte. Y todo ello, en un lugar único e icónico. Las Vegas. Un pedazo de desierto convertido en Babilonia por un personaje real tan excesivo, violento y psicótico como Nicky Santoro. En efecto, Bugsy Siegel creció, vivió, gozó y murió exactamente igual que el inestable personaje interpretado por Joe Pesci. Bueno, exactamente no. Siegel fue abatido por más de veinte impactos de carabina M1 en su domicilio de Beverly Hills y  Anthony Spilotro –el verdadero nombre del  mafioso al que dio vida Pesci- ya sabemos todos como murió… por cierto, Pesci, al ser lanzado a la fosa donde estaba su hermano en la terrorífica secuencia, se rompió una costilla de verdad.

En Casino todo es excesivo. Un millón de dólares para el imposible vestuario que lucen de Niro y Stone; 435 veces se pronuncia «fuck» por 321 en Godfellas; a Rothstein/Rosenthal le salva la vida el fondo chapado de un descomunal Cadillac Eldorado Biarritz V8-6-4; la secuencia del torno que impidió el estreno de  la cinta en Suecia…pero sobre todo, hay un exceso brutal de talento de un director, capaz de dirigir simultáneamente varias pistas de un circo donde sin embargo,  todo fluye armoniosamente, sin fragmentarse, a pesar de la endiablada concurrencia de tramas y planos narrativos.

Sí, en efecto, Casino no puede entenderse sin Godfellas, pero tampoco sin The Age…, trilogía magistral con un tema recurrente en la filmografía de Scorsese, los inconcebibles collages histórico-sociales de la América de ayer y de hoy, que hacen de Scorsese el legítimo continuador del Gran Relato norteamericano de Fitzgerald, Faulkner, Fante, Roth o Ford. ¡El Nobel para Marty ya!