Alta Films (1969 – ¿2013?)

alta classics

Opinión

Los clásicos, mis clásicos

Por Claudia Lorenzo

Me mudé a Madrid en el otoño de 2003 para estudiar Comunicación Audiovisual. Había visto ya “El hijo de la novia”, “Lugares comunes”, “Quiero ser como Beckham” (mucha gente aún cree que esta película es una superproducción), “El mismo amor, la misma lluvia” o “Bloody Sunday”, por mencionar algunas de mis favoritas, así que conocía Alta Films. Sin embargo fue “Noviembre”, probablemente porque la vi recién llegada a la capital, la que se quedó impresa en mi mente durante años y me marcó como sólo te marca algo que ves en un momento importante de tu vida.

A día de hoy, cada vez que escucho (o escuchaba) la musiquita de Alta Films antes de un largo, me acuerdo de esa casi veinteañera que se pateó los cines madrileños durante cuatro años viendo de todo, lo bueno, lo malo y lo regular. Así me encantaron “En la ciudad”, “Inconscientes”, “The Station Agent”, “Para que no me olvides”, “Omagh”, “Tú yo y todos los demás”, “Memorias de Queens” o “La vida de los otros”, todas ellas películas que forman parte de mí y que me enseñaron que el mundo en el que me había metido era, de verdad, mi mundo. Todas ellas distribuidas por Alta.

Claro que eran otros tiempos. Era socia del videoclub de detrás de mi casa, no había visto nada en streaming más que videos de Youtube y creía que el arte era el encargado de protestar ante cualquier conflicto. Soy de la generación que chilló junto a las “estrellas” del cine nacional “No a la guerra”, y de aquellos que creímos que el socialismo venía a cambiar las cosas. Podríamos decir que hemos vivido el desengaño, pero también la madurez y la capacidad autocrítica. Escribía la Revista Mongolia en su cuenta de Twitter, poco después de saberse la noticia de Alta y los múltiples cierres de sus cines, el siguiente mensaje: “O entendemos que el gratis total no funciona o nos vamos a la mierda.” Alguna gente protestó, quejándose de su visión, y ellos insistieron: “Siempre hemos estado en contra de la idea de la cultura gratis total. Queremos vivir de esto.” Ahora es cuando debemos ejercer la autocrítica.

El asunto de Alta Films ha sacado lo mejor de nosotros, los mensajes de condolencia, los apoyos, los amigos. Sin embargo, también debería hacernos pensar: ¿Qué hago yo porque el cine se mantenga en pie? ¿Cuánto pago y cuánto intento conseguir gratis? El problema de la distribución, el hecho de que en España sea más complicado acceder a determinadas películas (una de las excusas de la piratería), se verá acrecentado tras la desaparición de Alta, pero hay muchas, muchísimas plataformas digitales con una oferta inmensa y que no tienen tanta clientela como se merecen. Estoy pensando en Filmin y en lo mucho que trabajan por traernos un poco de todo, tanto un festival como el Atlántida Film Fest como las últimas entregas de “Crepúsculo”. Pensemos, no lo que el cine puede hacer por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por el cine.

Con Alta Films se irá un cachito de mi alma cinéfila, la más personal, aquella que también guarda todos los cines de Oviedo, hoy inexistentes, el Cid Campeador madrileño, el Tívoli o el Benlliure. El sonidito de Alta Films, como el olor a los libros antiguos, me seguirá recordando el hecho de que nuevos mundos y nuevas historias hasta ahora desconocidas están a punto de abrirse ante mí.

Ahora, más que nunca, sigan yendo al cine.