Antoñita Colomé

El mismo año que el gobierno revolucionario chino proclamaba la República, obligando a abdicar al último emperador de Bertolucci y los Balcanes sufrían la primera guerra, en plena Puerta del Sol de Madrid moría asesinado Canalejas y en Sevilla nacía la actriz Antoñita Colomé. Era el 28 de febrero de 1912.

 Antoñita Colomé en Tercio de quites (1951)

Antoñita Colomé en el centenario de su nacimiento

Por Miguel Olid

Antoñita Colomé fue hija única y desde su nacimiento llevó sangre de artista en sus venas porque su padre era un gran aficionado al flamenco. Por eso, Colomé se crío oyendo a su padre cantar en casa, a la que acudían cantaores, aficionados y diversos artistas. Este ambiente propició que desde muy pequeña exhibiera sus dotes para la música y el baile en el colegio. La muerte de su padre, cuando Antoñita Colomé apenas era una adolescente, permitió que pudiera dedicarse profesionalmente a la música y al cine, porque como ella misma recordaba, su padre no le habría dejado irse a Madrid a cantar o a Francia a rodar películas.

Se casó muy joven con Antonio García Matos, un bailarín que venía de una gira por América y cuyo nombre artístico era Antonio Triana, pero el matrimonio apenas duró un día. Abandonó su ciudad natal para instalarse en Madrid, donde su madre la matriculó en una academia de canto. En esta ciudad fue descubierta por Carlos San Martín, un cazatalentos de la Paramount, que buscaba artistas en Madrid para las versiones en español de las películas que esta compañía rodaba en los estudios de Joinville, muy cerca de París, en los inicios del cine sonoro. En Francia coincidió con otros actores como José Isbert, Rosita Díaz Gimeno, Roberto Rey, Miguel Ligero, Félix de Pomés e Imperio Argentina. Todos ellos se convertirían con el tiempo en algo más que compañeros de reparto, salvo Imperio Argentina, con la que años después tuvo un desencuentro profesional a propósito de la versión sonora que Benito Perojo iba a realizar de “La hermana San Sulpicio”, para la que quería contar con Antoñita Colomé.

En Joinville, donde también coincidió con Marlene Dietrich, rodó tres películas, una de ellas con Carlos Gardel (“Luces de Buenos Aires”, 1931). Dada su condición de mujer pizpireta,  se ganó muy pronto la simpatía de directores y productores; de hecho, uno de los responsables de la Paramount le propuso continuar su carrera en Hollywood, pero sorprendentemente rechazó la oferta.

Tras regresar a España comenzó a hacer revistas musicales y teatro hasta que el cine se volvió a cruzar en su vida. Protagonizó el cortometraje “El último día de Pompeyo” (1932), de Francisco Elías (con quien haría “Rataplán” poco después, en 1935) y se encontró con el director más decisivo en su carrera, Benito Perojo. La primera vez que trabajó a sus órdenes fue en “El hombre que se reía del amor” (1932), pero la película que impulsó definitivamente su carrera fue “El negro que tenía el alma blanca” (1934), que logró un gran éxito comercial en España, así como en Cuba y Argentina.

Otra de sus películas más populares fue “El bailarín y el trabajador” (1936) de Luis Marquina, estrenada poco antes de iniciarse la Guerra civil española. Durante la II República Antoñita Colomé figuraba entre las grandes estrellas de nuestra cinematografía junto a Rosita Díaz Gimeno, Roberto Rey, Angelillo, Ricardo Núñez, Miguel Ligero y Rafael Rivelles. Fue una época dorada del cine español, en la que Antoñita Colomé también rodó a las órdenes de un cineasta del talento de Edgar Neville en “El malvado Carabel” (1935) y “La señorita de Trevelez” (1936).El inicio de la Guerra civil le sorprendió en Cataluña, donde veraneaba precisamente con este mismo director. Durante la contienda estuvo residiendo en Barcelona y vivió de cerca los horrores de la guerra con los continuos bombardeos a la ciudad condal. Finalmente logró abandonar esta capital para instalarse en París, donde coincidió con Benito Perojo.

Entre 1936 y 1941 no rodó ningún filme pero a principios de la década de los años 40 la carrera artística de Antoñita Colomé vivió una segunda etapa de esplendor, con películas dirigidas, entre otros, por Benito Perojo una vez más (“Héroe a la fuerza” en 1941), Juan de Orduña (“El frente de los suspiros” en 1942), Eduardo García Maroto (“Mi fantástica esposa” en 1943) y José López Rubio (“El crimen de Pepe Conde” en 1946). En la segunda mitad de esa década comenzó el declive de su carrera como actriz que provocó su retirada del cine a partir de 1951 por una larga temporada. Inició entonces una gira por América, interpretando canciones de Quintero, León y Quiroga por diversos países americanos como Argentina, Colombia, Perú, Panamá y Chile.

Aunque se ha hablado mucho de su faceta folclórica, lo cierto es que Antoñita Colomé tenía un extraordinario don para interpretar no sólo comedias, género que se le daba especialmente bien, sino también papeles dramáticos como en “La rueda de la vida” (1942), donde aparecía caracterizada de joven y de anciana. Le encantaba hacer de andaluza pero en alguna ocasión tuvo que ocultar su acento, cuando no adoptar otro, como el de gallega en “Alalá” (1933) del alemán Adolf Trotz. En 1980 rechazó participar en “La viuda andaluza” de Francisco Betriu por no estar conforme con el guión y recibió un sentido homenaje en el Festival de cine de Sevilla.

Fue al concluir el acto cuando surgió la posibilidad de regresar al cine, treinta años después, con una película rodada en su ciudad natal, “Los alegres bribones” (1981), dirigida por Pancho Bautista. Finalmente, es en 1988 cuando participó en el que será su último largometraje, “Pasodoble”, de José Luis García Sánchez.

En febrero de 1997, coincidiendo con su 85 cumpleaños, recibió en Sevilla la medalla de oro de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España y un homenaje de la Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía, ASECAN. Precisamente, esta asociación creó ese mismo año el Premio Antoñita Colomé al mejor intérprete andaluz, que durante muchos años entregó la propia actriz, fallecida a finales de agosto de 2005.

Con motivo del centenario de su nacimiento se le rindió un homenaje en Triana, su barrio natal. El Instituto de la Cultura y de las Artes de Sevilla (ICAS) del Ayuntamiento de Sevilla organizó dos actos que tuvieron lugar durante la popular Velá a finales de julio de 2012. Uno de los participantes a la mesa redonda sobre Antoñita Colomé fue el citado cineasta Pancho Bautista, quien le realizó una larga entrevista en 1993, con la que acaba de realizar el documental titulado “Quiero ser artista”, primero de una serie de documentales con los que hará un recorrido por la vida y trayectoria profesional de esta entrañable y querida actriz.