Canciones para pobres

Pennies from Heaven (1981) de Herbert Ross

Por Ms.Lindo

Creo que esta película es una perfecta recomendación para el verano. Y para el otoño. Y para el invierno. Ah, también para la primavera. Yo no la veo tanto como querría, me la dosifico, porque deseo que se me olvide un poco, y dejo pasar un año (o así) para luego sentarme una noche frente al televisor con una cena deliciosa  y disfrutarla con gran expectación: como si estuviera ante el acontecimiento cinematográfico del año.

Pennies from Heaven (Dinero caído del cielo) tiene nombre de canción antigua porque las viejas melodías de los años 30 ilustran esta historia que transcurre en los años terribles de la Gran Depresión. Yo no sabía lo que me iba a encontrar cuando la vi por vez primera hará unos siete años, pero desde el momento en que el actor Steve Martin, a los pocos minutos de comenzar la historia, hace un extraño play back dando vida a la voz de una cantante me quedé fascinada. Fascinada. No me gusta demasiado ese adjetivo porque hoy en día se usa para cualquier cosa y está completamente abaratado, pero juro que lo estoy utilizando en su sentido literal: me produjo y me produce fascinación. La luz, las canciones, la sordidez final de la historia, el humor, un humor negro que te deja una sonrisa de hielo dibujada en la cara. Y los números musicales: Christopher Walken protagoniza uno de las más trepidantes escenas de baile que he visto en el cine.

Steve Martin, el protagonista, interpreta a un vendedor de partituras que sufre como todo el país el azote de la crisis económica. Es un pobre vividor, un hombre frustrado, un mentiroso; casado con una mujer puritana busca consuelo en los brazos de un rubia. Lo sé. Casi todos los argumentos parecen tópicos cuando se cuentan en dos líneas, pero les aseguro que esta es el musical más original que he visto nunca. Fue dirigida por Herbert Ross en 1981 y, aunque los espectadores la despreciaron, el tiempo la ha convertido en eso que llaman antipáticamente “película de culto”. Espero que la expresión no eche a nadie para atrás. “Pennies from Heaven” está en la onda de “Luna de Papel” o de “Bonnie and Clyde”. Historias de pobres, de miseria, de supervivientes.

Ojalá que algún día pueda verla en pantalla grande. En un cine de verano, por ejemplo. O en un cine de otoño, o de invierno… ¡de primavera! Quisiera verla en el tamaño que esta película se merece, porque en sí misma es grande, muy grande.