Amparo Soler Leal

amparo soler leal

Obituario

LA COLECCIÓN NOOOOOOOOOO….!!!!!

Por Raúl C.Cancio Fernández

Ricardo Soriano Scholtz-Hermensdorff es uno de esos personajes absolutamente imprescindibles en cualquier cinematografía. Segundo marqués de Ivanrey, bon vivant, mujeriego, leído y viajado, su pasión por el cine le lleva a fundar en la década de los treinta su propia productora, alternando trabajos en Francia y España, en donde traba buena amistad con Edgar Neville y Manuel García Viñolas, quien una vez terminada la guerra civil, le encomienda la presidencia del Círculo Cinematográfico Español, el célebre CIRCE, ventana abierta a las vanguardias cinematográficas en el páramo cultural español de la primera posguerra. La asfixiante censura, junto con la aparición en 1945 del Círculo de Escritores Cinematográficos, férreamente tutelado desde el gobierno, llevaron a la desaparición del CIRCE, así como prácticamente también de la actividad cinematográfica de Soriano quien no tardó mucho en convertirse en el factótum de la Costa del Sol, convirtiendo el pequeño pueblo pesquero de Marbella, en la Cannes hispana, pudiendo tomarse un Martini en el Marbella Club junto a Kim Novak, Sofía Loren, Rock Hudson, María Callas o el Aga Khan. Cuenta la leyenda que el más preciado tesoro que guardaba Soriano era una colección de frasquitos de vidrio, perfectamente catalogados, en los que guardaba muestras de vello púbico perteneciente a cada una de sus conquistas…sí, en efecto, los mismos recipientes que Amparo Soler Leal, en su prodigiosa interpretación de Chus en La Escopeta Nacional (Berlanga, 1978), destrozó con saña ante su horrorizado suegro, el “rijoso, putero y garañón”  Marqués de Leguineche. La tribulación de Luis Escobar ante la violencia de su nuera tuerta y tarbucaire, fue un poco la congoja de todos los fetichistas, que sentíamos como nuestro el dolor de Luis Escobar viendo como se hacía añicos el esfuerzo de toda una vida de minuciosa poda.

Amparo Soler Leal, umbilicalmente unida al cine de Berlanga, desde Plácido (1961) hasta Paris Tombuctú (1999),  pasando por Tamaño natural (1974), La vaquilla (1985), Todos a la cárcel (1993) y, desde luego, su trilogía Nacional, ha trabajado a las ordenes de otros dos artistas superlativos como Buñuel o Fernán Gómez; icono del mejor cine almodovariano; primera opción siempre de Pilar Miró; del gusto de heterodoxos como Armiñán; asidua en la filmografía de la Tercera Vía de Drove y Bodegas; artesanos como Forqué la adoraban; conocedora del oficio con Regueiro, Sáenz de Heredia, Marquina o del Amo…en fin, un verdadero animal cinematográfico que, al salir del plató, se reunía en su domicilio con Adolfo Marsillach, primero, y con Alfredo Matas, después.

Sin embargo y aunque pueda parecer increíble con semejante hoja de servicios, esta mujer era sobre todo una actriz de teatro. Hija de los actores Salvador Soler Marí y Milagros Leal, a los quince años debuta con la obra No me mientas tanto, de Alfonso Paso, incorporándose a la compañía del Teatro María Guerrero y bajo dirección de…¡Luis Escobar! cosecha grandes éxitos como Historias de una casa o Prisión de soledad. Más adelante vendrían noches de gloria con Bobosse o George y Margaret, en el Windsor barcelonés de finales de los cincuenta. Tras la gira de La señorita Julia de 1974 se retira de las tablas durante casi veinte años, para volver a engancharse al veneno del teatro con Amanda, la brutal Celestina del Condal o El zoo de cristal en la lectura de Mario Gas.

Allá adonde vayan los que mueren, la inolvidable marquesa tuerta no va a sentirse sola ni mucho menos. La esperan Adolfo, Alfredo y la familia Leguineche casi al completo (Luis Escobar, José Luis López Vázquez, Luis Ciges, Agustín González, Rafael Alonso, Laly Soldevila, Mary Santpere); también andarán por allí Buñuel, Fernán Gómez y Berlanga…los que, de momento, aun estamos por aquí, la echaremos mucho de menos doña Amparo.

“¡Pero si son pelos de coño!”

Jaume Canivell (José Sazatornil)

La escopeta nacional (Berlanga, 1978)