A vueltas con los clásicos

Helena Bonham Carter

Helena Bonham Carter

Crítica

Grandes Esperanzas (2012), de Mike Newell

Por Claudia Lorenzo

Desterremos para siempre esa frase que dice “el libro es mejor que la película” porque compara dos medios completamente diferentes que buscan llegar a su público a través de técnicas distintas. Dejando eso atrás, enfrentémonos a los hechos. “Grandes Esperanzas”, obra cumbre de Charles Dickens, romántica, triste, crítica con el sistema de clases cuenta la historia de Pip. Huérfano que conoce a Estella, hija de una solitaria mujer con el corazón roto, niña educada para no amar pero sí ser amada. Pip, hasta entonces contento con su estatus social, desea convertirse en un caballero merecedor de las atenciones de Estella.

Un misterioso benefactor le impulsa a ello cuando, ya adulto, recibe una gran cantidad de dinero para ser educado como un señor en Londres. Y allá que se embarca Pip, siempre enamorado de Estella, siempre buscando ser quien no es. Pip descubre mucho, demasiado, sobre el mundo que le rodea, también se encuentra a si mismo. Estella es el motor de todos sus cambios. En esta nueva adaptación a cargo de Mike Newell (“Cuatro bodas y un funeral”, “Donnie Brasco”, “Harry Potter y el cáliz de fuego”), la historia relega a un segundo plano los sentimientos (igual que hacía la adaptación de “Los Miserables”, carente de pausas), los cuales son necesarios para entender el viaje de su protagonista, a cargo de un solvente pero no convincente Jeremy Irvine (“War Horse”).

Su relación con Ralph Fiennes, impresionante como siempre (no se pierdan su debut como director en “Coriolano”), es, con su relación con su tío Joe (interpretado por Jason Flemyng) lo más bello de una película de época muy bien ambientada (nadie dirá que los británicos no saben cómo hacerlo). Helena Bonham Carter, haciendo ese papel que últimamente siempre interpreta, de señora excéntrica, es una magnífica Miss Havisham, y nos hace rezar porque algún “Club de la Lucha” o “Discurso del Rey” se vuelva a cruzar en su camino y la saque de ese encasillamiento al que también su marido, Tim Burton, ha contribuido.

En resumen, “Grandes Esperanzas” es una adaptación decente, que no encuentra totalmente su camino por relegar el medio cinematográfico a un segundo plano y que intenta incluir tantas tramas y tantos hechos en sus dos horas de duración que se olvida de cuidar la principal razón de ser de la historia, el amor de Pip por su Estella y, sobre todo, y más olvidado, el amor de Estella por Pip.